Categoría: Noticias

Coloquio Mayordomias en la Ciudad

13 de octubre 2010

PROGRAMA

 

Mesa 1 Dimensiones socioantropológicas y culturales de las Mayordomías 9.00-10.40

  • Dr.Ramiro Gómez-Arzápalo Dorantes, ISEE. Los brazos y piernas del Santo, la
    función social de los mayordomos desde la reflexión antropológica.
  • Dra. María Elena Padrón, profesora e investigadora de la Escuela Nacional de Antropología e Historia
  • Lic. Alejandro Emiliano Flores, alumno de la Maestría en Pastoral Urbana. Vicaría
    VII. Mayordomías y tejido social

Mesa 2 Atención Pastoral de Mayordomías 11.00-12.30

  • Pbro.  José Luis Tellez, VII Vicaría. Experiencias exitosas de trabajo con Mayordomías
  • Diac. José Joel Mendoza y Diac. Eduardo Vizueth. Alumnos de la Maestría en Pastoral Urbana. Propuesta de atención a la Mayordomías del pueblo de Azcapotzalco desde la Pastoral Urbana.
  • Diac. José Ignacio Abarca F., VII Vicaría. Puntos críticos para la atención pastoral de las mayordomías.

Mesa 3. Religiosidad popular, multiculturalidad y pastoral urbana 12.30-14.00

  • Pbro.  Benjamín Bravo, VI Vicaría. La Atención Pastoral de la Mayordomía en la Urbe
  • Pbro. Sergio Jorge García Llanos, VIII Vicaría, Párroco de San Juan Bautista en Sn. Juan Ixtayopan, Tláhuac. Experiencias pastorales en la Vicaría VIII.
  • Mons. Wenceslao Hernández Bradago, Provicario de la VII Vicaría Episcopal.
    Experiencias pastorales en la Vicaría VII.

Cuota de recuperación 200 pesos.

Seminario Conciliar de México
Victoria 133, centro de Tlalpan, México D.F.
Tel: 56 55 50 03, cel: 55 34 35 87 97

Pastoral Urbana es: Carpa Misionera en Buenos Aires

Una reflexión sobre la carpa misionera en Contitución que difundimos en el último mail, para leerla.

Saludos

Vicaría de Jóvenes
Arquidiócesis de Buenos Aires
http://www.vicariajovenesbsas.org.ar

Para agregarnos como amigos en facebook:
http://www.facebook.com/pr ofile.php?id=1508236740

REFLEXIONES SOBRE LA EXPERIENCIA DE LA CARPA MISIONERA EN CONSTITUCIÓN

Desde hace tres años venimos realizando carpas misioneras en Plaza Constitución. Durante los dos años anteriores, íbamos en determinadas ocasiones a pasar una tarde entera en la Estación. actualmente, cada uno o dos meses plantamos la carpa en la plaza durante uno, dos o tres días con sus noches. Desde hace más de seis meses, todos los miércoles hacemos una misa precedida de
una pequeña misión en el hall central de la Estación.

Nos hace mucho bien esta presencia sencilla pero contundente, compartiendo con el pueblo de Dios que va y viene. En los horarios fuertes predomina el encuentro con miles de personas que van o que vuelven de los trabajos. En otros horarios, sobretodo a la noche, prima la presencia de hermanos marginales, mujeres y hombres con la vida rota. Nos encontramos con situaciones de todo
tipo, varios hermanos que van o vienen de los hospitales, muchos que nos abren bastante el corazón, gente de nuestro pueblo que expresa sencillamente su fe, gestos hondos de amor a Dios y a los hermanos.

Cuando vamos a la carpa, llevamos una imagen gigante de la Virgen de Lujan, confeccionada por gente de nuestra Parroquia, inspirados en otros que hicieron anteriormente imágenes similares. Llevamos un montón de estampas y las entregamos no como una volanteada sino como un verdadero signo del amor de Dios. La mayoría de la gente la recibe con mucha devoción. Anotamos o hacemos anotar las intenciones de quienes lo aceptan. Las colocamos en humildes buzones que son un tesoro, porque contienen la plegaria de gente de nuestro pueblo. En medio de todo esto se da un saludo cordial con tantos vecinos que pasan. Los curas solemos estar revestidos y gozamos cuando bendecimos, celebramos la fiesta del perdón de Dios en el Sacramento de la Reconciliación y en tantas charlas hondas, muchas de ellas son una suerte de sacramental que para confesión es corto y para bendición es largo. Hay un montón de cosas que no las percibimos pero que Dios las ve. El que se queda rezando frente a la Virgen , el que saluda de lejos y se hace la señal de la Cruz , el que pasa en el colectivo, el que rechazó un estampa o el que dijo algo agraviante pero después le sigue la cosa en su corazón. Cuando vamos los miércoles a la Estación , al ser sólo una parte de la tarde, llevamos los elementos reducidos a la mínima expresión. La imagen de la Virgen no es la gigante, el sonido es un simple carrito, etc

Nos gusta tener un buen sonido, a través del cual llegamos a los transeúntes con música alusiva y anunciando que somos la Iglesia católica que no quiere estar encerrada en los templos, sino que sale al encuentro de los hermanos para compartir la fe, la esperanza y el amor que Dios nos tiene. Hemos celebrado varios bautismos de niños y de personas que han manifestado un deseo profundo de recibir este sacramento que los reconoce como hijos de Dios y miembros de su Pueblo, que es la Iglesia.

Normalmente, a la noche compartimos una cena popular con todos los que se acercan. Vivimos la experiencia de la solidaridad cristiana. Comiendo juntos un plato caliente, nos reconocemos como hermanos con igual dignidad.

No consideramos que esto sea un barniz superficial. Vivimos esto como un verdadero hecho evangelizador. Por un tiempito, se transforma un espacio público en un humilde santuario donde se da el encuentro con el Dios que siempre quiere hacerse cercano y el encuentro entre los hermanos hijos de un mismo Padre. Como nos pasa en los campamentos, en torno a la carpa descubrimos que podemos ser una Iglesia que se apoya en lo fundamental y no en tantas cosas superficiales. La vida del campamento nos ayuda a estar pendientes de lo elemental para la vida. En la carpa misionera percibimos la sabiduría de mucha gente sencilla de nuestro pueblo que pone su mirada en lo esencial: la vida y la muerte, la salud y la enfermedad, el techo y el abrigo, la comida y el hambre, la soledad, el dolor, la fiesta.

Esta experiencia nos alienta a una verdadera conversión pastoral. Este encuentro con el pueblo de Dios nos lleva a pensar que debemos seguir renovando nuestra manera de ser iglesia. No se trata sólo de que la Iglesia salga a la calle. Sin una seria conversión pastoral, es preferible quedarse encerrado en la sacristía. Buscamos ampliar la mente y el corazón. Queremos ser fieles al Jesús de las multitudes y no de un pequeño grupito.

Volviendo al relato, nos hace mucho bien esta experiencia de la carpa misionera. Lo hacemos con convicción y alegría, pero implica también sacrificios. No sale sola esta hermosa experiencia. La Virgen gigante pesa, hay que llevar las cosas en flete y muchas veces para alcanzar a la gente que va temprano al trabajo hay que madrugar bastante. Si quedamos a la noche, varios hombres deben quedarse en vela para cuidar las cosas y para encontrarse con “los de la noche”. La cena implica esfuerzos, el frío, la lluvia, el mucho calor… En fin, esto no se hace por mails o mensajes de texto. Se trata de poner el cuerpo y el alma. Y da mucha satisfacción. Para el cura no es sólo ir y ponerse el alba. Ni hablar de los trámites previos, lo económico: hay que pagar las estampas, pagar el flete, la comida… Como todo. Cuando la gente ve que la Iglesia se mueve, aporta, sin necesidad de que pidamos demasiado. Es la experiencia de una Iglesia que da sin pedir. La gente se sorprende y se alegra de ver a la Iglesia en la calle. Hace bien encontrarse no con la Iglesia de los requisitos sino con una iglesia que comparte con sencillez la Vida que viene de Dios.

No nos creemos los creadores de nada. Tampoco pensamos que esto sea lo único ni lo mejor. Incluso, somos conscientes de que en cada lugar es diferente. No es lo mismo una carpa misionera en Constitución que en el Obelisco o que en otro sitio. Nos sentimos inspirados en tantas acciones evangelizadoras de hoy y de ayer. Se nota la influencia de las peregrinaciones a Lujan, las carpas de Gino desde Quilmes en tantos lugares, las marchas juveniles de Corpus, el trabajo y la experiencia de la religiosidad popular en los santuarios y en las villas, la apertura de mente y corazón aplicada en la pastoral de muchas Parroquias, iniciativas renovadoras de varios hermanos del Pueblo de Dios. Que Dios nos ilumine para seguir adelante. Que las experiencias misioneras de unos ayuden a otros y que sepamos formar verdadero equipos para una más nueva evangelización en los lugares públicos.

PADRE TOTO de VEDIA

¿Qué dice el Papa Benedicto XVI sobre la pastoral urbana?

Mensaje del S.P. Benedicto XVI a los Obispos de Brasil en la Catedral de Sé

BRASIL – SÃO PAULO – 11.05.2007

Catedral da Sé

Traducción: CELAM

Amados hermanos en el Episcopado,

«El Hijo de Dios con lo que padeció aprendió la obediencia; y llegado a
la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos los que le
obedecen» (cf. Hb 5,8-9).

1. El texto que acabamos de oír en la Lectura Breve de las Vísperas de hoy
contiene una enseñanza profunda. También en este caso constatamos como la
Palabra de Dios es viva y más penetrante que una espada de dos filos, llega
hasta la juntura del alma, reconfortándola, estimulando a sus fieles
servidores (cf. Hb 4,12).

Agradezco a Dios por haber permitido encontrarme con un Episcopado
prestigioso, que está al frente de una de las más numerosas poblaciones
católicas del mundo. Yo os saludo con sentimientos de profunda comunión y
de afecto sincero, conociendo bien la dedicación con que seguís las
comunidades que os fueron confiadas. La calurosa acogida del Señor Párroco
de la Catedral de la Sé y de todos los presentes me hizo sentir en casa, en esta
gran Casa común que es nuestra Santa Madre la Iglesia Católica.

Dirijo un especial saludo a la nueva Presidencia de la Conferencia Nacional de
los Obispos de Brasil y, al agradecer las palabras de su Presidente, Mons.
Geraldo Lyrio Rocha, hago votos por un provechoso desempeño en la tarea de
consolidar siempre la comunión entre los obispos y de promover la acción
pastoral común en un territorio de dimensiones continentales.

2. Brasil está acogiendo a los participantes de la V Conferencia del Episcopado
Latinoamericano con su tradicional hospitalidad. Expreso mi agradecimiento
por la atenta recepción de sus miembros y mi profundo aprecio por las
oraciones del pueblo brasileño, formuladas especialmente en pro del éxito
del encuentro de los obispos en Aparecida.

Es un gran evento eclesial que se sitúa en el ámbito del esfuerzo misionero que
América Latina deberá proponerse, precisamente a partir de aquí, del suelo
brasileño. Fue por eso que quise dirigirme inicialmente a vosotros, Obispos del
Brasil, evocando aquellas palabras densas de contenido de la Carta a los
Hebreos: «El Hijo de Dios con lo que padeció aprendió la obediencia; y
llegado a la perfección, se convirtió en causa de salvación eterna para todos
los que le obedecen» (Hb 5, 8-9). Exuberante en su significado, este versículo
habla de la compasión de Dios para con nosotros, concretada en la pasión de su
Hijo; y habla de su obediencia, de su adhesión libre y consciente a los
designios del Padre, explicitada especialmente en la oración en el monte de los
Olivos: «No se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22,42). Así, es el propio
Jesús quien nos enseña que la verdadera vía de salvación consiste en conformar
nuestra voluntad a la voluntad de Dios. Es exactamente lo que pedimos en la
tercera invocación de la oración del Padre Nuestro: que sea hecha la voluntad
de Dios, así en la tierra como en el cielo, porque donde reina la voluntad de
Dios, ahí está presente el reino de Dios. Jesús nos atrae hacia su voluntad, la
voluntad del Hijo, y de este modo nos guía hacia la salvación. Yendo al
encuentro de la voluntad de Dios, con Jesucristo, abrimos el mundo al reino de
Dios.

Nosotros los Obispos, somos convocados para manifestar esa verdad central,
pues estamos vinculados directamente a Cristo, Buen Pastor. La misión que nos
es confiada, como Maestros de la fe, consiste en recordar, como el mismo
Apóstol de los Gentiles escribía, que nuestro Salvador «quiere que todos los
hombres se salven y lleguen al conocimiento de la verdad» (1Tm 2, 4-6). Ésta
es la finalidad, y no otra, la finalidad de la Iglesia, la salvación de las almas,
una a una. Por eso el Padre envió a su Hijo, y «como el Padre me envió,
también yo os envío» (Jn 20,21). De aquí, el mandato de evangelizar: «Id, pues,
enseñad a todas las naciones; bautizadlas en nombre del Padre y del Hijo y del
Espíritu Santo. enseñadles a observar todo lo que os mandé. He aquí que estoy
con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo» (Mt 28,19-20). Son
palabras simples y sublimes en las cuales están indicadas el deber de predicar
la verdad de la fe, la urgencia de la vida sacramental, la promesa de la
continuada asistencia de Cristo a su Iglesia. Éstas son realidades fundamentales
y se refieren a la instrucción en la fe y en la moral cristiana, y a la práctica de
los sacramentos. Donde Dios y su voluntad no son conocidos, donde no existe
la fe en Jesucristo ni su presencia en las celebraciones sacramentales, falta lo
esencial también para la solución de los urgentes problemas sociales y políticos.
La fidelidad al primado de Dios y de su voluntad, conocida y vivida en
comunión con Jesucristo, es el don esencial, que nosotros Obispos y sacerdotes
debemos ofrecer a nuestro pueblo (cf. Populorum progressio 21).

3. El ministerio episcopal nos impele al discernimiento de la voluntad salvífica,
en la búsqueda de una pastoral que eduque el Pueblo de Dios a reconocer y
acoger los valores trascendentes, en la fidelidad al Señor y al Evangelio.

Es verdad que los tiempos de hoy son difíciles para la Iglesia y muchos de sus
hijos están atribulados. La vida social está atravesando momentos de confusión.
Se ataca impunemente la santidad del matrimonio y de la
familia, comenzando por hacer concesiones delante de presiones capaces de
incidir negativamente sobre los procesos legislativos; se justifican algunos
crímenes contra la vida en nombre de los derechos de la libertad individual; se
atenta contra la dignidad del ser humano; se extiende la herida del divorcio y de
las uniones libres. Aún más: en el seno de la Iglesia, cuando el valor del
compromiso sacerdotal es cuestionado como entrega total a Dios a través del
celibato apostólico y como disponibilidad total para servir a las almas, dándose
preferencia a las cuestiones ideológicas y políticas, incluso partidarias, la
estructura de la consagración total a Dios empieza a perder su significado más
profundo. ¿Cómo no sentir tristeza en nuestra alma? Pero tened confianza: la
Iglesia es santa e incorruptible (cf. Ef 5,27). Decía San Agustín: “¿Titubeará la
Iglesia si titubea su fundamento, pero podrá quizá Cristo titubear? Visto que
Cristo no titubea, la Iglesia permanecerá intacta hasta el fin de los tiempos”
(Enarrationes in Psalmos, 103,2,5; PL, 37, 1353).

Entre los problemas que abruman vuestra solicitud pastoral está, sin duda, la
cuestión de los católicos que abandonan la vida eclesial. Parece claro que la
causa principal, entre otras, de este problema, pueda ser atribuida a la falta de
una evangelización en la que Cristo y su Iglesia estén en el centro de toda
explicación. Las personas más vulnerables al proselitismo agresivo de las
sectas – que es motivo de justa preocupación – e incapaces de resistir a las
embestidas del agnosticismo, del relativismo y del laicismo son generalmente
los bautizados no suficientemente evangelizados, fácilmente influenciabais
porque poseen una fe fragilizada y, a veces, confusa, vacilante e ingenua,
aunque conserven una religiosidad innata. En la Encíclica Deus caritas est
recordé que “Al inicio del ser cristiano, no hay una decisión ética o una gran
idea, mas el encuentro con un acontecimiento, con una Persona que da a la vida
un nuevo horizonte y, de esta forma, el rumbo decisivo” (N. 1). Es necesario,
por tanto, encaminar la actividad apostólica como una verdadera misión dentro
del rebaño que constituye la Iglesia Católica en Brasil, promoviendo una
evangelización metódica y capilar en vista de una adhesión personal y
comunitaria a Cristo. se trata efectivamente de no ahorrar esfuerzos en la
búsqueda de los católicos apartados y de aquéllos que poco o nada conocen
sobre Jesucristo, a través de una pastoral de la acogida que les ayude a sentir a
la Iglesia como lugar privilegiado del encuentro con Dios y mediante un
itinerario catequético permanente.

Una misión evangelizadora que convoque todas las fuerzas vivas de este
inmenso rebaño. Mi pensamiento se dirige, por tanto, a los sacerdotes,
religiosos, religiosas y laicos que se prodigan, muchas veces con inmensas
dificultades, para la difusión de la verdad evangélica. Entre ellos, muchos
colaboran o participan activamente en las Asociaciones, en los Movimientos y
en otras nuevas realidades eclesiales que, en comunión con sus Pastores y de
acuerdo con las orientaciones diocesanas, llevan su riqueza espiritual,
educativa y misionera al corazón de la Iglesia, como preciosa experiencia y
propuesta de vida cristiana.

En este esfuerzo evangelizador, la comunidad eclesial se destaca por las
iniciativas pastorales, al enviar, sobretodo entre las casas de las periferias
urbanas y del interior, sus misioneros, laicos o religiosos, buscando dialogar
con todos en espíritu de comprensión y de delicada caridad. Pero si las
personas encontradas están en una situación de pobreza, es necesario ayudarlas,
como hacían las primeras comunidades cristianas, practicando la solidaridad,
para que se sientan amadas de verdad. El pueblo pobre de las periferias urbanas
o del campo necesita sentir la proximidad de la Iglesia, sea en el socorro de sus
necesidades más urgentes, como también en la defensa de sus derechos y en la
promoción común de una sociedad fundamentada en la justicia y en la paz. Los
pobres son los destinatarios privilegiados del Evangelio y un Obispo, modelado
según la imagen del Buen Pastor, debe estar particularmente atento en ofrecer
el divino bálsamo de la fe, sin descuidar del “pan material”. Como pude
evidenciar en la Encíclica Deus caritas est, “La Iglesia no puede descuidar el
servicio de la caridad, como no puede omitir los Sacramentos y la Palabra” (N.
22).

La vivencia sacramental, especialmente a través de la Confesión y de la
Eucaristía, adquiere aquí una importancia de primera grandeza. A vosotros
Pastores les cabe la principal tarea de asegurar la participación de los fieles en
la vida eucarística y en el Sacramento de la Reconciliación; debéis estar
vigilantes para que la confesión y la absolución de los pecados sean, de modo
ordinario, individual, tal como el pecado es un hecho hondamente personal (cf.
Exort. ap. post-sinodal Reconciliatio et penitentia, N. 31, III). Solamente la
imposibilidad física o moral excusa al fiel de esta forma de confesión,
pudiendo en este caso conseguir la reconciliación por otros medios (Cân. 960;
cf. Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica, N. 311). Por eso, conviene
infundir en los sacerdotes la práctica de la generosa disponibilidad para atender
a los fieles que recurren al Sacramento de la misericordia de Dios (Carta ap.
Misericordia Dei, 2).

4. Recomenzar desde Cristo en todos los ámbitos de la misión. Redescubrir en
Jesús el amor y la salvación que el Padre nos da, por el Espíritu Santo. Ésta es
la substancia, la raíz, de la misión episcopal que hace del Obispo el primero
responsable por la catequesis diocesana. En efecto, tiene la dirección superior
de la catequesis, rodeándose de colaboradores competentes y merecedores de
confianza. Es obvio, por tanto, que sus catequistas no son simples
comunicadores de experiencias de fe, sino que deben ser auténticos
transmisores, bajo la guía de su Pastor, de las verdades reveladas. La fe es
una caminata conducida por el Espíritu Santo que se condensa en dos palabras:
conversión y seguimiento. Ésas dos palabras-llave de la tradición cristiana
indican con claridad, que la fe en Cristo implica una práxis de vida basada en el
doble mandamiento del amor, a Dios y al prójimo, y expresan también la
dimensión social de la vida cristiana.

La verdad supone un conocimiento claro del mensaje de Jesús, transmitida
gracias a un comprensible lenguaje inculturado, pero necesariamente fiel a la
propuesta del Evangelio. En los tiempos actuales es urgente un conocimiento
adecuado de la fe, como está bien sintetizada en el Catecismo de la Iglesia
Católica con su Compendio. Hace parte de la catequesis esencial también la
educación a las virtudes personales y sociales del cristiano, como también la
educación a la responsabilidad social. Exactamente porque fe, vida y
celebración de la sagrada liturgia como fuente de fe y de vida, son inseparables,
es necesaria una aplicación más correcta de los principios indicados por el
Concilio Vaticano II en lo que respecta a la Liturgia de la Iglesia, incluyendo
las disposiciones contenidas en el Directorio para los Obispos (nn.145-151),
con el propósito de devolver a la Liturgia su carácter sagrado. Es con esta
finalidad que mi Venerable predecesor en la Cátedra de Pedro, Juan Pablo II,
quiso renovar “un vehemente apelo para que las normas litúrgicas sean
observadas, con gran fidelidad, en la celebración eucarística” (…) “La liturgia
jamás es propiedad privada de alguien, ni del celebrante, ni de la comunidad
donde son celebrados los santos misterios” (Carta encl. Ecclesia de Eucharistia,
N. 52). Redescubrir y valorar la obediencia a las normas litúrgicas por parte de
los Obispos, como “moderadores de la vida litúrgica de la Iglesia”, significa
dar testimonio de la misma Iglesia, una y universal, que preside en la caridad.

5. Es necesario un salto de calidad en la vivencia cristiana del pueblo, para que
pueda testimoniar su fe de forma límpida y elucidada. Esa fe, celebrada y
participada en la liturgia y en la caridad, nutre y fortifica la comunidad de los
discípulos del Señor y los edifica como Iglesia misionera y profética. El
Episcopado brasileño posee una estructura de gran envergadura, cuyos
Estatutos fueron hace poco revisados para su mejor desempeño y una
dedicación más exclusiva al bien de la Iglesia. El Papa vino a Brasil para
pediros que, en el seguimiento de la Palabra de Dios, todos los Venerables
Hermanos en el episcopado sepan ser portadores de eterna salvación para
todos los que le obedecen (cf. Hb 5,10). Nosotros, pastores, en la línea del
compromiso asumido como sucesores de los Apóstoles, debemos ser fieles
servidores de la Palabra, sin visiones reductivas y confusiones en la misión que
nos es confiada. No basta observar la realidad desde la fe; es necesario trabajar
con el Evangelio en las manos y fundamentados en la correcta herencia de la
Tradición Apostólica, sin interpretaciones movidas por ideologías racionalistas.
Es así que, “en las Iglesias particulares compete al Obispo conservar e
interpretar la Palabra de Dios y juzgar con autoridad aquello que está o no de
acuerdo con ella” (Congr. para la Doctrina de la Fe, Instr. sobre la vocación
eclesial del teólogo, N. 19). Él, como Maestro de fe y de doctrina, podrá contar
con la colaboración del teólogo que “en su dedicación al servicio de la verdad,
deberá, para permanecer fiel a su función, llevar en cuenta la misión propia del
Magisterio y colaborar con él” (ib. 20). El deber de conservar el depósito de la
fe y de mantener su unidad exige estrecha vigilancia, de modo que éste sea
“conservado y transmitido fielmente y que las posiciones particulares sean
unificadas en la integridad del Evangelio de Cristo” (Directorio para el
Ministerio Pastoral de los Obispos, N. 126).

He aquí entonces la enorme responsabilidad que asumís como formadores del
pueblo, mayormente de vuestros sacerdotes y religiosos. Son ellos vuestros
fieles colaboradores. Conozco el empeño con que buscáis formar las nuevas
vocaciones sacerdotales y religiosas. La formación teológica y en las
disciplinas eclesiásticas exige una constante actualización, pero siempre de
acuerdo con el Magisterio auténtico de la Iglesia.

Apelo a vuestro celo sacerdotal y al sentido de discernimiento de las
vocaciones, también para saber complementar la dimensión espiritual, psicoafectiva,
intelectual y pastoral en jóvenes maduros y disponibles al servicio de
la Iglesia. Un buen y asiduo acompañamiento espiritual es indispensable para
favorecer la maduración humana y evita el riesgo de desvíos en el campo de la
sexualidad. Tened siempre presente que el celibato sacerdotal es un don “que la
Iglesia recibió y quiere guardar, convencida de que él es un bien para ella y
para el mundo” (Directorio para el ministerio y la vida de los presbíteros, N.
57).

Me gustaría encomendar a vuestra solicitud también las Comunidades
religiosas que se insertan en la vida de la propia Diócesis. Es una contribución
preciosa que ofrecen, pues, a pesar de la “diversidad de dones, el Espíritu es el
mismo” (1 Color 12,4). La Iglesia no puede sino manifestar alegría y aprecio
por todo aquello que los Religiosos vienen realizando mediante Universidades,
escuelas, hospitales y otras obras e instituciones.

6. Conozco la dinámica de vuestras Asambleas y el esfuerzo por definir los
diverso planes pastorales, que den prioridad a la formación del clero y de los
agentes de la pastoral. Algunos entre vosotros fomentasteis movimientos de
evangelización para facilitar la agrupación de los fieles en una línea de acción.
El Sucesor de Pedro cuenta con vosotros para que vuestra preparación se apoye
siempre en aquella espiritualidad de comunión y de fidelidad a la Sede de
Pedro, a fin de garantizar que la acción del Espíritu no sea vana. Con efecto, la
integridad de la fe, junto a la disciplina eclesial, es, y será siempre, tema que
exigirá atención y desvelo por parte de todos vosotros, sobretodo cuando se
trata de sacar las consecuencias del hecho que existe «una sola fe y un solo
bautismo».

Como sabéis, entre los varios documentos que se ocupan de la unidad de los
cristianos está el Directorio para el ecumenismo publicado por el Pontificio
Consejo para la Unidad de los Cristianos. El Ecumenismo, o sea, la búsqueda
de la unidad de los cristianos se vuelve en ése nuestro tiempo, en el cual se
verifica el encuentro de las culturas y el desafío del secularismo, una tarea
siempre más urgente de la Iglesia católica. Con la multiplicación, sin embargo,
de cada vez nuevas denominaciones cristianas y, sobretodo delante de ciertas
formas de proselitismo, frecuentemente agresivo, el empeño ecuménico se
vuelve una tarea compleja. En tal contexto es indispensable una buena
formación histórica y doctrinal, que posibilite el necesario discernimiento y
ayude a entender la identidad específica de cada una de las comunidades, los
elementos que dividen y aquellos que ayudan en el camino de construcción de
la unidad. El gran campo común de colaboración debería ser la defensa de los
fundamentales valores morales, transmitidos por la tradición bíblica, contra su
destrucción en una cultura relativista y consumista; más aún, la fe en Dios
creador y en Jesucristo, su Hijo encarnado. Además vale siempre el principio
del amor fraterno y de la búsqueda de comprensión y de proximidad mutuas;
pero también la defensa de la fe de nuestro pueblo, confirmándolo en la feliz
certeza, de que la “unica Christi Ecclesia… subsistit in Ecclesia catholica, a
successore Petri et Episcopis in eius communione gubernata” (“la única Iglesia
de Cristo… subsiste en la Iglesia Católica gobernada por el sucesor de Pedro y
por los Obispos en comunión con él”) (Lumen gentium 8).

En este sentido se procederá a un franco diálogo ecuménico, a través del
Consejo Nacional de las Iglesias Cristianas, celando por el pleno respeto de las
demás confesiones religiosas, deseosas de mantenerse en contacto con la
Iglesia Católica en Brasil.

7. No es ninguna novedad la constatación de que vuestro país convive con un
déficit histórico de desarrollo social, cuyos rasgos extremos son el inmenso
contingente de brasileños viviendo en situación de indigencia y una
desigualdad en la distribución de la renta que alcanza niveles muy elevados. A
vosotros, venerables Hermanos, como jerarquía del pueblo de Dios, os compete
promover la búsqueda de soluciones nuevas y llenas de espíritu cristiano. Una
visión de la economía y de los problemas sociales, desde la perspectiva de la
doctrina social de la Iglesia, lleva a considerar las cosas siempre desde el punto
de vista de la dignidad del hombre, que trasciende el simple juego de los
factores económicos. Se debe, por eso, trabajar incansablemente por la
formación de los políticos, de los brasileños que tienen algún poder decisivo,
grande o pequeño y, en general, de todos los miembros de la sociedad, de modo
que asuman plenamente las propias responsabilidades y sepan dar un rostro
humano y solidario a la economía.

Ocurre formar en las clases políticas y empresariales un auténtico espíritu de
veracidad y de honestidad. Quien asuma un liderazgo en la sociedad, debe
buscar prever las consecuencias sociales, directas e indirectas, a corto y a largo
plazo, de las propias decisiones, actuando según criterios de maximización del
bien común, en vez de buscar ganancias personales.

8. Queridos hermanos, si Dios quiere, encontraremos otras oportunidades para
profundizar las cuestiones que interpelan nuestra solicitud pastoral conjunta.
Esta vez, quise exponer, ciertamente de manera no exhaustiva, los temas más
relevantes que se imponen a mi consideración de Pastor de la Iglesia universal.
Os transmito mi afectuoso ánimo que es, al mismo tiempo, una fraterna y
sentida plegaria: para que procedáis y trabajéis siempre, como venís haciendo,
en concordia, teniendo como vuestro fundamento una comunión que en la
Eucaristía encuentra su momento cúlmen y su manantial inagotable. Confío
todos vosotros a María Santísima, Madre de Cristo y Madre de la Iglesia,
mientras que de todo corazón os concedo, a cada uno de vosotros y a vuestras
respectivas Comunidades, la Bendición Apostólica.
¡Gracias!

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¿Qué dice el Documento de Aparecida sobre la Pastoral Urbana?

pastoral urbana aparecida
El documento conclusivo de la Conferencia de Aparecida señala:

10.6 LA PASTORAL URBANA
509. El cristiano de hoy no se encuentra más en la primera línea de la
producción cultural, sino que recibe su influencia y sus impactos.
Las grandes ciudades son laboratorios de esa cultura contemporánea
compleja y plural.
510. La ciudad se ha convertido en el lugar propio de nuevas culturas
que se están gestando e imponiendo con un nuevo lenguaje y
una nueva simbología. Esta mentalidad urbana se extiende también
al mismo mundo rural. En definitiva, la ciudad trata de armonizar
la necesidad del desarrollo con el desarrollo de las necesidades,
fracasando frecuentemente en este propósito.
511. En el mundo urbano, acontecen complejas transformaciones
socioeconómicas, culturales, políticas y religiosas que hacen im-

pacto en todas las dimensiones de la vida. Está compuesto de
ciudades satélites y de barrios periféricos.
512. En la ciudad, conviven diferentes categorías sociales tales como
las élites económicas, sociales y políticas; la clase media con
sus diferentes niveles y la gran multitud de los pobres. En ella
coexisten binomios que la desafían cotidianamente: tradiciónmodernidad,
globalidad-particularidad, inclusión-exclusión,
personalización-despersonalización, lenguaje secular-lenguaje
religioso, homogeneidad-pluralidad, cultura urbana-pluriculturalismo.
513. La Iglesia en sus inicios se formó en las grandes ciudades de su
tiempo y se sirvió de ellas para extenderse. Por eso, podemos realizar
con alegría y valentía la evangelización de la ciudad actual.
Ante la nueva realidad de la ciudad se realizan en la Iglesia nuevas
experiencias, tales como la renovación de las parroquias,
sectorización, nuevos ministerios, nuevas asociaciones, grupos,
comunidades y movimientos. Pero se notan actitudes de miedo a
la pastoral urbana; tendencias a encerrarse en los métodos antiguos
y de tomar una actitud de defensa ante la nueva cultura, de
sentimientos de impotencia ante las grandes dificultades de las
ciudades.
514. La fe nos enseña que Dios vive en la ciudad, en medio de sus
alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus dolores y
sufrimientos. Las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades,
como por ejemplo, violencia, pobreza, individualismo y exclusión,
no pueden impedirnos que busquemos y contemplemos
al Dios de la vida también en los ambientes urbanos. Las ciudades
son lugares de libertad y oportunidad. En ellas las personas
tienen la posibilidad de conocer a más personas, interactuar y
convivir con ellas. En las ciudades es posible experimentar vínculos
de fraternidad, solidaridad y universalidad. En ellas el ser humano
es llamado constantemente a caminar siempre más al encuentro
del otro, convivir con el diferente, aceptarlo y ser aceptado
por él.

515. El proyecto de Dios es “la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén”, que
baja del cielo, junto a Dios, “engalanada como una novia que se
adorna para su esposo”, que es
la tienda de campaña que Dios ha instalado entre los
hombres. Acampará con ellos; ellos serán su pueblo y
Dios mismo estará con ellos. Enjugará las lágrimas de
sus ojos y no habrá ya muerte ni luto, ni llanto, ni dolor,
porque todo lo antiguo ha desaparecido (Ap 21, 2-4).
Este proyecto en su plenitud es futuro, pero ya está realizándose
en Jesucristo, “el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin” (21, 6), que
nos dice “Yo hago nuevas todas las cosas” (21, 5).
516. La Iglesia está al servicio de la realización de esta Ciudad Santa, a
través de la proclamación y vivencia de la Palabra, de la celebración
de la Liturgia, de la comunión fraterna y del servicio, especialmente,
a los más pobres y a los que más sufren, y así va transformando
en Cristo, como fermento del Reino, la ciudad actual.
517. Reconociendo y agradeciendo el trabajo renovador que ya se realiza
en muchos centros urbanos, la V Conferencia propone y recomienda
una nueva pastoral urbana que:
a) Responda a los grandes desafíos de la creciente urbanización.
b) Sea capaz de atender a las variadas y complejas categorías
sociales, económicas, políticas y culturales: pobres, clase
media y élites.
c) Desarrolle una espiritualidad de la gratitud, de la misericordia,
de la solidaridad fraterna, actitudes propias de quien ama
desinteresadamente y sin pedir recompensa.
d) Se abra a nuevas experiencias, estilos, lenguajes que puedan
encarnar el Evangelio en la ciudad.
e) Transforme a las parroquias cada vez más en comunidades
de comunidades.

f) Apueste más intensamente a la experiencia de comunidades
ambientales, integradas en nivel supraparroquial y diocesano.
g) Integre los elementos propios de la vida cristiana: la Palabra,
la Liturgia, la comunión fraterna y el servicio, especialmente, a
los que sufren pobreza económica y nuevas formas de pobreza.
h) Difunda la Palabra de Dios, la anuncie con alegría y valentía y
realice la formación de los laicos de tal modo que puedan
responder las grandes preguntas y aspiraciones de hoy e insertarse
en los diferentes ambientes, estructuras y centros de
decisión de la vida urbana.
i) Fomente la pastoral de la acogida a los que llegan a la ciudad
y a los que ya viven en ella, pasando de un pasivo esperar a un
activo buscar y llegar a los que están lejos con nuevas estrategias
tales como visitas a las casas, el uso de los nuevos
medios de comunicación social, y la constante cercanía a lo
que constituye para cada persona su cotidianidad.
j) Brinde atención especial al mundo del sufrimiento urbano,
es decir, que cuide de los caídos a lo largo del camino y a los
que se encuentran en los hospitales, encarcelados, excluidos,
adictos a las drogas, habitantes de las nuevas periferias,
en las nuevas urbanizaciones, y a las familias que, desintegradas,
conviven de hecho.
k) Procure la presencia de la Iglesia, por medio de nuevas parroquias
y capillas, comunidades cristianas y centros de
pastoral, en las nuevas concentraciones humanas que crecen
aceleradamente en las periferias urbanas de las grandes
ciudades por efectos de migraciones internas y situaciones
de exclusión.
518. Para que los habitantes de los centros urbanos y sus periferias,
creyentes o no creyentes, puedan encontrar en Cristo la plenitud
de vida, sentimos la urgencia de que los agentes de pastoral en
cuanto discípulos y misioneros se esfuercen en desarrollar:

a) Un estilo pastoral adecuado a la realidad urbana con atención
especial al lenguaje, a las estructuras y prácticas
pastorales así como a los horarios.
b) Un plan de pastoral orgánico y articulado que integre en un
proyecto común a las parroquias, comunidades de vida consagrada,
pequeñas comunidades, movimientos e instituciones
que inciden en la ciudad y que su objetivo sea llegar al
conjunto de la ciudad. En los casos de grandes ciudades en
las que existen varias Diócesis se hace necesario un plan
interdiocesano.
c) Una sectorización de las parroquias en unidades más pequeñas
que permitan la cercanía y un servicio más eficaz.
d) Un proceso de iniciación cristiana y de formación permanente
que retroalimente la fe de los discípulos del Señor integrando
el conocimiento, el sentimiento y el comportamiento.
e) Servicios de atención, acogida personal, dirección espiritual
y del sacramento de la reconciliación, respondiendo a la
soledad, a las grandes heridas sicológicas que sufren muchos
en las ciudades, teniendo en cuenta las relaciones
interpersonales.
f) Una atención especializada a los laicos en sus diferentes categorías:
profesionales, empresariales y trabajadores.
g) Procesos graduales de formación cristiana con la realización
de grandes eventos de multitudes, que movilicen la ciudad,
que hagan sentir que la ciudad es un conjunto, es un todo,
que sepan responder a la afectividad de sus ciudadanos y en
un lenguaje simbólico sepan transmitir el Evangelio a todas
las personas que viven en la ciudad.
h) Estrategias para llegar a los lugares cerrados de las ciudades
como urbanizaciones, condominios, torres residenciales o
aquellos ubicados en los así llamados tugurios y favelas.

i) La presencia profética que sepa levantar la voz en relación a
cuestiones de valores y principios del Reino de Dios, aunque
contradiga todas las opiniones, provoque ataques y se quede
sola en su anuncio. Es decir, que sea farol de luz, ciudad colocada
en lo alto para iluminar.
j) Una mayor presencia en los centros de decisión de la ciudad
tanto en las estructuras administrativas como en las organizaciones
comunitarias, profesionales y de todo tipo de asociación
para velar por el bien común y promover los valores
del Reino.
k) La formación y acompañamiento de laicos y laicas que, influyendo
en los centros de opinión, se organicen entre sí y puedan
ser asesores para toda la acción eclesial.
l) Una pastoral que tenga en cuenta la belleza en el anuncio de
la Palabra y en las diversas iniciativas ayudando a descubrir la
plena belleza que es Dios.
m) Servicios especiales que respondan a las diferentes actividades
propias de la ciudad: trabajo, ocio, deportes, turismo, arte,
etc.
n) Una descentralización de los servicios eclesiales de modo que
sean muchos más los agentes de pastoral que se integren a
esta misión, teniendo en cuenta las categorías profesionales.
o) Una formación pastoral de los futuros presbíteros y agentes
de pastoral capaz de responder a los nuevos retos de la cultura
urbana.
519. Todo lo anteriormente dicho no quita importancia, sin embargo,
a una renovada pastoral rural que fortalezca a los habitantes del
campo y su desarrollo económico y social, contrarrestando las
migraciones. A ellos se les debe anunciar la Buena Nueva para
que enriquezcan sus propias culturas y las relaciones comunitarias
y sociales.

Catequistas argentinos aprenden a distancia pastoral urbana

Fuente Zenit.org
Permalink: http://zenit.org/article-36001?l=spanish

En el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos de México

CIUDAD DE MÉXICO, viernes, 9 julio 2010 (ZENIT.org).- Este jueves, concluyó el curso a distancia que se impartió a agentes de pastoral, especialmente docentes-catequistas de Argentina, mediante una colaboración especial entre el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos (ISEE) de la Archidiócesis de México y el Instituto Monseñor Raspanti de la Diócesis de Morón en Argentina.

El promotor de esta iniciativa fue el padre Osvaldo Nápoli, responsable nacional de catequesis en Argentina y  promotor de la evangelización en Sudamérica, informa a ZENIT el ISEE.

Bajo la titularidad del profesor Jesús Antonio Serrano, Coordinador de la Maestría en Pastoral Urbana del ISEE, se formalizó un plan de estudios a distancia en el cual colaboró también el profesor Juan Carlos Baena de la Diócesis de Hermosillo, Sonora, México.  

Los quince asistentes procedían tanto de Buenos Aires y Haedo, como de las ciudades de Córdoba y Tucumán. Se trata de  destinatarios que provienen tanto de la docencia en colegios católicos como en colegios públicos, servidores públicos y comunicadores.

Todos ellos se enfrentan a inquietudes y posiciones críticas propias de adolescentes y jóvenes con quienes buscan testimoniar una experiencia de fe y a partir de la escucha de sus vivencias y especialmente de sus actitudes religiosas de principio, que están a la espera también de una reflexión, una iluminación y el acompañamiento que les permita transformarse  y acercarse al amor de Jesucristo.

Otras realidades a las que tocan como agentes de pastoral corresponden a los sectores urbanos denominados por el padre Benjamín Bravo como «ciudades invisibles», es decir, realidades vitales y formas de agregación en las que están presentes ritos, símbolos y experiencias sagradas como un sustrato en el cual es posible hacer presente y actuante el Evangelio.

No sólo marginados y migrantes, sino policías, profesores, padres y madres de familia de los entornos postmodernos son sujetos de una pastoral urbana caracterizada por asumir la pluralidad, disponerse a las escucha y reconocer los valores presentes en las mismas personas.

De los positivos resultados de esta experiencia derivó el compromiso de repetir en 2011 el curso para Argentina y buscar acercarlo a públicos tanto de México como de otros países de América Latina.

Más información en: www.raspanti.edu.ar y en www.pastoralurbana.info  

Cultura urbana y conversión pastoral en América Latina

Autor: CELAM | Fuente: Zenit.org
Cultura urbana y conversión pastoral en América Latina
ublicamos las conclusiones del «Encuentro sobre cultura urbana y conversión pastoral a la luz de Aparecida, en el horizonte de la Misión Continental» convocado el Departamento de Cultura y Educación (Sección Cultura) del Consejo Episcopal Latinoameicano (CELAM)
 
Cultura urbana y conversión pastoral en América Latina
Cultura urbana y conversión pastoral en América Latina

Introducción

«Dios vive en la ciudad» (DA 514). Esta profunda certeza de fe ha animado a los pastores de América Latina y el Caribe reunidos en la Conferencia de Aparecida a prestar atención a los múltiples aspectos de la cultura urbana actual y a reconocer en ella y asumir desde ella los desafíos de una nueva pastoral urbana (DA 509-519).

Con ánimo de buscar caminos para una profunda conversión pastoral ante esta nueva invitación de Dios, el Departamento de Cultura y Educación del CELAM, por medio de la Sección Cultura, realizó un Encuentro sobre Cultura Urbana y Conversión Pastoral, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, del 1° al 5 de marzo de 2010. Se ha contado con la valiosa colaboración de once expositores, que han enriquecido la visión del fascinante y el complejo mundo de nuestras ciudades, desde ángulos diversos. Ellos han intentado aprovechar la vasta experiencia urbana que la Iglesia ha tenido desde sus orígenes y en toda su historia, especialmente en nuestro continente (cf. DA 513).

Como marco general de esta reflexión pastoral, partimos de la relectura histórica y de una proyección pastoral del camino recorrido por la Iglesia Latinoamericana en las cuatro Conferencias Generales del Episcopado en el posconcilio y en los diversos planes, iniciativas, encuentros y publicaciones del CELAM. El fenómeno de la urbanización creciente (Medellín) condujo a proponer la evangelización de la ciudad moderna (Puebla), una nueva inculturación del Evangelio en la cultura de nuestras urbes (Santo Domingo) y una nueva pastoral urbana en una Iglesia más misionera (Aparecida) (Pbro. Dr. Carlos María Galli).

La ciudad se ha presentado como una realidad intercultural (R.P. Dr. Jorge Roberto Seibold, S.J.) nada libre de las influencias del relativismo (Mons. Dr. Alfredo Horacio Zecca). En esta dimensión cultural, la ciudad integra diversos aspectos de la cultura popular (Pbro. Dr. José Carlos Caamaño). Mucho más que su realidad inmediatamente tangible, la ciudad se construye a través de los imaginarios de los ciudadanos (Pbro. Lic. Jaime Alberto Mancera). Son ellos quienes configuran de modos muy diversos los universos de sentido, constituyendo verdaderas y propias ciudades invisibles dentro de la gran ciudad (Pbro. Jorge Eduardo Scheinig). Los medios de comunicación social en la cultura urbana provocan transformaciones de una profundidad y celeridad inauditas (Pbro. Lic. Jorge Oesterheld). La ciudad revela también a esta mirada sus fragilidades: incomunicación, soledad, desarraigo, anonimato, vorágine, fugacidad (Prof. Antonio Pérez García).

La perspectiva pastoral exige profundizar la mirada en clave teologal. Así en la cultura urbana se reconocen distintas realidades en el ámbito religioso, entre las que se cuentan los valores de la piedad popular que contrastan con otros fenómenos: agnosticismo, indiferencia, sincretismo religioso, «new age» práctica y secularismo (Pbro. Dr. Juan Roger Rodríguez Ruiz), y se exponen algunos criterios orientadores hacia una teología de la ciudad (Dra. Virginia Raquel Azcuy). Como ejemplo inspirador para la evangelización en la ciudad, sigue vigente la experiencia del apóstol san Pablo, quien fue un evangelizador urbano que asumió las redes de comunicación y los ámbitos naturales de encuentro en el seno de las ciudades, incluyendo las sinagogas mediterráneas. Para lograrlo, no resultó accidental el simultáneo conocimiento y dominio, que tuvo Pablo, de las lenguas y culturas: judía, griega y romana (Pbro. Dr. Gerardo Söding).

Las exposiciones contribuyeron a animar los debates, los talleres en grupos y el plenario con los participantes. Estas Conclusiones intentan reflejar, en una brevísima síntesis, algunos aspectos más relevantes de una experiencia de diálogo e intercambio, que han resultado ser iluminadora, rica, densa, desafiante, por lo que requeriría ser proseguida.

Conclusiones

El título del Encuentro: «Cultura Urbana y Conversión Pastoral» constituyó un desafío muy particular: hemos de ser capaces de asumir lo urbano como un escenario cultural multifacético que hoy es posible re evangelizar. La conversión pastoral nos exige conocer y explorar con detenimiento los disímiles escenarios urbanos, sus múltiples lenguajes, fracturas e identidades, para poder llegar a identificarnos con ellos, dominar sus plurales formas de comunicación y aprender nuevos modos de ser «prójimos» en la gran ciudad. Por tanto proponemos:

1. La toma de conciencia sobre la cultura urbana en la pastoral

Diversos intentos de respuestas pastorales, todavía parciales, en muchas de nuestras Iglesias locales, indican que hay alguna conciencia de esta problemática que, sin embargo, se percibe como aún escasa, germinal. De crecimiento lento y progresivo, ella aún necesita de impulsos fuertes para expandirse y extenderse a las distintas iniciativas y realidades de una pastoral urbana más incisiva, acertada, inculturada y eficaz, en las -muy diversas y, a la vez, semejantes- ciudades de América Latina y el Caribe.

2. La complejidad y ambigüedad de la cultura urbana

Un aspecto de la conversión es la actitud inicial con la que procuramos mirar la realidad de la cultura urbana. Hemos realizado el intento de contemplarla desde dentro: involucrándonos en ella. La hemos mirado como un desafío pastoral y no predominantemente como una confusión aplastante, negativa o amenazante, en razón de sus aspectos más desconocidos y temibles (cf. DA 513).

Recurrimos a algunos binomios (cf. DA 512) para expresar: tanto la complejidad como la ambigüedad de la cultura urbana. Ellas se muestran desde:

las experiencias personales y los problemas conocidos socialmente los vínculos que se establecen y las rupturas que se padecen las oportunidades de mayor humanidad y las nuevas realidades inhumanas los centros urbanos, las periferias suburbanas, las redes de ciudades y la creciente influencia de la urbe en los ámbitos rurales el conocimiento y la afectividad los espacios y los flujos los habitantes, los viajeros y los excluidos lo local y lo global la información y la comunicación la dispersión y la concentración la experiencia del desarraigo y las nuevas formas de vecindad lo rural y lo urbano la pluralidad cultural y el diálogo intercultural las posibilidades de comunión y las nuevas injusticias y exclusiones lo humano y lo divino que configuran el «misterio» en la ciudad con agentes pastorales que se ven, a la vez, dentro y fuera del contexto urbano.

Éstas y otras realidades contrastantes atraviesan la cultura urbana con todas las gamas de luces, sombras y amplitud de grises, propios de la libertad humana en la historia; y exigen un cuidadoso discernimiento pascual de los signos o indicios de vida y de muerte.

3. La necesidad de múltiples aproximaciones a la cultura urbana

La «cultura» incluye un conjunto de vínculos (cf. DA 476) y, en cuanto tal, convoca a la colaboración entre las diversas ciencias de lo humano. En la «urbe» se hablan muchos «lenguajes» simultáneos y nadie puede, en la actualidad, comunicarse y discernir acerca de todos ellos. Tanto desde la orientación evangelizadora de los pastores como, sobre todo, desde el pensamiento, experiencia y acción de sus ciudadanos laicos, se requiere un trabajo interdisciplinar.

Será importante identificar y precisar los límites de cada disciplina y de su método para conocer mejor la actual cultura urbana. Los acercamientos de las ciencias humanas y sociales son parciales, y requieren un diálogo entre ellas y de ellas con la filosofía y con la teología.

4. El discernimiento requerido

Supuestos los análisis que las ciencias humanas aportan, en sus diversos niveles, nos referimos al «discernimiento» en su nivel «teologal» y «sapiencial», y por tanto: propiamente teológico y pastoral. Se requiere un discernimiento sobre las actitudes (¿cómo salir de la rutina o de la inercia?) acerca de la Iglesia en la ciudad (¿cómo salir de la perplejidad?) y sobre las estrategias para la acción (¿cómo responder creativamente?).

Será necesario determinar y comprometer específicamente a los diversos sujetos, particularmente a los fieles laicos, que han discernir los nuevos signos de los tiempos presentes en el mundo urbano, para reformular las diversas instancias de la vida y la acción pastoral.

En cuanto expresión de nuestra fe trinitaria y cristocéntrica, el discernimiento teologal atiende a la acción de las Personas divinas en la/s cultura/s. Creer que «Dios habita en la ciudad» implica discernir al Padre en su providencia salvífica, al Hijo Jesucristo en los signos del Reino de Dios, al Espíritu Santo en los «indicios» o «gérmenes» de Vida plena que suscita. Hay que descubrir, reconocer y cultivar toda esta obra divina en medio de y a través de todas las ambigüedades y complejidades de la vida y la convivencia de los ciudadanos de nuestras urbes, quienes no pocas veces parecen referirse a lo divino sólo como ausencia o nostalgia.

En este arduo trabajo común, será necesario atender más a las expresiones actuales de la religiosidad y la «mística» popular (cf. DA 262), y revisar críticamente los estilos y lenguajes empleados por las diversas áreas de la vida pastoral (primer anuncio, misión, liturgia, catequesis y predicación) para verificar si efectivamente responden a los nuevos desafíos (cf. DA 517d) que se presentan en las urbes.

La contemplación del Amor de Dios Trinidad «inclinado» hacia el ser humano sufriente, vuelve a requerir desde lo más profundo de la fe cristiana el discernimiento (donde se da) y la realización (donde se reclama) de la misericordia divina en los gestos de compasión humana y de caridad pastoral hacia todas las múltiples formas del «sufrimiento urbano» (DA 517j). Los rostros de los pobres de siempre y los nuevos: son un llamado a hacerles presente, cercano y vivo, el amor misericordioso del Padre, en Cristo, por el Espíritu Santo y con María.

5. Sugerencias y propuestas de conversión y acción pastoral

Dentro del marco general que propone el acontecimiento de Aparecida acerca de la pastoral urbana (cf. DA 517) y de los agentes que la realizan (cf. DA 518), los participantes de este Encuentro se ha permitido subrayar algunos aspectos. Se hace necesario profundizar la reflexión y el estudio sistemático de esta realidad, tan vasta y compleja como desafiante, para acompañar el crecimiento de la conciencia eclesial y la audacia de una acción pastoral marcada por la conversión y la renovación en los lenguajes y estilos de comunicación.

En términos generales esto pide el desarrollo de un protagonismo laical mucho más decidido, no sólo desde los ámbitos profesionales propios, sino también desde su espiritualidad específica. Son ellos quienes hoy viven y desarrollan la ciudad. Es necesario promover, con audaz creatividad, los nuevos ministerios y servicios laicales que la ciudad requiera, como: la escucha, la salud, la investigación, la comunicación, el acompañamiento, el alivio, la educación, la solidaridad, etc.

El cambio de mentalidad que implica la conversión pastoral requiere también el trabajo en común, evitando los individualismos que llevan a un desaliento generalizado. El ejercicio del discernimiento pastoral ha de involucrar todos los niveles: regiones, diócesis, decanatos o arciprestazgos, parroquias, barrios, sectores y tribus urbanas. Así como una planificación y acción pastoral más cercana y capilar, en ocasión de los encuentros propios de la vida cotidiana en las urbes. La conversión pide también una mayor y más visible presencia pública de la Iglesia en la vida de la ciudad (cf. DA 517k). Hay que «ir» hacia lo urbano tanto en sus centros como en sus periferias existenciales (cf. DA 517j), con una presencia y una participación, efectivamente, activa.

Sin descuidar las instancias puntuales como: los sínodos, asambleas, encuentros, foros, y congresos, las propuestas más concretas se concentran en cuatro áreas de la investigación y la formación teológico-pastoral de carácter permanente:

a. Que el ITEPAL inicie una Sección específica dedicada al estudio y la promoción de la Pastoral Urbana, donde se pueda recoger y sistematizar todo lo trabajado desde el Concilio Vaticano II, profundizar la reflexión teológica e interdisciplinaria, y ofrecer un original servicio que ilumine y oriente la misión evangelizadora de la Iglesia en América Latina y el Caribe, en razón que el 80% de su población actual habita en ciudades. b. Que las Conferencias Episcopales, nacionales o por regiones, formen Equipos de Reflexión sobre este tema. En cada país la sede de ese equipo puede ser una diócesis o una arquidiócesis situada en una gran urbe o en una megalópolis. c. Que las Universidades Católicas, a través de Facultades, Institutos, Departamentos, Cátedras o Proyectos de diverso tipo, colaboren en la sensibilización, la investigación, la reflexión y la formación acerca de la cultura urbana, la evangelización y la acción pastoral en la ciudad. d. Que las Conferencias Episcopales promuevan y protejan la religiosidad popular, patrimonio de todos los sectores sociales, «precioso tesoro de la Iglesia Católica en América Latina» (Benedicto XVI).

Todos estos trabajos han de llegar, de modo eficaz y adecuado, para impregnar las diversas instancias posteriores de formación: catequesis, misión, liturgia, espiritualidad, vocación laical, etc.

El Espíritu alienta la misión y sólo Él hace posible la conversión de todo aquél que se abre a su acción. Con la confianza que con nuestro trabajo podamos oír su voz y seguir sus huellas, renovamos nuestro compromiso ciudadano como miembros del pueblo de Dios peregrino hacia la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén. Esperamos esa plenitud que «ya está realizándose en Jesucristo» (DA 515) y la anticipamos en el caminar misionero para que nuestros pueblos «puedan encontrar en Cristo la plenitud de vida» (DA 518).

24 de marzo 2010 Margit Eckholt en el ISEE

24 de marzo 2010 Margit Eckholt en el ISEE

El próximo 24 de marzo visitará el ISEE la Profa. Margit Eckholt, teóloga alemana con quien se coordinará un proyecto latinoamericano de Pastoral Urbana.

Presidenta del curatorio Profesora en Teología Dogmática Philosophisch-Theologische Hochschule der Salesianer Don Boscos Don-Bosco-Str. 1 83671 Benediktbeuern-Alemania

La doctora es coautora del libro «Juventud latinoamericana en los procesos de globalización, La Opción por los jóvenes», EUDEBA-FLACSO

Entrevista al Dr. Alfredo Nateras, profesor de la Maestría en Pastoral Urbana

El Dr. Alfredo Nateras es profesor titular de la Universidad Autónoma Metropolitana y es profesor invitado, experto en el tema de Jóvenes en la Maestría en Pastoral Urbana.

Como distinguido amigo y colaborador, nos parece muy destacable la entrevista que le realizó el periódico nacional La Jornada, que figura en primera plana en su edición del 12 de enero de 2009.

Suicidio y narco, “opciones” de jóvenes por el fracaso educativo
En 2008 al menos 349 mil 987, de entre 12 y 29 años, intentaron quitarse la vida
Karina Avilés/II y última
Periódico La Jornada
Martes 12 de enero de 2010, p. 33

Para muchos jóvenes la educación no tiene sentido, pues no les garantiza acceder a mínimos de bienestar. Siete millones de ellos, conocidos como ninis porque “ni estudian ni trabajan”, son blanco potencial de la ilegalidad. Ante ese panorama, se ha gestado entre la juventud un fenómeno de desesperanza y frustración, pero también de malestar social, que de acuerdo con expertos ya deja sentir sus efectos.

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Proyecto Académico del ISEE

Por Felipe Monroy

Las muchas opciones que los bautizados tienen en la ciudad de México para acrecentar sus conocimientos sobre la Iglesia Católica producen -hasta cierto punto- una pulverización de comunidades que caminan «cada quien por su lado», lo cual ha generado dispersión y falta de comunión entre agrupaciones católicas en la capital.

Ante este panorama el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos (ISEE) ha emprendido una estrategia pastoral operativa para poder dar opciones a sacerdotes, religiosos y laicos para formarse filosófica, teológica, litúrgica y catequéticamente en concordancia con el Proyecto Arquidiocesano al que el Cardenal Norberto Rivera Carrera convocó desde el inicio de su misión en la ciudad.

Así, cristianos bautizados, con los pies ya clavados o por clavar en el Proyecto Arquidiocesano de Evangelización, Misión y Formación Permanente, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos en general tienen la oportunidad de profundizar en sus conocimientos sobre las diferentes áreas de la vida católica: Teología, Filosofía, Liturgia, Catequesis y Pastoral.

Concordancia de proyectos

El P. Federico Altbach Núñez, director del Instituto, aseguró que el plan operativo del ISEE responde a los planteamientos arquidiocesanos principalmente las dos licenciaturas de Filosofía y Teología con la nueva modalidad «semipresencial»; la cual prevé el estudio autodidacta, asesorías vía web y en el instituto mismo; las maestrías en Pastoral Urbana y en Pedagogía Catequética y los diplomados en Pastoral Litúrgica y en Formación Musical. Además de la certificación de Agentes de Pastoral para la ciudad o para otras diócesis en acciones específicas.

El director de la licenciatura en Teología del ISEE, P. José Alberto Hernández Ibáñez explicó esta modernización del instituto por la exigencia misma de los laicos y la vida actual: «La gente está tomando más conciencia de la profesionalización en todos los campos, es muy sabido que muchos laicos se dedican a tomar diferentes cursos; hacen mil cursos, aglutinan títulos, pero en la acción pastoral específica hacen falta más capacidades y habilidades. Además se están dando cuenta que el estudio más profundo de la teología les permite, principalmente, la comprensión eclesial que es una de las intenciones del Cardenal: que haya más gente incorporada a la Iglesia».

«Hay necesidad de profundizar en conocimientos de fe, entre la gente hay un mayor deseo de misterios, se da cuenta de esta realidad social, humana, política, cultural y busca iluminar más su situación desde la fe. Esto se ve reflejado en mucha gente que, contando ya con una carrera, pretende la teología como una segunda carrera. La gente está consciente de muchos deberes civiles sino eclesiales y por eso quiere tener una mayor profundización teológica, eso como una respuesta a esta época», precisó el P. Hernández Ibáñez.

De la ciudad al orbe

Para los directivos del ISEE, la Arquidiócesis de México tiene la oportunidad de compartir sus conocimientos con otras realidades diocesanas urbanas y por ello, desde el 2007, el instituto creó la Maestría en Pastoral Urbana la cual ha tenido una buena recepción entre los sacerdotes de la ciudad y zona metropolitana de México al igual que de otras diócesis enclavadas en megaciudades.

Por ello buscan también aprovechar la certificación oficial de la Secretaría de Educación Pública de sus licenciaturas para vincular y revalidar estudios eclesiásticos a sacerdotes de otros institutos: «esto no es con el fin de intelectualizar la vida del sacerdote sino para poder generar opciones de acción pastoral, por ejemplo en escuelas, apostolados y diferentes espacios donde la validez oficial de sus estudios es de suma importancia», señaló el P. Altbach.

Además, a través de la publicación anual del ISEE, la Arquidiócesis de México hace presencia con sus investigadores en países como Argentina, Alemania, España, Japón, entre otras.

Agentes certificados

En este esfuerzo de la Arquidiócesis por profesionalizar la Misión Permanente y el Proyecto Evangelizador, el ISEE también proporciona el Certificado Arquidiocesano de Agente de Pastoral (CAAP) con el cual pretende que los egresados de estos estudios puedan tener la capacitación básica que les permita trabajar como agentes cualificados de pastoral en la capital o en otras diócesis.

Los laicos que tengan el CAAP también podrán ser reconocidos en diferentes áreas de trabajo para capacitarse en pastorales específica (enfermos, familias, presos, medios de comunicación, etcétera).