Categoría: Conferencias

25 noviembre Presentación Motu Propio «Evangelizar siempre y en todas partes»

PresentacionMotuPropioUbicumqueetSemper

Participantes:

* Exmo. Mons. Edgar Peña, Consejero de la Nunciatura Apostólica en México: Presentación del Motu Propio «Ubicumque et Semper» y del Dicasterio para la Nueva Evangelización.

* Pbro. Dr. Mario Ángel Flores, Director de Cultura de la Arquidiócesis de México, profesor del ISEE. Importancia para la presencia cultural de la Iglesia en la urbe contemporánea

* Sr. Lic. Roberto O’Farrill Corona, Caballero de la Orden de Malta, escritor y periodista. Nuevos medios para la evangelización.

* Lic. Alejandro Ruíz, profesor de la Maestría en Pastoral Urbana Nuevos métodos para la evangelización.

Jueves 25 de noviembre de 2010.

11:00-12:30 horas

Lugar: Auditorio del Seminario Conciliar de México, Victoria no. 133, centro de Tlalpan

Coordinación del Evento: Dr. Jesús Antonio Serrano, coordinador de la Maestría en Pastoral Urbana. info@pastoralurbana.info

CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE «MOTU PROPRIO»

UBICUMQUE ET SEMPER

DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI
CON LA CUAL SE INSTITUYE EL CONSEJO PONTIFICIO
PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

 

 

La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo. Él, el primer y supremo evangelizador, en el día de su ascensión al Padre, ordenó a los Apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28, 19-20). Fiel a este mandamiento, la Iglesia, pueblo adquirido por Dios para que proclame sus obras admirables (cf. 1 P 2, 9), desde el día de Pentecostés, en el que recibió como don el Espíritu Santo (cf. Hch 2, 1-4), nunca se ha cansado de dar a conocer a todo el mundo la belleza del Evangelio, anunciando a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, el mismo «ayer, hoy y siempre» (Hb 13, 8), que con su muerte y resurrección realizó la salvación, cumpliendo la antigua promesa. Por tanto, para la Iglesia la misión evangelizadora, continuación de la obra que quiso Jesús nuestro Señor, es necesaria e insustituible, expresión de su misma naturaleza.

Esta misión ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los lugares, las situaciones y los momentos históricos. En nuestro tiempo, uno de sus rasgos singulares ha sido afrontar el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha ido manifestando progresivamente en sociedades y culturas que desde hace siglos estaban impregnadas del Evangelio. Las transformaciones sociales a las que hemos asistido en las últimas décadas tienen causas complejas, que hunden sus raíces en tiempos lejanos, y han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. Pensemos en los gigantescos avances de la ciencia y de la técnica, en la ampliación de las posibilidades de vida y de los espacios de libertad individual, en los profundos cambios en campo económico, en el proceso de mezcla de etnias y culturas causado por fenómenos migratorios de masas, y en la creciente interdependencia entre los pueblos. Todo esto ha tenido consecuencias también para la dimensión religiosa de la vida del hombre. Y si, por un lado, la humanidad ha conocido beneficios innegables de esas transformaciones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de su esperanza (cf. 1 P 3, 15), por otro, se ha verificado una pérdida preocupante del sentido de lo sagrado, que incluso ha llegado a poner en tela de juicio los fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador y la comprensión común de las experiencias fundamentales del hombre como nacer, morir, vivir en una familia, y la referencia a una ley moral natural.

Aunque algunos hayan acogido todo ello como una liberación, muy pronto nos hemos dado cuenta del desierto interior que nace donde el hombre, al querer ser el único artífice de su naturaleza y de su destino, se ve privado de lo que constituye el fundamento de todas las cosas.

Ya el concilio ecuménico Vaticano II incluyó entre sus temas centrales la cuestión de la relación entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. Siguiendo las enseñanzas conciliares, mis predecesores reflexionaron ulteriormente sobre la necesidad de encontrar formas adecuadas para que nuestros contemporáneos sigan escuchando la Palabra viva y eterna del Señor.

El siervo de Dios Pablo VI observaba con clarividencia que el compromiso de la evangelización «se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para gran número de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la enseñanza que recibieron en su infancia, y para otros muchos» (Evangelii nuntiandi, 52). Y, con el pensamiento dirigido a los que se han alejado de la fe, añadía que la acción evangelizadora de la Iglesia «debe buscar constantemente los medios y el lenguaje adecuados para proponerles o volverles a proponer la revelación de Dios y la fe en Jesucristo» (ib., n. 56). El venerable siervo de Dios Juan Pablo II puso esta ardua tarea como uno de los ejes su vasto magisterio, sintetizando en el concepto de «nueva evangelización», que él profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones, la tarea que espera a la Iglesia hoy, especialmente en las regiones de antigua cristianización. Una tarea que, aunque concierne directamente a su modo de relacionarse con el exterior, presupone, primero de todo, una constante renovación en su seno, un continuo pasar, por decirlo así, de evangelizada a evangelizadora. Baste recordar lo que se afirmaba en la exhortación postsinodal Christifideles laici: «Enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del laicismo y del ateísmo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado primer mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo —si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria— inspiran y sostienen una existencia vivida «como si Dios no existiera». Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateísmo declarado. Y también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y rituales— tiende a ser erradicada de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. (…) En cambio, en otras regiones o naciones todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas. Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad. Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la trabazón cristiana de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones» (n. 34).

Por tanto, haciéndome cargo de la preocupación de mis venerados predecesores, considero oportuno dar respuestas adecuadas para que toda la Iglesia, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un impulso misionero capaz de promover una nueva evangelización. Esta se refiere sobre todo a las Iglesias de antigua fundación, que viven realidades bastante diferenciadas, a las que corresponden necesidades distintas, que esperan impulsos de evangelización diferentes: en algunos territorios, en efecto, aunque avanza el fenómeno de la secularización, la práctica cristiana manifiesta todavía una buena vitalidad y un profundo arraigo en el alma de poblaciones enteras; en otras regiones, en cambio, se nota un distanciamiento más claro de la sociedad en su conjunto respecto de la fe, con un entramado eclesial más débil, aunque no privado de elementos de vivacidad, que el Espíritu Santo no deja de suscitar; también existen, lamentablemente, zonas casi completamente descristianizadas, en las cuales la luz de la fe está confiada al testimonio de pequeñas comunidades: estas tierras, que necesitarían un renovado primer anuncio del Evangelio, parecen particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano.

La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento; hablar de «nueva evangelización» no significa tener que elaborar una única fórmula igual para todas las circunstancias. Y, sin embargo, no es difícil percatarse de que lo que necesitan todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es un renovado impulso misionero, expresión de una nueva y generosa apertura al don de la gracia. De hecho, no podemos olvidar que la primera tarea será siempre ser dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que acompaña a cuantos son portadores del Evangelio y abre el corazón de quienes escuchan. Para proclamar de modo fecundo la Palabra del Evangelio se requiere ante todo hacer una experiencia profunda de Dios.

Como afirmé en mi primer encíclica Deus caritas est: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (n. 1). De forma análoga, en la raíz de toda evangelización no hay un proyecto humano de expansión, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios ha querido darnos, haciéndonos partícipes de su propia vida.

Por tanto, a la luz de estas reflexiones, después de haber examinado con esmero cada aspecto y haber solicitado el parecer de personas expertas, establezco y decreto lo siguiente:

Art. 1

§ 1. Se constituye el Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, como dicasterio de la Curia romana, de acuerdo con la constitución apostólica Pastor bonus.

§ 2. El Consejo persigue su finalidad tanto estimulando la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización, como descubriendo y promoviendo las formas y los instrumentos adecuados para realizarla.

Art. 2

La actividad del Consejo, que se lleva a cabo en colaboración con los demás dicasterios y organismos de la Curia romana, respetando las relativas competencias, está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en los territorios de tradición cristiana donde se manifiesta con mayor evidencia el fenómeno de la secularización.

Art. 3

Entre las tareas específicas del Consejo se señalan:

1. profundizar el significado teológico y pastoral de la nueva evangelización;

2. promover y favorecer, en estrecha colaboración con las Conferencias episcopales interesadas, que podrán tener un organismo ad hoc, el estudio, la difusión y la puesta en práctica del Magisterio pontificio relativo a las temáticas relacionadas con la nueva evangelización;

3. dar a conocer y sostener iniciativas relacionadas con la nueva evangelización organizadas en las diversas Iglesias particulares y promover la realización de otras nuevas, involucrando también activamente las fuerzas presentes en los institutos de vida consagrada y en las sociedades de vida apostólica, así como en las agregaciones de fieles y en las nuevas comunidades;

4. estudiar y favorecer el uso de las formas modernas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización;

5. promover el uso del Catecismo de la Iglesia católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo.

Art. 4

§ 1. Dirige el Consejo un arzobispo presidente, con la ayuda de un secretario, un subsecretario y un número conveniente de oficiales, según las normas establecidas por la constitución apostólica Pastor bonus y el Reglamento general de la Curia romana.

§ 2. El Consejo tiene miembros propios y puede disponer de consultores propios.

Ordeno que todo lo que se ha deliberado con el presente Motu proprio tenga valor pleno y estable, a pesar de cualquier disposición contraria, aunque sea digna de particular mención, y establezco que se promulgue mediante la publicación en el periódico «L’Osservatore Romano» y que entre en vigor el día de la promulgación.

Castelgandolfo, 21 de septiembre de 2010, fiesta de San Mateo, Apóstol y Evangelista, año sexto de mi pontificado.

 

BENEDICTUS PP. XVI

 

© Copyright 2008 – Libreria Editrice Vaticana

 

 

Coloquio Mayordomias en la Ciudad

13 de octubre 2010

PROGRAMA

 

Mesa 1 Dimensiones socioantropológicas y culturales de las Mayordomías 9.00-10.40

  • Dr.Ramiro Gómez-Arzápalo Dorantes, ISEE. Los brazos y piernas del Santo, la
    función social de los mayordomos desde la reflexión antropológica.
  • Dra. María Elena Padrón, profesora e investigadora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia
  • Lic. Alejandro Emiliano Flores, alumno de la Maestría en Pastoral Urbana. Vicaría
    VII. Mayordomías y tejido social

Mesa 2 Atención Pastoral de Mayordomías 11.00-12.30

  • Pbro.  José Luis Tellez, VII Vicaría. Experiencias exitosas de trabajo con Mayordomías
  • Diac. José Joel Mendoza y Diac. Eduardo Vizueth. Alumnos de la Maestría en Pastoral Urbana. Propuesta de atención a la Mayordomías del pueblo de Azcapotzalco desde la Pastoral Urbana.
  • Diac. José Ignacio Abarca F., VII Vicaría. Puntos críticos para la atención pastoral de las mayordomías.

Mesa 3. Religiosidad popular, multiculturalidad y pastoral urbana 12.30-14.00

  • Pbro.  Benjamín Bravo, VI Vicaría. La Atención Pastoral de la Mayordomía en la Urbe
  • Pbro. Sergio Jorge García Llanos, VIII Vicaría, Párroco de San Juan Bautista en Sn. Juan Ixtayopan, Tláhuac. Experiencias pastorales en la Vicaría VIII.
  • Mons. Wenceslao Hernández Bradago, Provicario de la VII Vicaría Episcopal.
    Experiencias pastorales en la Vicaría VII.

Cuota de recuperación 200 pesos.

Seminario Conciliar de México
Victoria 133, centro de Tlalpan, México D.F.
Tel: 56 55 50 03, cel: 55 34 35 87 97

16 de Junio NUEVOS SUJETOS ECLESIALES

 

Introducción, por Fernando Falcó

La identidad social cristiana, la de las diversas comunidades de creyentes en Jesucristo, históricamente mantenida en relativa unidad hasta mediados del siglo XVI,  y que después de la Reforma luterana pervive bajo muchas denominaciones, está cruzada por una especie de aporía identitaria que brota de su pretensión original: estar en el mundo, sin ser del mundo. (Juan 17,11-14).

En el siglo III, la Carta a Diogneto, un escrito apologista de origen griego, expresa bellamente la pretensión cristiana en la sociedad:

Los cristianos, en efecto, no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su habla, ni por sus costumbres. Porque ni habitan ciudades exclusivas suyas, ni hablan una lengua extraña, ni llevan un género de vida aparte de los demás; sino que, habitando ciudades griegas o bárbaras, según la suerte que a cada uno le cupo, y adaptándose en vestido, comida y demás género de vida a los usos y costumbres de cada país, dan muestras de un tenor de peculiar conducta admirable, y por confesión de todos, sorprendente. Habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraña es para ellos patria, y toda patria, tierra extraña. Se casan como todos; como todos, engendran hijos, pero no exponen los que nacen. Ponen mesa común, pero no lecho. Están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el cielo. Obedecen a las leyes establecidas; pero con su vida sobrepasan las leyes. A todos aman, y por todos son perseguidos. Se los desconoce y se los condena. Se los mata y en ello se les da la vida. Son pobres y enriquecen a muchos. Carecen de todo y abundan en todo. Son deshonrados y en las mismas deshonras son glorificados. Se los maldice y se los declara justos. Los vituperan y ellos bendicen. Se les injuria y ellos dan honra. Hacen bien y se los castiga como malhechores; castigados de muerte, se alegran como si se les diera la vida. Por los judíos se los combate como a extranjeros, por los griegos son perseguidos y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben decir el motivo de su odio.

Mas, para decirlo brevemente, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo. El alma está esparcida por todos los miembros del cuerpo, y cristianos hay por todas las ciudades del mundo. Habita el alma en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; así los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo. [1]

Estar en el mundo, no ser del mundo…, singular paradoja que la Carta a Diogneto desgrana finamente en representaciones idealizadas. En última instancia, la pretensión de existencia cristiana en medio del tejido social, remite a una suerte de imposible: ser y no ser al mismo tiempo; ser, sin ser; estar, sin estar; vivir la misma cultura y distinguirse; asemejarse en todo, teniendo otro origen. A diferencia de otras religiones que se determinaron más radicalmente por la segregación o por la adaptación social, el cristianismo, nunca ha renunciado –en el imaginario al menos– a reivindicarse por este doble estatuto.

Sin embargo, es verificable que también desde el origen, una y otra vez, las comunidades cristianas se encontraran a sí mismas seducidas por los usos y hábitos de las sociedades en las que tomaron forma. Los primeros cristianos, unas veces venidos de la diáspora judaica que se diseminó por todo el Imperio y otras veces de distintos estratos de las ciudades griegas y romanas, eran lógicamente proclives a reproducir la cultura, la estratificación social, la práctica cultural de sus ciudades y de sus filiaciones originales, mezclándolas con lo cristiano. Los testimonios escritos más antiguos son elocuentes, al reflejar a las primeras comunidades, como la de Corinto o la de Roma fácilmente reasimilada en su práctica a las estructuras sociales de las ciudades cosmopolitas griegas y romanas, de modo que continuamente se escucha reconvenir a los creyentes: “Y no se acomoden al mundo presente, ante bien transfórmense mediante la renovación de sus mentes…” (Rom. 12,2).

La persecución de que fue objeto la iglesia cristiana en el Imperio, entre otras razones, por razón de su negativa a rendirle culto al Emperador permitió que la identidad cristiana se fuera decantando y distinguiendo frente a la sociedad civil romana y frente al helenismo que dominaba la cultura. En un largo proceso de definición doctrinal, moral y organizacional, y en medio de una relativa marginación social, sobre todo por una sucesión de persecuciones, las iglesias cristianas fueron adquiriendo rasgos de una identidad cultural específica y contracultural en medio de las ciudades grecorromanas de Europa, Asia Menor y Africa. El giro constantiniano de mediados del siglo IV, modificó definitivamente el estatuto social y político de la religión cristiana. Desde entonces el cristianismo se convirtió en elemento de unificación del Imperio, y el poder imperial el que proveía a la unidad y fortalecimiento de la iglesia. La iglesia pasó a una situación enteramente novedosa: al martirio siguió el privilegio y el status de iglesia oficial. La marginación social quedó fuera de la iglesia, en los herejes y cismáticos. [2]

Durante las largas centurias medievales y sus resonancias, desde ese siglo IV, hasta que la Modernidad toma forma, iglesia cristiana y sociedad se identificaron crudamente en Occidente. En muchos ámbitos cultura moderna y cristiana tienen un único origen. El individuo moderno, es decir, autónomo, racional, medida de todas las cosas…, se remite como en uno de sus orígenes, al despoblamiento de los dioses del cosmos, que lo cristiano realiza exorcizando a la religión antigua, para encontrar, en última instancia, a Dios sólo en las personas. Único lugar sagrado, más allá de Dios mismo.

Sin embargo, a pesar de sus orígenes comunes, la sociedad moderna deriva sin más dioses que las racionalidades y la autonomía individual, mientras que el cristianismo se pretende como una autonomía relativa y una racionalidad referenciada a Otro mayor. Los indicios sobre la relación contemporánea entre sociedad tardomoderna y cristianismo no son transparentes, ni unánimes. No se dejan interpretar de un solo golpe. Se trata de una relación complicada, compleja y multicontextualizada. No se puede decir sin más, que la sociedad de alta modernidad se ha secularizado irremediablemente, pero tampoco que siga siendo religiosa, y menos cristiana. Sólo se contribuye a la comprensión de esta relación compleja, incierta, de contornos no bien delimitados, a través del análisis de objetos de estudio sociológicamente construidos, con base empírica y en contextos pertinentemente delimitados.

Esta investigación busca acercarse a través de la sociología de la cultura, de las identidades en particular, a un fenómeno sociocultural notablemente restringido y delimitado, donde interseccionan la iglesia católica y la sociedad mexicana, a finales de los años noventa y principios del siglo 21: la identidad de jóvenes que se forman para ser religiosos y sacerdotes hoy en México. Específicamente, se pretende investigar las narrativas en torno a los procesos de configuración de la identidad de individuos en formación dentro de la vida religiosa. Se ha entrevistado a individuos jóvenes actualmente sujetos a procesos de formación para la vida religiosa y el sacerdocio dentro de varias congregaciones religiosas en México. Algunos en una etapa inicial del proceso formativo, otros, en un momento terminal (cinco y cinco); y además, a dos sacerdotes responsables de estos dispositivos formativos. No sobra decir que la perspectiva de la investigación es estrictamente sociológica, sin pretensión alguna de dar validez o de reprobar las representaciones y prácticas, los sentidos y dispositivos que la narración enuncia.

Se trata de comprender la manera en que estos individuos organizan su proceso de identificación: cómo dotan de sentido las diferentes prácticas de esta trayectoria de formación, tales que derivan en la adquisición de esta peculiar identidad. Particularmente se pretende describir y analizar las tensiones y las rupturas que se encuentran inscritas en esta trayectoria identificatoria. Se quiere aclarar cómo el proceso de identificación de estos individuos se confronta constantemente con una serie de referentes biográficos, socioculturales y religiosos, de iglesia y de congregación, y cómo se resuelven estas confrontaciones tan peculiares en una serie de negociaciones identitarias, algunas grupales y otras personales que cristalizan individualmente como elementos resultantes de este particular entrecruzamiento. La investigación pretende hacer una elaboración sociocultural, teórica y analítica, de un dato evidente: estas instituciones de creencia que son las congregaciones de vida religiosa, y particularmente, los jóvenes que se adhieren a ellas, viven constantemente cruzados por las lógicas de dos espacios, no necesariamente compatibles: las lógicas de la modernidad que se despliega incesante y las lógicas de la creencia y sus propios dinamismos. En síntesis, el tema de la investigación refiere a las tensiones, las rupturas, las continuidades, las aporías, o quizás los falsos dilemas, de esta relación, considerada en procesos concretos de identificación.

La metodología de la investigación es el análisis de estas doce entrevistas individuales, semiestructuradas, con metodología cualitativa, bajo el presupuesto de la formulación de teoría fundamentada, que permite aplicar y reconstruir las categorías conceptuales de las que se dispone con los materiales de las entrevistas. Si el tema religioso tiene su público en los estudios culturales; el asunto de la vida religiosa, no sólo no es poco estudiado, sino prácticamente desconocido. El mundo de los sacerdotes y más aún de los religiosos, se conoce poco en la vida cotidiana de esta sociedad, y menos en los ámbitos académicos. Por eso se han destinado los dos primeros capítulos a amplios ejercicios de contextualización.

El capítulo I pretende ubicar el fenómeno en sí mismo. Quiénes son los que ingresan a una congregación u orden en la sociedad mexicana actual, qué supone esa peculiar formación, cuáles son los requerimientos, dificultades básicas y vicisitudes a las que se enfrentan, buscando también reseñar cómo son considerados éstos de cara al conjunto social.

En el Capítulo II, el esfuerzo se centra en hacer una ubicación más sistemática de la iglesia católica, tanto en su dimensión sincrónica, como diacrónica, particularizando, en el fenómeno de la vida religiosa tal como ha devenido en los últimos cuarenta años, tras el muy relevante acontecimiento eclesial de puesta al día, que significó el Concilio Vaticano II. El capítulo se inicia poniendo un piso a la tan prolija discusión de la secularización; asentando cómo ha devenido lo religioso en las sociedades modernas, eligiendo y presentando alguna de las lecturas de la secularización.

La investigación ha requerido un concepto básico, a la vez fuerte y flexible con el cual laborar. Por eso en el capítulo III se formula como insumo teórico y analítico básico, una definición de identidad que permitiera dar cuenta de lo procesual y de lo negociado en la adquisición de ésta. De modo que ha sido mejor hablar de procesos de identificación. Así se podría entender lo que cambia en el trayecto de adquirir una identidad y lo que permanece a través de estos cambios, referidos a:

  • Las posibilidades y condiciones de una mutación, transformación o “conversión” identitaria tal como es entrar en un seminario, “irse de padre…”.
  • Explicar la transformación del sentido con que los sujetos dotan a sus prácticas en diferentes momentos de las trayectorias formativas.
  • Dar cuenta de las negociaciones que se establecen en el proceso identitario entre los dispositivos institucionales y sus requerimientos, y por otro lado, las interpretaciones individuales. Es decir, de la dimensión estratégica y política de este proceso de identificación.
  • Enlazar lo fuertemente subjetivo de un proceso identitario como este de la vida religiosa, con los marcos societales en los que se inscribe, dentro una sociedad como la mexicana  inserta en diversos procesos modernizadores y atravesada por una serie de crisis y deficiencias estructurales. De modo que muchos procesos subjetivos se entiendan bajo la mirada de la crisis.

Los capítulos IV, V y VI contienen el análisis del material empírico, que se busca comprender desde las dimensiones del concepto de identidad y desde el devenir histórico cultural de los procesos de identificación como ocurren en estos recortes peculiares de Modernidad en los que están inscritos los sujetos de estudio; en las coordenadas donde se intersectan con el espacio de creencia que es la vida religiosa.

Así en el capítulo IV el análisis toma por objeto las narrativas, buscando cómo devienen los sentidos que los sujetos confieren a su pertenencia a la vida religiosa, ante la institución, ante la sociedad, y ante sus propias trayectorias. En el capítulo V, se toma por objeto el espacio social, visibilizado en el dispositivo que se implementa en una casa de formación; trazando una relación constante con el habitus peculiar que permite a estos sujetos ser convocados, estar dispuestos a ser formados, pero también, resistirse y ser activos agentes de cambio de las condiciones sociales que los contienen. En el capítulo VI, el análisis tiene por objeto recolectar y contrastar representaciones sociales y prácticas, buscando reconocer la trayectoria de lo social, como es interiorizado y luego hecho discurso por los sujetos, pero también, las discontinuidades de los discursos en referencia a las prácticas en las que efectivamente se comprometen los individuos.

Probablemente esta investigación no haga más que delimitar o remarcar mejor los trazos de una panorámica que ya es conocida, o al menos mirada por sus actores. Por la misma razón, también es probable que en sí carezca de más novedad que la de pensar teórica y analíticamente ­–se espera que con plausibilidad y coherencia sociológica– algunas de las vicisitudes de constituir un espacio social dentro de otro espacio social. Un espacio centrado en la creencia, dentro de otro plural e híbrido, sin un único centro cultural.

Finalmente, la investigación conmina al aprendiz de cientista social a mantener este apasionante rastreo de lo social en lo cotidiano, en lo subjetivo, en los espacios aparentemente distantes y en los reductos, en los detalles y en los gestos, en las inflexiones de voz y en las cadencias, en lo pequeño, en las creencias y en las elecciones incomprensibles, en las experiencias íntimas, sencillas e inefables; allá, donde aparentemente no sucede nada.


[1] Quasten, Johannes, Patrología I, BAC, España,  1961, pp 239-240.

[2] Kuri Breña, R. de T. Antonio. Ellos tienen la llave. Los Padres de la Iglesia y su tiempo. Ediciones Dabar, México, 1997, pp. 31-47. 125-136.

Conferencia Elizabeth Judd 11-marzo-2010

Conferencia de la Maestra Elizabeth Judd, profesora de la Maestría en Pastoral Urbana del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos impartirá la Conferencia Magistral:Recuperación del Imaginario Guadalupano en la ModernidadJueves 11 de marzo de 2010, 10 horas en la XVIII Semana de Teología de la Universidad Intercontinental, con el tema «Guadalupe: Identidad histórica y Teológica».
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Invitación a la Conferencia Elizabeth Judd 11-marzo-2010

Invitación a la Conferencia Elizabeth Judd, profesora de la Maestría en Pastoral Urbana del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos impartirá la Conferencia Magistral:

Recuperación del Imaginario Guadalupano en la Modernidad

Jueves 11 de marzo de 2010, 10 horas en la XVIII Semana de Teología de la Universidad Intercontinental, con el tema «Guadalupe: Identidad histórica y Teológica». Los días 9, 10 y 11 de marzo, de 9:00 a 14:00 horas en el auditorio Fray Bartolomé de las Casas. Entrada libre.

Participe en esta Semana de Teología, que sólo se celebra una vez al año, y conozca más del Acontecimiento Guadalupano. La Universidad Intercontinental se encuentra en Av. Insurgentes Sur No. 4303 en la colonia Santa Ursula Xitla, en Tlalpan. Estación La Joya del Metrobús. Este es el programa con los temas y los conferencistas:

Experiencia Pastoral en México

Experiencia Pastoral en México
El P. Ralph Hirsh de la Arquidiócesis de Kôln està destinado a atender la parroquia de habla alemana en México. A su vez es párroco territorial de la Arquidiócesis de México. Su experiencia de pastoral urbana es notablemente intercultural. El Padre dió su experiencia como parte de los Cursos de la Maestría en Pastoral Urbana.

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