Una respuesta Pastoral para la Zona Metropolitana del Valle de México

Mtro. Jesús Antonio Serrano Sánchez

Coordinador

A diario periódicos y noticieros dan cuenta de un sin fin de acontecimientos que marcan el “paisaje” de la Ciudad de México y su zona conurbada, en ellos encontramos desde el aumento de precio a los productos básicos, el aumento del desempleo y del mercado informal así como hechos perturbadores como homicidios, secuestros y asaltos.

Este “paisaje” es ya cotidiano y normal para los que vivimos en la Ciudad. El tiempo y la frecuencia de estos acontecimientos nos han acostumbrado. Hay muchas cosas que se dan por sentadas aunque de hecho son deformaciones de la adecuada convivencia humana y la búsqueda de un desarrollo equilibrado para adultos y niños, hombres y mujeres. También están los recorridos y la itinerancia que llevamos por la Ciudad y que nos amolda a ella: recorremos los laberintos, brincando charcos, hoyos y montones de basura en Pantitlán,  Toreo o Indios Verdes, tenemos que lidiar con las inundaciones de Chimalhuacán, Neza y Chalco, en nuestra día a día pasamos por los apretones del metro o del metrobús, por los largos recorridos en micro, por no decir los interminables estacionamientos en avenidas como Plutarco Elías Calles, Cuitláhuac o Las Águilas, quienes viajan en carro se saben atajos, salen muy temprano de sus casas especialmente si viven por Ecatepec o Tecamac, para llegar a sus trabajos en Iztapalapa o Tlalpan. La duración del traslado es tan bien sabida que nos sorprendemos cuando nada más ¡hicimos una hora de viaje!

¿Qué buscas en esta Ciudad? Hasta lo que no te imaginas, ni sabes que existe lo puedes encontrar aquí. ¡Pásele, pásele! nos gritan en el tianguis, acá frente a los puestos de la parada, por allá en La San Felipe, en Santa Cruz Meyehualco o en Tepito y la Lagunilla. Por ejemplo, la ciudad de México y la zona circunvecina es alimentada diariamente por 25 mil toneladas de productos como: reses, pescados, pollos, puercos, avestruces, tomates, cebollas, chile, maíz, frijol y otros tantos miles de toneladas de abarrotes y alimentos que proviene de cualquier parte de México y del mundo. Todo eso nos comemos a diario y todo eso desechamos también, ya que la basura que producimos -12 mil toneladas diarias- termina en nuevos y más lejanos depósitos de basura, ya llenamos Santa Cruz, Santa Fe, Chalco y ahora el Bordo Poniente.

Vivir en una ciudad tan compleja y atribulada es todo un desafío para cualquiera, representa un reto de adaptación y de resistencia a condiciones inocultablemente adversas en términos de salud, medio ambiente, recursos naturales, servicios públicos y seguridad a las personas y su patrimonio. El concepto “calidad de vida” es relevante, pues la ciudad ofrece oportunidades y condiciones de bienestar a escala esto es, la misma concentración y tamaño de la población y la economía de la ciudad permiten que existan, por ejemplo, multitud de espectáculos: galerías, teatros, cines, museos, conferencias, librerías, etcétera, que se extrañan en las pequeñas ciudades y poblaciones. También es abundante la oferta de bienes de consumo que van desde ropa barata hasta ropa de diseñador que se vende en varios miles en exclusivas boutiques. Pero la ciudad también cobra un precio muy alto si consideramos la contaminación, la escasez de recursos como el agua, la aglomeración, despersonalización e inseguridad, asociadas a la masificación de la población.

Para los gobiernos es un reto generar mejoras en la calidad de vida en las urbes. Por eso también existe un desafío político y administrativo si se quiere proveer de más abundantes y mejores servicios públicos, lo cual también representa un alto costo económico y está expuesto a diferencias por las prioridades respecto a las necesidades comunes.

Por citar un ejemplo: la zona oriente del Valle de México sufre graves problemas por inundaciones, basura, inseguridad e insuficiencia del transporte y vialidades. Pero los recursos públicos son limitados y es necesario hacer un poco en cada ramo o bien otorgar prioridades. Para algunos ciudadanos es más urgente resolver las inundaciones, para otros en cambio lo será el transporte. ¿Hasta que punto nuestras aparentes e irreconciliables diferencias políticas son solamente diferencias en el orden de prioridades?

Otra cuestión relevante para la ciudad  son los patrones de poder, inclusión y marginación. En la urbe coexisten núcleos de poder, en principio porque es ciudad capital, sede del gobierno federal y de sus tres poderes, por eso la visión de la ciudad representa (aunque no necesariamente del mejor modo) las necesidades y problemáticas de todo el país. También es sede de los poderes económicos, en la ciudad se encuentran las casas matrices de muchas empresas que dan trabajo a millones de mexicanos y llegan a ser transnacionales, los bancos, la bolsa de valores y el Banco de México orientan todos los días el curso económico del país y por lo tanto su funcionamiento atañe a toda la sociedad.   Los partidos políticos operan desde la ciudad capital y desde allí articulan la agenda de los asuntos públicos, promueven la legislación y la administración pública.

Pero alrededor de estos núcleos de poder existen numerosos grupos sociales incluidos en mayor o menor medida, como los estudiantes, los obreros y campesinos, profesionistas, comerciantes, etcétera. Se trata de sectores sociales que participan de los asuntos públicos, se benefician de las oportunidades socialmente generadas y de alguna manera pueden hacer sentir su voz e intereses ante los grupos de poder. En cambio existen sectores marginados o excluidos, pobres e indigentes, chavos de la calle, en este grupo puede haber madres solteras, prostitutas, enfermos de sida, discapacitados, etc. que pueden estar completamente relegados de la estructura social y luchando por su supervivencia. La complejidad de esta distribución del poder y las oportunidades nos obliga a plantearnos la exigencia de justicia social y preguntarnos de qué manera se distribuye el poder y las oportunidades en nuestra ciudad.

No menos importante es el desafío de la secularización y el laicismo militante. Las proporciones de la zona metropolitana imponen una enorme diversidad ideológica y moral en las que aun dentro de la misma comunidad cristiana emergen criterios distintos. Recientes controversias de orden público como la despenalización del aborto, la formalización de las uniones de convivencia, el enfoque que se ha dado a la educación sexual, por mencionar sólo los casos más sonados reflejan la emergencia de orientaciones morales distintas o francamente antagónicas a las que representa la moral católica. En todas estas controversias se arguye el estado laico como fundamento de posiciones que no son valorativamente neutras, sino tomas de posición en pro de la liberalización de las costumbres.

Existen además sectores (siempre los ha habido) francamente enemigos de la Iglesia, que promueven la falta de respeto a la jerarquía, a los templos y a los cultos, evidentemente también a militan en la causa de negar las verdades de la Fe, el valor de la Tradición y el papel humano, espiritual e histórico de la Iglesia.  En esta causa se valen de argumentos aparentemente científicos y jurídicos, pero que de hecho reflejan claras posiciones ideológicas que van lejos de lo que la ciencia puede decir, atribuyéndole un carácter normativo que le es enteramente ajeno, pues la ciencia versa de lo que es y no de lo que debe ser -por lo menos desde el punto de vista empírico positivista que defienden estos grupos-.

La ciudad representa además un colorido tapiz de comunidades de corte religioso, por ejemplo judíos, evangélicos, mormones, testigos de Jehová, paredesufrir  y tantos otros. que buscan de algún modo ganar adeptos en una especie de rebatinga del botín de creyentes que representa una comunidad de 18 millones de personas que habitamos en esta región.

Pues bien,  Dios está en medio de toda esta compleja maraña que es la realidad de la Ciudad de México y su zona metropolitana, como está presente en todo lugar y en todo tiempo. ¿De qué manera está presente? Sin duda a través de la acción misteriosa de su providencia, su presencia paternal, está escuchando y mirando nuestros actos individuales desde los más meritorios hasta los crímenes más repugnantes. Dios también está presente a través de templos y capillas que tratan de alcanzar cada rincón de la zona. También está a través de muchas personas mujeres y hombres comprometidos con el Evangelio y comprometidos con la construcción de un orden humano y justo, solidario y reivindicador. Dios es “Señor de la Historia” y por lo tanto, la realidad que brevemente caracterizamos líneas arriba es de hecho una extraña Epifanía en la que Dios se nos manifiesta y nos convoca. Nos llama tanto a escuchar su voz  como a multiplicarla entre nuestros vecinos.

Este reto es el que justifica la existencia de la Maestría en Pastoral Urbana* que se imparte desde hace un año en el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos de la Arquidiócesis de México. Se trata de un programa académico pionero, pues en América Latina se aborda la pastoral en general pero no se detalla la especificidad del trabajo en las grandes Ciudades, más aún, estamos dirigidos a responder las necesidades de la Zona Metropolitana del Valle de México. Para responde qué es la pastoral urbana era necesario explicar la compleja realidad de la urbe en la que tiene que hacerse presente la atención espiritual que por parte de la comunidad cristiana debe tenerse de sus fieles.

Naturalmente existe una acción pastoral con la que estamos ampliamente familiarizados que descansa en la estructura territorial de parroquias, con las que la Iglesia atiende a sus fieles en cada zona. También existen pastorales especializadas por sectores como por ejemplo: hospitales, cárceles, escuelas, migrantes, etc. La pastoral urbana no es distinta de estas dos, sino que  se plantea la identidad y necesidades de los sujetos, es decir, de las personas que viviendo en la ciudad entienden la vida y piden que Dios esté presente en su realidad y frente a sus necesidades específicas y que Cristo redima cada una de ellas.

La estructura de esta Maestría incorpora elementos de teología, antropología y ciencias sociales, teoría de la pastoral y sus medios, cultura, métodos de investigación y planeación estratégica. Con ello se quiere dotar a los estudiantes de los recursos necesarios para estudiar científicamente los ámbitos urbanos, incorporar a dicho estudio la definición de fines evangelizadores y proponer acciones promotoras de dichos fines.

Está dirigida a Presbíteros, que pueden ser párrocos actualmente y para quienes se hace patente la necesidad de formación permanente y el desarrollo de medios innovadores para la atención de sus comunidades. Está abierta también a religiosos y religiosas y agentes laicos que actualmente participen en sus comunidades. Queremos formar recursos humanos, es decir personal que dinamice y amplíe los alcances de la acción de la Iglesia en las instancias existentes.  Queremos también que adquieran habilidades para el manejo de la investigación social y de la planeación estratégica como elementos para profesionalizar aun más su trabajo y comenzar a fijar metas medibles de desarrollo.

La maestría se imparte los martes y miércoles de 9 a 14 horas y quienes estén interesados en recibir más información pueden consultar la página http://www.isee.edu.mx o llamar por teléfono al  5655-5003 (en el mismo horario).

* con Reconocimiento de Validez Oficial por parte de la Secretaría de Educación Pública 20090004.

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