Palabras Mons. Edgar Peña, Evangelizar Siempre y en todas partes 2 de 2Motu Propio Ubicumque et semper, isee noviembre 25 de 2010
Autor: J S
Palabras Mons. Edgar Peña, Evangelizar Siempre y en todas partes 1 de 2
Palabras Mons. Edgar Peña, Evangelizar Siempre y en todas partes 1 de 2Motu Propio Ubicumque et semper, isee noviembre 25 de 2010
Presentación Motu Propio 1
25 noviembre Presentación Motu Propio «Evangelizar siempre y en todas partes»
Participantes:
* Exmo. Mons. Edgar Peña, Consejero de la Nunciatura Apostólica en México: Presentación del Motu Propio «Ubicumque et Semper» y del Dicasterio para la Nueva Evangelización.
* Pbro. Dr. Mario Ángel Flores, Director de Cultura de la Arquidiócesis de México, profesor del ISEE. Importancia para la presencia cultural de la Iglesia en la urbe contemporánea
* Sr. Lic. Roberto O’Farrill Corona, Caballero de la Orden de Malta, escritor y periodista. Nuevos medios para la evangelización.
* Lic. Alejandro Ruíz, profesor de la Maestría en Pastoral Urbana Nuevos métodos para la evangelización.
Jueves 25 de noviembre de 2010.
11:00-12:30 horas
Lugar: Auditorio del Seminario Conciliar de México, Victoria no. 133, centro de Tlalpan
Coordinación del Evento: Dr. Jesús Antonio Serrano, coordinador de la Maestría en Pastoral Urbana. info@pastoralurbana.info
CARTA APOSTÓLICA EN FORMA DE «MOTU PROPRIO»
UBICUMQUE ET SEMPER
DEL SUMO PONTÍFICE BENEDICTO XVI
CON LA CUAL SE INSTITUYE EL CONSEJO PONTIFICIO
PARA LA PROMOCIÓN DE LA NUEVA EVANGELIZACIÓN
La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en todas partes el Evangelio de Jesucristo. Él, el primer y supremo evangelizador, en el día de su ascensión al Padre, ordenó a los Apóstoles: «Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado» (Mt 28, 19-20). Fiel a este mandamiento, la Iglesia, pueblo adquirido por Dios para que proclame sus obras admirables (cf. 1 P 2, 9), desde el día de Pentecostés, en el que recibió como don el Espíritu Santo (cf. Hch 2, 1-4), nunca se ha cansado de dar a conocer a todo el mundo la belleza del Evangelio, anunciando a Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre, el mismo «ayer, hoy y siempre» (Hb 13, 8), que con su muerte y resurrección realizó la salvación, cumpliendo la antigua promesa. Por tanto, para la Iglesia la misión evangelizadora, continuación de la obra que quiso Jesús nuestro Señor, es necesaria e insustituible, expresión de su misma naturaleza.
Esta misión ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los lugares, las situaciones y los momentos históricos. En nuestro tiempo, uno de sus rasgos singulares ha sido afrontar el fenómeno del alejamiento de la fe, que se ha ido manifestando progresivamente en sociedades y culturas que desde hace siglos estaban impregnadas del Evangelio. Las transformaciones sociales a las que hemos asistido en las últimas décadas tienen causas complejas, que hunden sus raíces en tiempos lejanos, y han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. Pensemos en los gigantescos avances de la ciencia y de la técnica, en la ampliación de las posibilidades de vida y de los espacios de libertad individual, en los profundos cambios en campo económico, en el proceso de mezcla de etnias y culturas causado por fenómenos migratorios de masas, y en la creciente interdependencia entre los pueblos. Todo esto ha tenido consecuencias también para la dimensión religiosa de la vida del hombre. Y si, por un lado, la humanidad ha conocido beneficios innegables de esas transformaciones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de su esperanza (cf. 1 P 3, 15), por otro, se ha verificado una pérdida preocupante del sentido de lo sagrado, que incluso ha llegado a poner en tela de juicio los fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo único salvador y la comprensión común de las experiencias fundamentales del hombre como nacer, morir, vivir en una familia, y la referencia a una ley moral natural.
Aunque algunos hayan acogido todo ello como una liberación, muy pronto nos hemos dado cuenta del desierto interior que nace donde el hombre, al querer ser el único artífice de su naturaleza y de su destino, se ve privado de lo que constituye el fundamento de todas las cosas.
Ya el concilio ecuménico Vaticano II incluyó entre sus temas centrales la cuestión de la relación entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. Siguiendo las enseñanzas conciliares, mis predecesores reflexionaron ulteriormente sobre la necesidad de encontrar formas adecuadas para que nuestros contemporáneos sigan escuchando la Palabra viva y eterna del Señor.
El siervo de Dios Pablo VI observaba con clarividencia que el compromiso de la evangelización «se está volviendo cada vez más necesario, a causa de las situaciones de descristianización frecuentes en nuestros días, para gran número de personas que recibieron el bautismo, pero viven al margen de toda vida cristiana; para las gentes sencillas que tienen una cierta fe, pero conocen poco los fundamentos de la misma; para los intelectuales que sienten necesidad de conocer a Jesucristo bajo una luz distinta de la enseñanza que recibieron en su infancia, y para otros muchos» (Evangelii nuntiandi, 52). Y, con el pensamiento dirigido a los que se han alejado de la fe, añadía que la acción evangelizadora de la Iglesia «debe buscar constantemente los medios y el lenguaje adecuados para proponerles o volverles a proponer la revelación de Dios y la fe en Jesucristo» (ib., n. 56). El venerable siervo de Dios Juan Pablo II puso esta ardua tarea como uno de los ejes su vasto magisterio, sintetizando en el concepto de «nueva evangelización», que él profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones, la tarea que espera a la Iglesia hoy, especialmente en las regiones de antigua cristianización. Una tarea que, aunque concierne directamente a su modo de relacionarse con el exterior, presupone, primero de todo, una constante renovación en su seno, un continuo pasar, por decirlo así, de evangelizada a evangelizadora. Baste recordar lo que se afirmaba en la exhortación postsinodal Christifideles laici: «Enteros países y naciones, en los que en un tiempo la religión y la vida cristiana fueron florecientes y capaces de dar origen a comunidades de fe viva y operativa, están ahora sometidos a dura prueba e incluso alguna que otra vez son radicalmente transformados por el continuo difundirse del indiferentismo, del laicismo y del ateísmo. Se trata, en concreto, de países y naciones del llamado primer mundo, en el que el bienestar económico y el consumismo —si bien entremezclado con espantosas situaciones de pobreza y miseria— inspiran y sostienen una existencia vivida «como si Dios no existiera». Ahora bien, el indiferentismo religioso y la total irrelevancia práctica de Dios para resolver los problemas, incluso graves, de la vida, no son menos preocupantes y desoladores que el ateísmo declarado. Y también la fe cristiana —aunque sobrevive en algunas manifestaciones tradicionales y rituales— tiende a ser erradicada de los momentos más significativos de la existencia humana, como son los momentos del nacer, del sufrir y del morir. (…) En cambio, en otras regiones o naciones todavía se conservan muy vivas las tradiciones de piedad y de religiosidad popular cristiana; pero este patrimonio moral y espiritual corre hoy el riesgo de ser desperdigado bajo el impacto de múltiples procesos, entre los que destacan la secularización y la difusión de las sectas. Sólo una nueva evangelización puede asegurar el crecimiento de una fe límpida y profunda, capaz de hacer de estas tradiciones una fuerza de auténtica libertad. Ciertamente urge en todas partes rehacer el entramado cristiano de la sociedad humana. Pero la condición es que se rehaga la trabazón cristiana de las mismas comunidades eclesiales que viven en estos países o naciones» (n. 34).
Por tanto, haciéndome cargo de la preocupación de mis venerados predecesores, considero oportuno dar respuestas adecuadas para que toda la Iglesia, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un impulso misionero capaz de promover una nueva evangelización. Esta se refiere sobre todo a las Iglesias de antigua fundación, que viven realidades bastante diferenciadas, a las que corresponden necesidades distintas, que esperan impulsos de evangelización diferentes: en algunos territorios, en efecto, aunque avanza el fenómeno de la secularización, la práctica cristiana manifiesta todavía una buena vitalidad y un profundo arraigo en el alma de poblaciones enteras; en otras regiones, en cambio, se nota un distanciamiento más claro de la sociedad en su conjunto respecto de la fe, con un entramado eclesial más débil, aunque no privado de elementos de vivacidad, que el Espíritu Santo no deja de suscitar; también existen, lamentablemente, zonas casi completamente descristianizadas, en las cuales la luz de la fe está confiada al testimonio de pequeñas comunidades: estas tierras, que necesitarían un renovado primer anuncio del Evangelio, parecen particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano.
La diversidad de las situaciones exige un atento discernimiento; hablar de «nueva evangelización» no significa tener que elaborar una única fórmula igual para todas las circunstancias. Y, sin embargo, no es difícil percatarse de que lo que necesitan todas las Iglesias que viven en territorios tradicionalmente cristianos es un renovado impulso misionero, expresión de una nueva y generosa apertura al don de la gracia. De hecho, no podemos olvidar que la primera tarea será siempre ser dóciles a la obra gratuita del Espíritu del Resucitado, que acompaña a cuantos son portadores del Evangelio y abre el corazón de quienes escuchan. Para proclamar de modo fecundo la Palabra del Evangelio se requiere ante todo hacer una experiencia profunda de Dios.
Como afirmé en mi primer encíclica Deus caritas est: «No se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva» (n. 1). De forma análoga, en la raíz de toda evangelización no hay un proyecto humano de expansión, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios ha querido darnos, haciéndonos partícipes de su propia vida.
Por tanto, a la luz de estas reflexiones, después de haber examinado con esmero cada aspecto y haber solicitado el parecer de personas expertas, establezco y decreto lo siguiente:
Art. 1
§ 1. Se constituye el Consejo pontificio para la promoción de la nueva evangelización, como dicasterio de la Curia romana, de acuerdo con la constitución apostólica Pastor bonus.
§ 2. El Consejo persigue su finalidad tanto estimulando la reflexión sobre los temas de la nueva evangelización, como descubriendo y promoviendo las formas y los instrumentos adecuados para realizarla.
Art. 2
La actividad del Consejo, que se lleva a cabo en colaboración con los demás dicasterios y organismos de la Curia romana, respetando las relativas competencias, está al servicio de las Iglesias particulares, especialmente en los territorios de tradición cristiana donde se manifiesta con mayor evidencia el fenómeno de la secularización.
Art. 3
Entre las tareas específicas del Consejo se señalan:
1. profundizar el significado teológico y pastoral de la nueva evangelización;
2. promover y favorecer, en estrecha colaboración con las Conferencias episcopales interesadas, que podrán tener un organismo ad hoc, el estudio, la difusión y la puesta en práctica del Magisterio pontificio relativo a las temáticas relacionadas con la nueva evangelización;
3. dar a conocer y sostener iniciativas relacionadas con la nueva evangelización organizadas en las diversas Iglesias particulares y promover la realización de otras nuevas, involucrando también activamente las fuerzas presentes en los institutos de vida consagrada y en las sociedades de vida apostólica, así como en las agregaciones de fieles y en las nuevas comunidades;
4. estudiar y favorecer el uso de las formas modernas de comunicación, como instrumentos para la nueva evangelización;
5. promover el uso del Catecismo de la Iglesia católica, como formulación esencial y completa del contenido de la fe para los hombres de nuestro tiempo.
Art. 4
§ 1. Dirige el Consejo un arzobispo presidente, con la ayuda de un secretario, un subsecretario y un número conveniente de oficiales, según las normas establecidas por la constitución apostólica Pastor bonus y el Reglamento general de la Curia romana.
§ 2. El Consejo tiene miembros propios y puede disponer de consultores propios.
Ordeno que todo lo que se ha deliberado con el presente Motu proprio tenga valor pleno y estable, a pesar de cualquier disposición contraria, aunque sea digna de particular mención, y establezco que se promulgue mediante la publicación en el periódico «L’Osservatore Romano» y que entre en vigor el día de la promulgación.
Castelgandolfo, 21 de septiembre de 2010, fiesta de San Mateo, Apóstol y Evangelista, año sexto de mi pontificado.
BENEDICTUS PP. XVI
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Mayordomias, Mesa 2
Mayordomías en la ciudad con el P. José Luis Tellez, Diac. Eduardo Vizueth, Diac. José Joel Mendoza, Diac. Ignacio abarca. Propuesta de atención a las mayordomías desde la pastoral urbana.
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Mayordomías en la Ciudad Mesa 3
P. Benjamín Bravo, P. Jorge García LlanosExperiencias exitosas de manejo de mayordomías
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Mayordomias en la Ciudad Mesa 1
Mesa 1. Visión Antropológica y sociocultural de las mayordomías. Participa el Dr. Ramiro Gómez-Arzápalo, Lic. Alejandro Emiliano, Mtra. María elena Padrón
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COLOQUIO MAYORDOMIAS EN LA CIUDAD
El miércoles 13 de octubre de 2010 se realizó en la sede del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos de la Arquidiócesis de México el simposio “Mayordomías en la Ciudad”.
La mayordomía es una institución traída al Nuevo Mundo por los españoles como un mecanismo para comprometer e integrar a las comunidades en torno a los santos patronos –propios de cada pueblo o barrio- y como un medio de evangelización y consolidación del cristianismo. La mayordomía entraña una complejidad de significados culturales, sociales, religiosos, económicos y políticos. El paso del tiempo ha derivado en que los antiguos pueblos queden integrados a grandes ciudades, sin embargo la vigencia de la mayordomía se mantiene como un mecanismo fuerte de identidad e integración, si bien, conserva un fuerte sincretismo que lo hace una realidad sui generis.
En su mensaje de inauguración el Mtro. Jesús Antonio Serrano, coordinador de la Maestría en Pastoral Urbana (organizadora del evento), destacó el hecho de que la mayordomía despierta interés más por controlarla que por comprenderla y más por domesticarla que por aprovecharla como una herramienta para la integración comunitaria y la evangelización, invitó por ello a revalorarla y a ver críticamente la forma en que la institución eclesial se relaciona con ella.
La mesa uno estuvo dedicada a estudiar las dimensiones sociales y culturales de la mayordomía. El Dr. Ramiro Gómez-Arzápalo, profesor en la misma maestría expuso de qué manera el mayordomo se convierte en los pies y manos del santo para poder andar por la comunidad, pues las imágenes de los santos salen del templo, donde están instalados y se mueven para “oír misa”, para recorrer el pueblo. La celebración religiosa en un contexto cultural fuerte desafía la racionalidad institucional. No se trata de ignorancia, sino que son una opción social, un posicionamiento del pueblo frente al grupo hegemónico religioso. Ayuda a la cohesión social y a la reproducción social. Se trata de claves estructurales de la religiosidad popular mediante “un sistema de cargos”.
La Mtra. María Elena Padrón, académica de la Escuela Nacional de Antropología e Historia expuso las características de la mayordomía del pueblo de San Bernabé Ocotepec. El sistema de cargos es un sistema de defensa de la comunidad frente a la intervención externa. Los estudios históricos y antropológicos permiten ubicar las funciones que cumplen estas jerarquías al interior y exterior de los pueblos, eso resulta de la conformación histórica de los mismos. En San Bernabé Ocotepec hay formas institucionalizadas de representación y servicios en beneficio del pueblo. Los cargos implican relaciones de poder y valoración. No son una autoridad civil formal, pero poseen un poder simbólico que les permite intervenir en la toma de decisiones. Las fiestas recorren muchos tipos de calendarios: civil, religioso y productivo. La organización comunitaria ceremonial están a cargo de una comisión eclesiástica y de festejos electa en asamblea. También hay fiestas de correspondencia que permiten el intercambio entre los diferentes pueblos y sus santos respectivos con lo que se da un reconocimiento recíproco de los pueblos.
El Lic. Alejandro Gabriel Emiliano Flores, alumno de la Maestría en Pastoral Urbana y pastoralista en la VII Vicaría de la Arquidiócesis de México realizó un análisis riguroso. Caracterizó al mayordomo como un gestor cultural que requiere un prestigio social. Los mayordomos deben ser gestores tanto frente a la comunidad civil como con la eclesiástica, con otras mayordomías que la delimitan y le reafirman identidad, con otros grupos para definir el espacio. El conflicto más frecuente es con la autoridad eclesiástica porque comparten características. La mayordomía es elegida por la comunidad y la autoridad eclesiástica les es impuesta desde fuera. Conserva valores tradicionales y expresa su religiosidad popular, la eclesiástica busca canalizarlos por la liturgia, que sea en los límites de la razón y no de forma afectiva como proponen los mayordomos. La mayordomía siempre va a ser cerrada porque para eso fue creada, para conservar valores. Los que deben tener apertura son las autoridades eclesiásticas.
La mesa dos estuvo dedicada a las propuestas que se pueden hacer para la atención pastoral de la pastoral de las mayordomías. El Pbro. José Luis Tellez de la VII Vicaría trabajó entre 1979 a 1999 en el pueblo de Santiago Acahualtepec en Iztapalapa. Al realizar una apretada crónica de las experiencias de ese periodo reconoció las transformaciones de la comunidad, lo arraigado de su identidad náhuatl y aislada relativamente de la gran ciudad. El aspecto central de su apostolado fue el descubrimiento, el interés de conocer las relaciones, las motivaciones, entrar en contacto con las costumbres y la escucha de las personas que comprendían su comunidad. El definió los retos de la comunidad, duramente tradicionalista y que lo rechazaba fue un proceso evangelizador. Sólo si amas el pueblo, vale la pena seguir, si no, es mejor no alterar su vida. Fue una de las consignas que se fijó.
Los diáconos Eduardo Vizueth e Ignacio Abarca hablaron del concepto de mayordomía y sus fuentes bíblicas. Si Dios es dueño de todo, nosotros somos mayordomos de las cosas, administradores. La mayordomía es una organización social que se extiendo por Mesoamérica. Representa los ciclos vitales. Por lo tanto la propuesta de atención pastoral tiene que venir desde el mismo magisterio de la Iglesia, como señala el Documento de Aparecida. Ignacio Abarca explicó que las partes duras son las que prevalecen en la manifestación y significado es lo que se socializa con la comunidad para asegurar su conservación.
En la mesa tres, contamos con la presencia del P. Benjamín Bravo. El comenzó por hablar de los rituales que articulan nuestras vidas, nacimiento, reposo, matrimonio, etc. El lenguaje de la religiosidad popular es mítico y cultural, usa símbolos, colores, iconos, etc. El cristianismo emplea un lenguaje razonado en el que cuentan las palabras. En cambio, la religión popular se expresa con objetos, especialmente en las fechas más llenas de significado. En las mayordomías, la rezandera, los altares. Al entrar en su mundo y en su cultura, desde mi cultura hay que entablar un encuentro con simpatía. Por ejemplo, mientras que el saludo litúrgico es frio y lineal, el saludo ritual tradicional implica encuentro, afecto, reconocimiento. Los presbíteros siempre queremos purificar esta cultura.
Otro ejemplo, lo encontramos en las imágenes de Cristo sangrante. En la cultura prehispánica era sabido que los dioses habían sacrificado su sangre a favor de los hombres, de ahí que dicha imagen tenga un gran significado cultural.
Por su parte el P. Jorge García Llanos hizo un paralelismo entre la actitud de los sacerdotes que llegan a una comunidad con costumbres arraigadas queriendo cambiarlas y derrumbar, como lo hicieron los conquistadores. La diferencia está en el interés por entablar un diálogo para comprender lo que piensan. Nos falla el diálogo para acercarse a estos signos. Puso por ejemplo el caso de un sacerdote en San Bernardino, próximo al Niño Dios “Niñopa” que es el elemento más fuerte de identidad de Xochimilco. La primera intención del párroco fue obligar a que el niño se quedara en el templo y no en la casa de los mayordomos como se usa. Luego no aceptó que el niño asistiera al templo. La gente llevó al Niño Dios al templo a escondidas hasta que obligaron a que el sacerdote escapara escondido. Eso ocurrió por no saber leer el significado del “Niño” para la comunidad.
Entre los asistentes estuvieron varios mayordomos de diversos pueblos, así como un grupo tradicional representativo de las autoridades del pueblo de la Magdalena que portaban los bastones de mando propios de la comunidad que significan la tierra y el agua, los elementos, pero también al pueblo y sus tradiciones. Ellos hablaron positivamente respecto a la preocupación de la Iglesia por entenderles mejor, se reconoció que no sólo la Iglesia requiere de los mayordomos y las fiestas populares del pueblo, sino que éstos requieren de la Iglesia.
Los más de 120 asistentes, que llegaron de las diócesis de México, Cuernavaca, Texcoco, Tlalnepantla, Toluca, Ecatepec, San Luis Potosí, así como de varios institutos religiosos y misioneros, reconocieron la importancia de continuar reflexionando sobre estos temas y manifestaron su disposición para avanzar en una mayor inculturación del evangelio.
Contacto: info@pastoralurbana.info Más información está disponible en la página www.pastoralurbana.info
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Evangelizar Siempre y en Todas Partes
MOTU PROPRIO DEL SANTO PADRE ”UBICUMQUE ET SEMPER”
CIUDAD DEL VATICANO, 12 OCT 2010 (VIS).-Siguen extractos de la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio “Ubicumque et semper”, del Santo Padre Benedicto XVI, donde instituye el Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización.
“La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en cualquier lugar el Evangelio de Jesucristo. (…) Esa misión ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los lugares, las situaciones y los momentos históricos. En nuestra época, uno de los rasgos característicos ha sido la confrontación con el fenómeno del abandono de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas que desde siglos estaban impregnadas del Evangelio”
“(…) Las transformaciones sociales a las que hemos asistido en los últimos tiempos tienen causas complejas que hunden sus raíces en el tiempo y han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. (…) Y si por una parte la humanidad ha conocido los beneficios innegables de esas transformaciones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de la esperanza que lleva, por otro se ha verificado una preocupante pérdida de sentido del sacro que lleva a poner en tela de juicio fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo, único salvador y la comprensión común de las experiencias fundamentales del ser humano como el nacimiento, la muerte, la vida en una familia y la referencia a la ley moral natural”.
“Ya el Concilio Ecuménico Vaticano II asumió entre las cuestiones fundamentales la de la relación entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. Siguiendo las enseñanzas conciliares, mis predecesores han reflexionado ulteriormente sobre la necesidad de encontrar formas adecuadas para que nuestros contemporáneos escuchen todavía la Palabra viva y eterna del Señor”.
“El venerable Siervo de Dios Juan Pablo II hizo de esta concienzuda tarea uno de los fundamentos de su vasto magisterio, sintetizando el concepto de “nueva evangelización”, que profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones, la tarea que espera hoy a la Iglesia, en particular en las regiones de antigua cristianización”.
“Por lo tanto, haciéndome cargo de las preocupaciones de mis venerados predecesores, creo oportuno ofrecer las respuestas adecuadas para que toda la Iglesia, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un empuje misionero capaz de promover una nueva evangelización”.
“En las Iglesias de antigua tradición, (…) a pesar de la progresión del fenómeno de la secularización, la práctica cristiana manifiesta todavía una buena vitalidad y un profundo enraizamiento en el ánimo de enteras poblaciones. (….) Conocemos también, desgraciadamente, que hay zonas casi completamente descristianizadas donde la luz de la fe se confía a pequeñas comunidades: estas tierras, que necesitarían un primer anuncio renovado del Evangelio, se muestran particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano”.
“En la raíz de toda evangelización no hay un proyecto de expansión humana, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios nos ha dado, haciéndonos partícipes de su vida”.
MP/ VIS 20101012 (500)

PRESENTACION DEL PONTIFICIO CONSEJO PARA NUEVA EVANGELIZACION
CIUDAD DEL VATICANO, 12 OCT 2010 (VIS).-El arzobispo Rino Fisichella, Presidente del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización, ilustró esta mañana en la Oficina de Prensa de la Santa Sede el contenido de la Carta Apostólica Motu proprio “Ubicumque et semper”, escrita en latín y fechada el 21 de septiembre de 2010, con la que Benedetto XVI instituye el nuevo dicasterio.
“El tema de la nueva evangelización -dijo el prelado- ha sido objeto de una cuidadosa reflexión por el Magisterio de la Iglesia en las últimas décadas. El objetivo se presenta como un gran desafío para toda la Iglesia, que debe (…) encontrar las formas apropiadas para renovar su anuncio a tantos bautizados que ya no entienden el sentido de pertenencia a la comunidad cristiana y son víctimas del subjetivismo de nuestro tiempo cerrado en un individualismo carente de responsabilidad pública y social. El Motu proprio, más directamente, individua las Iglesias de antigua tradición que (…) necesitan un espíritu misionero renovado para responder a las nuevas exigencias que requiere la situación histórica contemporánea”.
“Como atestigua “Ubicumque et semper, la “nueva evangelización” no es una fórmula igual en todas las circunstancias”, explicó el arzobispo. “Nos compromete a elaborar un pensamiento fuerte capaz de sostener una acción pastoral correspondiente. También se deben verificar atentamente las diversas tradiciones y objetivos que las Iglesias tienen en virtud de la riqueza de muchos siglos de historia. Una pluralidad de formas que no afecta a la unidad (…) y permite la eficacia necesaria en nuestra época”.
La nueva evangelización no debe sonar como “una fórmula abstracta”, prosiguió el presidente del nuevo dicasterio, especificando que ese término estará lleno de “contenidos pastorales y teológicos y se asentará en la voluntad del Magisterio de las últimas décadas”. Se tendrán en cuenta también “las numerosas iniciativas asumidas en el ámbito de la nueva evangelización por los obispos y sus iglesias particulares, las conferencias episcopales y los grupos de creyentes”.
Entre las competencias confiadas al Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización está la de “promover” el uso del Catecismo de la Iglesia Universal. “El Catecismo, de hecho, es uno de los frutos más maduros de las indicaciones conciliares, ya que recoge de forma orgánica la totalidad del patrimonio de la evolución del dogma y es la herramienta más completa para transmitir la fe de siempre ante los constantes cambios y los interrogantes que el mundo plantea a los creyentes”.
Para ello, el nuevo dicasterio utilizará “todas las formas que los progresos de la ciencia de la comunicación han convertido en instrumentos positivos al servicio de la nueva evangelización”, concluyó el prelado.
OP/ VIS 20101012 (430)

Nuevo Dicasterio – Nueva Evangelización
Reproducimos el boletín de prensa emitido por VeryCreer.com
Benedicto XVI ha creado un nuevo dicasterio, es decir, un nuevo organismo de gobierno de la Santa Sede. Se trata del Pontificio Consejo para la Promoción de la Nueva Evangelización. Lo creó el 21 de septiembre mediante la Carta Apostólica en forma de Motu Proprio de nombre “Ubicumque et semper” que fue dada a conocer el pasado 12 de octubre.

El Papa puso al frente de este Consejo Pontificio al arzobispo Rino Fisichella en calidad de Presidente. El objetivo fundamental que busca el Papa consiste en renovar las formas del anuncio del Evangelio en un momento de la humanidad en el que son muchos los creyentes que ya no logran entender el sentido de pertenencia a la comunidad cristiana. La situación histórica contemporánea la ha definido el Papa en varias ocasiones como “una dictadura del relativismo” que ha provocado un individualismo carente de responsabilidad pública y social. Este renovado anuncio del Evangelio debe responder a las nuevas exigencias que presentan las generaciones que ya son víctimas del subjetivismo de nuestro tiempo. Entre las competencias confiadas al Pontificio Consejo para la Nueva Evangelización está la de promover el uso del Catecismo de la Iglesia Católica. Rino Fisichella ya ha manifestado que “el Catecismo, de hecho, es uno de los frutos más maduros de las indicaciones conciliares, ya que recoge de forma orgánica la totalidad del patrimonio de la evolución del dogma y es la herramienta más completa para transmitir la fe de siempre ante los constantes cambios y los interrogantes que el mundo plantea a los creyentes. Para ello, el nuevo dicasterio utilizará todas las formas que los progresos de la ciencia de la comunicación han convertido en instrumentos positivos al servicio de la nueva evangelización”. Presento, enseguida, algunos extractos de la Carta “Ubicumque et semper” que por sí mismos explican esta renovación en la Iglesia: – “La Iglesia tiene el deber de anunciar siempre y en cualquier lugar el Evangelio de Jesucristo. Esa misión ha asumido en la historia formas y modalidades siempre nuevas según los lugares, las situaciones y los momentos históricos. En nuestra época, uno de los rasgos característicos ha sido la confrontación con el fenómeno del abandono de la fe, que se ha manifestado progresivamente en sociedades y culturas que desde siglos estaban impregnadas del Evangelio”. – “Las transformaciones sociales a las que hemos asistido en los últimos tiempos tienen causas complejas que hunden sus raíces en el tiempo y han modificado profundamente la percepción de nuestro mundo. Y si por una parte la humanidad ha conocido los beneficios innegables de esas transformaciones y la Iglesia ha recibido ulteriores estímulos para dar razón de la esperanza que lleva, por otro se ha verificado una preocupante pérdida de sentido de lo sacro que lleva a poner en tela de juicio fundamentos que parecían indiscutibles, como la fe en un Dios creador y providente, la revelación de Jesucristo, único salvador y la comprensión común de las experiencias fundamentales del ser humano como el nacimiento, la muerte, la vida en una familia y la referencia a la ley moral natural”. – “Ya el Concilio Ecuménico Vaticano II asumió entre las cuestiones fundamentales la de la relación entre la Iglesia y el mundo contemporáneo. Siguiendo las enseñanzas conciliares, mis predecesores han reflexionado ulteriormente sobre la necesidad de encontrar formas adecuadas para que nuestros contemporáneos escuchen todavía la Palabra viva y eterna del Señor”. – “El venerable Siervo de Dios Juan Pablo II hizo de esta concienzuda tarea uno de los fundamentos de su vasto magisterio, sintetizando el concepto de nueva evangelización, que profundizó sistemáticamente en numerosas intervenciones, la tarea que espera hoy a la Iglesia, en particular en las regiones de antigua cristianización”. – “Por lo tanto, haciéndome cargo de las preocupaciones de mis venerados predecesores, creo oportuno ofrecer las respuestas adecuadas para que toda la Iglesia, dejándose regenerar por la fuerza del Espíritu Santo, se presente al mundo contemporáneo con un empuje misionero capaz de promover una nueva evangelización”. – “En las Iglesias de antigua tradición, a pesar de la progresión del fenómeno de la secularización, la práctica cristiana manifiesta todavía una buena vitalidad y un profundo enraizamiento en el ánimo de enteras poblaciones. Conocemos también, desgraciadamente, que hay zonas casi completamente descristianizadas donde la luz de la fe se confía a pequeñas comunidades: estas tierras, que necesitarían un primer anuncio renovado del Evangelio, se muestran particularmente refractarias a muchos aspectos del mensaje cristiano”. – “En la raíz de toda evangelización no hay un proyecto de expansión humana, sino el deseo de compartir el don inestimable que Dios nos ha dado, haciéndonos partícipes de su vida”.





