¿Qué dice el Documento de Aparecida sobre la Pastoral Urbana?

pastoral urbana aparecida
El documento conclusivo de la Conferencia de Aparecida señala:

10.6 LA PASTORAL URBANA
509. El cristiano de hoy no se encuentra más en la primera línea de la
producción cultural, sino que recibe su influencia y sus impactos.
Las grandes ciudades son laboratorios de esa cultura contemporánea
compleja y plural.
510. La ciudad se ha convertido en el lugar propio de nuevas culturas
que se están gestando e imponiendo con un nuevo lenguaje y
una nueva simbología. Esta mentalidad urbana se extiende también
al mismo mundo rural. En definitiva, la ciudad trata de armonizar
la necesidad del desarrollo con el desarrollo de las necesidades,
fracasando frecuentemente en este propósito.
511. En el mundo urbano, acontecen complejas transformaciones
socioeconómicas, culturales, políticas y religiosas que hacen im-

pacto en todas las dimensiones de la vida. Está compuesto de
ciudades satélites y de barrios periféricos.
512. En la ciudad, conviven diferentes categorías sociales tales como
las élites económicas, sociales y políticas; la clase media con
sus diferentes niveles y la gran multitud de los pobres. En ella
coexisten binomios que la desafían cotidianamente: tradiciónmodernidad,
globalidad-particularidad, inclusión-exclusión,
personalización-despersonalización, lenguaje secular-lenguaje
religioso, homogeneidad-pluralidad, cultura urbana-pluriculturalismo.
513. La Iglesia en sus inicios se formó en las grandes ciudades de su
tiempo y se sirvió de ellas para extenderse. Por eso, podemos realizar
con alegría y valentía la evangelización de la ciudad actual.
Ante la nueva realidad de la ciudad se realizan en la Iglesia nuevas
experiencias, tales como la renovación de las parroquias,
sectorización, nuevos ministerios, nuevas asociaciones, grupos,
comunidades y movimientos. Pero se notan actitudes de miedo a
la pastoral urbana; tendencias a encerrarse en los métodos antiguos
y de tomar una actitud de defensa ante la nueva cultura, de
sentimientos de impotencia ante las grandes dificultades de las
ciudades.
514. La fe nos enseña que Dios vive en la ciudad, en medio de sus
alegrías, anhelos y esperanzas, como también en sus dolores y
sufrimientos. Las sombras que marcan lo cotidiano de las ciudades,
como por ejemplo, violencia, pobreza, individualismo y exclusión,
no pueden impedirnos que busquemos y contemplemos
al Dios de la vida también en los ambientes urbanos. Las ciudades
son lugares de libertad y oportunidad. En ellas las personas
tienen la posibilidad de conocer a más personas, interactuar y
convivir con ellas. En las ciudades es posible experimentar vínculos
de fraternidad, solidaridad y universalidad. En ellas el ser humano
es llamado constantemente a caminar siempre más al encuentro
del otro, convivir con el diferente, aceptarlo y ser aceptado
por él.

515. El proyecto de Dios es “la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén”, que
baja del cielo, junto a Dios, “engalanada como una novia que se
adorna para su esposo”, que es
la tienda de campaña que Dios ha instalado entre los
hombres. Acampará con ellos; ellos serán su pueblo y
Dios mismo estará con ellos. Enjugará las lágrimas de
sus ojos y no habrá ya muerte ni luto, ni llanto, ni dolor,
porque todo lo antiguo ha desaparecido (Ap 21, 2-4).
Este proyecto en su plenitud es futuro, pero ya está realizándose
en Jesucristo, “el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin” (21, 6), que
nos dice “Yo hago nuevas todas las cosas” (21, 5).
516. La Iglesia está al servicio de la realización de esta Ciudad Santa, a
través de la proclamación y vivencia de la Palabra, de la celebración
de la Liturgia, de la comunión fraterna y del servicio, especialmente,
a los más pobres y a los que más sufren, y así va transformando
en Cristo, como fermento del Reino, la ciudad actual.
517. Reconociendo y agradeciendo el trabajo renovador que ya se realiza
en muchos centros urbanos, la V Conferencia propone y recomienda
una nueva pastoral urbana que:
a) Responda a los grandes desafíos de la creciente urbanización.
b) Sea capaz de atender a las variadas y complejas categorías
sociales, económicas, políticas y culturales: pobres, clase
media y élites.
c) Desarrolle una espiritualidad de la gratitud, de la misericordia,
de la solidaridad fraterna, actitudes propias de quien ama
desinteresadamente y sin pedir recompensa.
d) Se abra a nuevas experiencias, estilos, lenguajes que puedan
encarnar el Evangelio en la ciudad.
e) Transforme a las parroquias cada vez más en comunidades
de comunidades.

f) Apueste más intensamente a la experiencia de comunidades
ambientales, integradas en nivel supraparroquial y diocesano.
g) Integre los elementos propios de la vida cristiana: la Palabra,
la Liturgia, la comunión fraterna y el servicio, especialmente, a
los que sufren pobreza económica y nuevas formas de pobreza.
h) Difunda la Palabra de Dios, la anuncie con alegría y valentía y
realice la formación de los laicos de tal modo que puedan
responder las grandes preguntas y aspiraciones de hoy e insertarse
en los diferentes ambientes, estructuras y centros de
decisión de la vida urbana.
i) Fomente la pastoral de la acogida a los que llegan a la ciudad
y a los que ya viven en ella, pasando de un pasivo esperar a un
activo buscar y llegar a los que están lejos con nuevas estrategias
tales como visitas a las casas, el uso de los nuevos
medios de comunicación social, y la constante cercanía a lo
que constituye para cada persona su cotidianidad.
j) Brinde atención especial al mundo del sufrimiento urbano,
es decir, que cuide de los caídos a lo largo del camino y a los
que se encuentran en los hospitales, encarcelados, excluidos,
adictos a las drogas, habitantes de las nuevas periferias,
en las nuevas urbanizaciones, y a las familias que, desintegradas,
conviven de hecho.
k) Procure la presencia de la Iglesia, por medio de nuevas parroquias
y capillas, comunidades cristianas y centros de
pastoral, en las nuevas concentraciones humanas que crecen
aceleradamente en las periferias urbanas de las grandes
ciudades por efectos de migraciones internas y situaciones
de exclusión.
518. Para que los habitantes de los centros urbanos y sus periferias,
creyentes o no creyentes, puedan encontrar en Cristo la plenitud
de vida, sentimos la urgencia de que los agentes de pastoral en
cuanto discípulos y misioneros se esfuercen en desarrollar:

a) Un estilo pastoral adecuado a la realidad urbana con atención
especial al lenguaje, a las estructuras y prácticas
pastorales así como a los horarios.
b) Un plan de pastoral orgánico y articulado que integre en un
proyecto común a las parroquias, comunidades de vida consagrada,
pequeñas comunidades, movimientos e instituciones
que inciden en la ciudad y que su objetivo sea llegar al
conjunto de la ciudad. En los casos de grandes ciudades en
las que existen varias Diócesis se hace necesario un plan
interdiocesano.
c) Una sectorización de las parroquias en unidades más pequeñas
que permitan la cercanía y un servicio más eficaz.
d) Un proceso de iniciación cristiana y de formación permanente
que retroalimente la fe de los discípulos del Señor integrando
el conocimiento, el sentimiento y el comportamiento.
e) Servicios de atención, acogida personal, dirección espiritual
y del sacramento de la reconciliación, respondiendo a la
soledad, a las grandes heridas sicológicas que sufren muchos
en las ciudades, teniendo en cuenta las relaciones
interpersonales.
f) Una atención especializada a los laicos en sus diferentes categorías:
profesionales, empresariales y trabajadores.
g) Procesos graduales de formación cristiana con la realización
de grandes eventos de multitudes, que movilicen la ciudad,
que hagan sentir que la ciudad es un conjunto, es un todo,
que sepan responder a la afectividad de sus ciudadanos y en
un lenguaje simbólico sepan transmitir el Evangelio a todas
las personas que viven en la ciudad.
h) Estrategias para llegar a los lugares cerrados de las ciudades
como urbanizaciones, condominios, torres residenciales o
aquellos ubicados en los así llamados tugurios y favelas.

i) La presencia profética que sepa levantar la voz en relación a
cuestiones de valores y principios del Reino de Dios, aunque
contradiga todas las opiniones, provoque ataques y se quede
sola en su anuncio. Es decir, que sea farol de luz, ciudad colocada
en lo alto para iluminar.
j) Una mayor presencia en los centros de decisión de la ciudad
tanto en las estructuras administrativas como en las organizaciones
comunitarias, profesionales y de todo tipo de asociación
para velar por el bien común y promover los valores
del Reino.
k) La formación y acompañamiento de laicos y laicas que, influyendo
en los centros de opinión, se organicen entre sí y puedan
ser asesores para toda la acción eclesial.
l) Una pastoral que tenga en cuenta la belleza en el anuncio de
la Palabra y en las diversas iniciativas ayudando a descubrir la
plena belleza que es Dios.
m) Servicios especiales que respondan a las diferentes actividades
propias de la ciudad: trabajo, ocio, deportes, turismo, arte,
etc.
n) Una descentralización de los servicios eclesiales de modo que
sean muchos más los agentes de pastoral que se integren a
esta misión, teniendo en cuenta las categorías profesionales.
o) Una formación pastoral de los futuros presbíteros y agentes
de pastoral capaz de responder a los nuevos retos de la cultura
urbana.
519. Todo lo anteriormente dicho no quita importancia, sin embargo,
a una renovada pastoral rural que fortalezca a los habitantes del
campo y su desarrollo económico y social, contrarrestando las
migraciones. A ellos se les debe anunciar la Buena Nueva para
que enriquezcan sus propias culturas y las relaciones comunitarias
y sociales.

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