Jacques Ellul y la Ciudad (parte 2 de Teología de la ciudad)

A Jacques Ellul (1912 – 1994) se le atribuye ser un pionero respecto de la  interpretación teológica de la ciudad.

Estudió en la universidad de Bourdeaux y en la Universidad de París, donde obtuvo títulos en sociología, derecho e historia del derecho. Desde 1938 fue docente en la U. de Bourdeaux enseñando historia y sociología. Formó parte del movimiento ecuménico.

En general hay que destacar que es muy crítica su visión de la tecnología y la “civilización” en sentido progresivo. En la obra “La Civilización Tecnológica” explica que las tecnologías llegan agrupadas y así como no puede separarse un tipo de máquina de diversas tecnologías que la intersectan, así tampoco es posible separar lo “bueno” y lo “malo” que puede incorporar en sí (111).

La necesidad de potenciar la acumulación del capital dio origen a tecnologías de organización. Se buscaba que la producción de bienes de consumo llegara a los consumidores, para lo cual se requería alimentar toda la cadena de transporte y abasto. Créditos, bancos, almacenes.   La maquinaria industrial y la empresa como forma de organización constituyen un complejo de efectos multiplicados. La combinación de estos elementos fue dando mayor complejidad a la vida. La planificación se volvió una necesidad que refleja la misma complejidad de la producción.

Por último, durante el siglo XIX y XX se congregó una muchedumbre de personas en torno a la máquina, nos dice Ellul. Así como se requiere de  numerosos individuos para mantener en funcionamiento la maquinaria de producción, se requiere otra masa para consumir los artículos producidos (113). Todo ello se traduce en la aparición de la gran ciudad.

“Al principio la gran ciudad no engendró ninguna técnica particular, la gente era simplemente infeliz en ella. Pronto se descubrió  que la megapolis representaba un tipo nuevo y especial de ambiente,  llamado a un tratamiento especial. La técnica de la planificación urbana hizó su aparición. Al principio la planificación urbana fue un tipo torpe de adaptación, que no se preocupaba casi, por ejemplo, de los vecindarios (a pesar de los esfuerzos de los planificadores utopicos de mediados del siglo (XIX)). De algún modo, posteriormente, la vida de la gran ciudad se volvió intolerable para la mayoría y se desarrollaron técnicas de diversión. Se volvió indispensable hacer del sufrimiento urbano algo aceptable mediante la disposición de diversiones, una necesidad para asegurar el crecimiento de la industria monstruo del cine” (113-114).

La fase de desarrollo expansivo funcionó con problemas muy evidentes como la explotación del hombre por el hombre y la incapacidad de absorber todos los bienes producidos. Se descubrió que las técnicas de distribución no eran suficientes para asegurar la producción y consumo. La producción se organizó para que se ajustara a las demandas en términos de cantidad y cualidad, a nivel nacional e internacional. El ciclo se completó con la organización del trabajo para adecuarse a estas condiciones. La fatiga de los trabajadores exigía fuertes provisiones de diversiones para lo cual la ciudad fue indispensable.

“Todo este edificio fue construido pieza por pieza y todas sus técnicas individuales fueron mejorándose con su mutua interacción” (115). El Estado aparece como el supremo ordenador de todas esas técnicas que por sí mismas no son suficientes para organizarse.

En el estudio introductorio, John Wilkinson pondera algunas de las cualidades de la propuesta de Ellul:

La técnica es una fuerza ciega pero más perspicaz que las mejores inteligencias humanas. Siempre existen otros caminos, pero la sociedad los rechaza. No hay determinismo que haga de la actual distribución tecnológica algo inevitable.

La tecnología es algo no-natural, mientras que “natural” es aquel ambiente capaz de satisfacer las necesidades materiales del hombre, si lo deja libre para usarla como medio para alcanzar sus fines individuales producidos interiormente (xix).

Junto con los griegos, Ellul cree que la distinción entre pensamiento y acción es perniciosa. La tecnología es la fuerza más revolucionaria de todas las acciones. Desde el punto de vista de fe, Ellul piensa que  el hombre  tienen que estar presente allí en la encrucijada del mundo material y el mundo eterno por venir. Ser un testigo de la verdad de ambos mundos. Mediante la libertad se asegura la naturaleza revolucionaria de la religión.

Bibliografía: ELLUL J., The Technological Society, Vintage Books, New York, 1964.

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