Usted puede estudiar a distancia el Curso de Iniciación a la Pastoral Urbana
El Curso a Distancia Iniciación a la Pastoral Urbana está dirigido a aquellas personas insertas en actividades de evangelización, atención a poblaciones específicas, apoyo en centros asistenciales, catequesis y docencia, que están preocupadas por comprender mejor el contexto en el que habitan sus destinatarios, el tipo de condicionamientos y presiones a los que están sujetos tanto por la cultura como por la urbanización. En último término, para aquellas personas que están preocupadas en ofrecer un servicio más eficaz y pertinente.
Este curso se propone ubicar los antecedentes históricos y conceptuales por los cuales se ha llegado al reconocimiento de la ciudad como escenario privilegiado de la evangelización, a la vez, las características que la definen, no como un conglomerado de construcciones y de artificios contrapuestos a “la naturaleza”, sino como un espacio humano en el que la cultura y las identidades de las personas ocupan un puesto central por ser su mundo vital.
Mediante la reflexión teológica y sociológica se formalizan los temas y actitudes que la pastoral urbana reclama sean interiorizados por un agente evangelizador en contextos modernos, premodernos y postmodernos (distintos tiempos simultáneos presentes en las ciudades latinoamericanas), por ejemplo en la piedad popular y ante identidades y agregaciones propias de sujetos que buscan resistirse al anonimato y a la desarticulación de la masificación de las grandes urbes.
La ciudad es el espacio y tiempo elegidos por el Señor para hacerse presente en la historia humana.
Objetivo:
Introducir al alumno a los principios teológicos y eclesiológicos que fundamentan la pastoral urbana.
Situar los retos de la Iglesia y la evangelización en contextos multiculturales, en el siglo XXI. Profundizar en los documentos del magisterior que dan criterios para este trabajo, especialmente Lumen Gentium y Aparecida.
Contextualizar las características de la urbe como lugar de vivencia de fe y como espacio humano.
Adentrarse en las características prácticas de la Pastoral Urbana.
Características
Consta de 10 módulos. Duración (acreditación curricular): 30 horas.
Coordinador. Lic. Juan Carlos Baena Silva
Aquellas personas que cumplan con al menos el 80% de las actividades, recibirán la Constancia que acredita el curso, por parte del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos.
Autor: CELAM | Fuente: Zenit.org Cultura urbana y conversión pastoral en América Latina
ublicamos las conclusiones del «Encuentro sobre cultura urbana y conversión pastoral a la luz de Aparecida, en el horizonte de la Misión Continental» convocado el Departamento de Cultura y Educación (Sección Cultura) del Consejo Episcopal Latinoameicano (CELAM)
Cultura urbana y conversión pastoral en América Latina
Introducción
«Dios vive en la ciudad» (DA 514). Esta profunda certeza de fe ha animado a los pastores de América Latina y el Caribe reunidos en la Conferencia de Aparecida a prestar atención a los múltiples aspectos de la cultura urbana actual y a reconocer en ella y asumir desde ella los desafíos de una nueva pastoral urbana (DA 509-519).
Con ánimo de buscar caminos para una profunda conversión pastoral ante esta nueva invitación de Dios, el Departamento de Cultura y Educación del CELAM, por medio de la Sección Cultura, realizó un Encuentro sobre Cultura Urbana y Conversión Pastoral, en la ciudad de Buenos Aires, Argentina, del 1° al 5 de marzo de 2010. Se ha contado con la valiosa colaboración de once expositores, que han enriquecido la visión del fascinante y el complejo mundo de nuestras ciudades, desde ángulos diversos. Ellos han intentado aprovechar la vasta experiencia urbana que la Iglesia ha tenido desde sus orígenes y en toda su historia, especialmente en nuestro continente (cf. DA 513).
Como marco general de esta reflexión pastoral, partimos de la relectura histórica y de una proyección pastoral del camino recorrido por la Iglesia Latinoamericana en las cuatro Conferencias Generales del Episcopado en el posconcilio y en los diversos planes, iniciativas, encuentros y publicaciones del CELAM. El fenómeno de la urbanización creciente (Medellín) condujo a proponer la evangelización de la ciudad moderna (Puebla), una nueva inculturación del Evangelio en la cultura de nuestras urbes (Santo Domingo) y una nueva pastoral urbana en una Iglesia más misionera (Aparecida) (Pbro. Dr. Carlos María Galli).
La ciudad se ha presentado como una realidad intercultural (R.P. Dr. Jorge Roberto Seibold, S.J.) nada libre de las influencias del relativismo (Mons. Dr. Alfredo Horacio Zecca). En esta dimensión cultural, la ciudad integra diversos aspectos de la cultura popular (Pbro. Dr. José Carlos Caamaño). Mucho más que su realidad inmediatamente tangible, la ciudad se construye a través de los imaginarios de los ciudadanos (Pbro. Lic. Jaime Alberto Mancera). Son ellos quienes configuran de modos muy diversos los universos de sentido, constituyendo verdaderas y propias ciudades invisibles dentro de la gran ciudad (Pbro. Jorge Eduardo Scheinig). Los medios de comunicación social en la cultura urbana provocan transformaciones de una profundidad y celeridad inauditas (Pbro. Lic. Jorge Oesterheld). La ciudad revela también a esta mirada sus fragilidades: incomunicación, soledad, desarraigo, anonimato, vorágine, fugacidad (Prof. Antonio Pérez García).
La perspectiva pastoral exige profundizar la mirada en clave teologal. Así en la cultura urbana se reconocen distintas realidades en el ámbito religioso, entre las que se cuentan los valores de la piedad popular que contrastan con otros fenómenos: agnosticismo, indiferencia, sincretismo religioso, «new age» práctica y secularismo (Pbro. Dr. Juan Roger Rodríguez Ruiz), y se exponen algunos criterios orientadores hacia una teología de la ciudad (Dra. Virginia Raquel Azcuy). Como ejemplo inspirador para la evangelización en la ciudad, sigue vigente la experiencia del apóstol san Pablo, quien fue un evangelizador urbano que asumió las redes de comunicación y los ámbitos naturales de encuentro en el seno de las ciudades, incluyendo las sinagogas mediterráneas. Para lograrlo, no resultó accidental el simultáneo conocimiento y dominio, que tuvo Pablo, de las lenguas y culturas: judía, griega y romana (Pbro. Dr. Gerardo Söding).
Las exposiciones contribuyeron a animar los debates, los talleres en grupos y el plenario con los participantes. Estas Conclusiones intentan reflejar, en una brevísima síntesis, algunos aspectos más relevantes de una experiencia de diálogo e intercambio, que han resultado ser iluminadora, rica, densa, desafiante, por lo que requeriría ser proseguida.
Conclusiones
El título del Encuentro: «Cultura Urbana y Conversión Pastoral» constituyó un desafío muy particular: hemos de ser capaces de asumir lo urbano como un escenario cultural multifacético que hoy es posible re evangelizar. La conversión pastoral nos exige conocer y explorar con detenimiento los disímiles escenarios urbanos, sus múltiples lenguajes, fracturas e identidades, para poder llegar a identificarnos con ellos, dominar sus plurales formas de comunicación y aprender nuevos modos de ser «prójimos» en la gran ciudad. Por tanto proponemos:
1. La toma de conciencia sobre la cultura urbana en la pastoral
Diversos intentos de respuestas pastorales, todavía parciales, en muchas de nuestras Iglesias locales, indican que hay alguna conciencia de esta problemática que, sin embargo, se percibe como aún escasa, germinal. De crecimiento lento y progresivo, ella aún necesita de impulsos fuertes para expandirse y extenderse a las distintas iniciativas y realidades de una pastoral urbana más incisiva, acertada, inculturada y eficaz, en las -muy diversas y, a la vez, semejantes- ciudades de América Latina y el Caribe.
2. La complejidad y ambigüedad de la cultura urbana
Un aspecto de la conversión es la actitud inicial con la que procuramos mirar la realidad de la cultura urbana. Hemos realizado el intento de contemplarla desde dentro: involucrándonos en ella. La hemos mirado como un desafío pastoral y no predominantemente como una confusión aplastante, negativa o amenazante, en razón de sus aspectos más desconocidos y temibles (cf. DA 513).
Recurrimos a algunos binomios (cf. DA 512) para expresar: tanto la complejidad como la ambigüedad de la cultura urbana. Ellas se muestran desde:
las experiencias personales y los problemas conocidos socialmente los vínculos que se establecen y las rupturas que se padecen las oportunidades de mayor humanidad y las nuevas realidades inhumanas los centros urbanos, las periferias suburbanas, las redes de ciudades y la creciente influencia de la urbe en los ámbitos rurales el conocimiento y la afectividad los espacios y los flujos los habitantes, los viajeros y los excluidos lo local y lo global la información y la comunicación la dispersión y la concentración la experiencia del desarraigo y las nuevas formas de vecindad lo rural y lo urbano la pluralidad cultural y el diálogo intercultural las posibilidades de comunión y las nuevas injusticias y exclusiones lo humano y lo divino que configuran el «misterio» en la ciudad con agentes pastorales que se ven, a la vez, dentro y fuera del contexto urbano.
Éstas y otras realidades contrastantes atraviesan la cultura urbana con todas las gamas de luces, sombras y amplitud de grises, propios de la libertad humana en la historia; y exigen un cuidadoso discernimiento pascual de los signos o indicios de vida y de muerte.
3. La necesidad de múltiples aproximaciones a la cultura urbana
La «cultura» incluye un conjunto de vínculos (cf. DA 476) y, en cuanto tal, convoca a la colaboración entre las diversas ciencias de lo humano. En la «urbe» se hablan muchos «lenguajes» simultáneos y nadie puede, en la actualidad, comunicarse y discernir acerca de todos ellos. Tanto desde la orientación evangelizadora de los pastores como, sobre todo, desde el pensamiento, experiencia y acción de sus ciudadanos laicos, se requiere un trabajo interdisciplinar.
Será importante identificar y precisar los límites de cada disciplina y de su método para conocer mejor la actual cultura urbana. Los acercamientos de las ciencias humanas y sociales son parciales, y requieren un diálogo entre ellas y de ellas con la filosofía y con la teología.
4. El discernimiento requerido
Supuestos los análisis que las ciencias humanas aportan, en sus diversos niveles, nos referimos al «discernimiento» en su nivel «teologal» y «sapiencial», y por tanto: propiamente teológico y pastoral. Se requiere un discernimiento sobre las actitudes (¿cómo salir de la rutina o de la inercia?) acerca de la Iglesia en la ciudad (¿cómo salir de la perplejidad?) y sobre las estrategias para la acción (¿cómo responder creativamente?).
Será necesario determinar y comprometer específicamente a los diversos sujetos, particularmente a los fieles laicos, que han discernir los nuevos signos de los tiempos presentes en el mundo urbano, para reformular las diversas instancias de la vida y la acción pastoral.
En cuanto expresión de nuestra fe trinitaria y cristocéntrica, el discernimiento teologal atiende a la acción de las Personas divinas en la/s cultura/s. Creer que «Dios habita en la ciudad» implica discernir al Padre en su providencia salvífica, al Hijo Jesucristo en los signos del Reino de Dios, al Espíritu Santo en los «indicios» o «gérmenes» de Vida plena que suscita. Hay que descubrir, reconocer y cultivar toda esta obra divina en medio de y a través de todas las ambigüedades y complejidades de la vida y la convivencia de los ciudadanos de nuestras urbes, quienes no pocas veces parecen referirse a lo divino sólo como ausencia o nostalgia.
En este arduo trabajo común, será necesario atender más a las expresiones actuales de la religiosidad y la «mística» popular (cf. DA 262), y revisar críticamente los estilos y lenguajes empleados por las diversas áreas de la vida pastoral (primer anuncio, misión, liturgia, catequesis y predicación) para verificar si efectivamente responden a los nuevos desafíos (cf. DA 517d) que se presentan en las urbes.
La contemplación del Amor de Dios Trinidad «inclinado» hacia el ser humano sufriente, vuelve a requerir desde lo más profundo de la fe cristiana el discernimiento (donde se da) y la realización (donde se reclama) de la misericordia divina en los gestos de compasión humana y de caridad pastoral hacia todas las múltiples formas del «sufrimiento urbano» (DA 517j). Los rostros de los pobres de siempre y los nuevos: son un llamado a hacerles presente, cercano y vivo, el amor misericordioso del Padre, en Cristo, por el Espíritu Santo y con María.
5. Sugerencias y propuestas de conversión y acción pastoral
Dentro del marco general que propone el acontecimiento de Aparecida acerca de la pastoral urbana (cf. DA 517) y de los agentes que la realizan (cf. DA 518), los participantes de este Encuentro se ha permitido subrayar algunos aspectos. Se hace necesario profundizar la reflexión y el estudio sistemático de esta realidad, tan vasta y compleja como desafiante, para acompañar el crecimiento de la conciencia eclesial y la audacia de una acción pastoral marcada por la conversión y la renovación en los lenguajes y estilos de comunicación.
En términos generales esto pide el desarrollo de un protagonismo laical mucho más decidido, no sólo desde los ámbitos profesionales propios, sino también desde su espiritualidad específica. Son ellos quienes hoy viven y desarrollan la ciudad. Es necesario promover, con audaz creatividad, los nuevos ministerios y servicios laicales que la ciudad requiera, como: la escucha, la salud, la investigación, la comunicación, el acompañamiento, el alivio, la educación, la solidaridad, etc.
El cambio de mentalidad que implica la conversión pastoral requiere también el trabajo en común, evitando los individualismos que llevan a un desaliento generalizado. El ejercicio del discernimiento pastoral ha de involucrar todos los niveles: regiones, diócesis, decanatos o arciprestazgos, parroquias, barrios, sectores y tribus urbanas. Así como una planificación y acción pastoral más cercana y capilar, en ocasión de los encuentros propios de la vida cotidiana en las urbes. La conversión pide también una mayor y más visible presencia pública de la Iglesia en la vida de la ciudad (cf. DA 517k). Hay que «ir» hacia lo urbano tanto en sus centros como en sus periferias existenciales (cf. DA 517j), con una presencia y una participación, efectivamente, activa.
Sin descuidar las instancias puntuales como: los sínodos, asambleas, encuentros, foros, y congresos, las propuestas más concretas se concentran en cuatro áreas de la investigación y la formación teológico-pastoral de carácter permanente:
a. Que el ITEPAL inicie una Sección específica dedicada al estudio y la promoción de la Pastoral Urbana, donde se pueda recoger y sistematizar todo lo trabajado desde el Concilio Vaticano II, profundizar la reflexión teológica e interdisciplinaria, y ofrecer un original servicio que ilumine y oriente la misión evangelizadora de la Iglesia en América Latina y el Caribe, en razón que el 80% de su población actual habita en ciudades. b. Que las Conferencias Episcopales, nacionales o por regiones, formen Equipos de Reflexión sobre este tema. En cada país la sede de ese equipo puede ser una diócesis o una arquidiócesis situada en una gran urbe o en una megalópolis. c. Que las Universidades Católicas, a través de Facultades, Institutos, Departamentos, Cátedras o Proyectos de diverso tipo, colaboren en la sensibilización, la investigación, la reflexión y la formación acerca de la cultura urbana, la evangelización y la acción pastoral en la ciudad. d. Que las Conferencias Episcopales promuevan y protejan la religiosidad popular, patrimonio de todos los sectores sociales, «precioso tesoro de la Iglesia Católica en América Latina» (Benedicto XVI).
Todos estos trabajos han de llegar, de modo eficaz y adecuado, para impregnar las diversas instancias posteriores de formación: catequesis, misión, liturgia, espiritualidad, vocación laical, etc.
El Espíritu alienta la misión y sólo Él hace posible la conversión de todo aquél que se abre a su acción. Con la confianza que con nuestro trabajo podamos oír su voz y seguir sus huellas, renovamos nuestro compromiso ciudadano como miembros del pueblo de Dios peregrino hacia la Ciudad Santa, la nueva Jerusalén. Esperamos esa plenitud que «ya está realizándose en Jesucristo» (DA 515) y la anticipamos en el caminar misionero para que nuestros pueblos «puedan encontrar en Cristo la plenitud de vida» (DA 518).
La identidad social cristiana, la de las diversas comunidades de creyentes en Jesucristo, históricamente mantenida en relativa unidad hasta mediados del siglo XVI, y que después de la Reforma luterana pervive bajo muchas denominaciones, está cruzada por una especie de aporía identitaria que brota de su pretensión original: estar en el mundo, sin ser del mundo. (Juan 17,11-14).
En el siglo III, la Carta a Diogneto, un escrito apologista de origen griego, expresa bellamente la pretensión cristiana en la sociedad:
Los cristianos, en efecto, no se distinguen de los demás hombres ni por su tierra, ni por su habla, ni por sus costumbres. Porque ni habitan ciudades exclusivas suyas, ni hablan una lengua extraña, ni llevan un género de vida aparte de los demás; sino que, habitando ciudades griegas o bárbaras, según la suerte que a cada uno le cupo, y adaptándose en vestido, comida y demás género de vida a los usos y costumbres de cada país, dan muestras de un tenor de peculiar conducta admirable, y por confesión de todos, sorprendente. Habitan sus propias patrias, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos y todo lo soportan como extranjeros; toda tierra extraña es para ellos patria, y toda patria, tierra extraña. Se casan como todos; como todos, engendran hijos, pero no exponen los que nacen. Ponen mesa común, pero no lecho. Están en la carne, pero no viven según la carne. Pasan tiempo en la tierra, pero tienen su ciudadanía en el cielo. Obedecen a las leyes establecidas; pero con su vida sobrepasan las leyes. A todos aman, y por todos son perseguidos. Se los desconoce y se los condena. Se los mata y en ello se les da la vida. Son pobres y enriquecen a muchos. Carecen de todo y abundan en todo. Son deshonrados y en las mismas deshonras son glorificados. Se los maldice y se los declara justos. Los vituperan y ellos bendicen. Se les injuria y ellos dan honra. Hacen bien y se los castiga como malhechores; castigados de muerte, se alegran como si se les diera la vida. Por los judíos se los combate como a extranjeros, por los griegos son perseguidos y, sin embargo, los mismos que los aborrecen no saben decir el motivo de su odio.
Mas, para decirlo brevemente, lo que es el alma en el cuerpo, eso son los cristianos en el mundo. El alma está esparcida por todos los miembros del cuerpo, y cristianos hay por todas las ciudades del mundo. Habita el alma en el cuerpo, pero no procede del cuerpo; así los cristianos habitan en el mundo, pero no son del mundo. [1]
Estar en el mundo, no ser del mundo…, singular paradoja que la Carta a Diogneto desgrana finamente en representaciones idealizadas. En última instancia, la pretensión de existencia cristiana en medio del tejido social, remite a una suerte de imposible: ser y no ser al mismo tiempo; ser, sin ser; estar, sin estar; vivir la misma cultura y distinguirse; asemejarse en todo, teniendo otro origen. A diferencia de otras religiones que se determinaron más radicalmente por la segregación o por la adaptación social, el cristianismo, nunca ha renunciado –en el imaginario al menos– a reivindicarse por este doble estatuto.
Sin embargo, es verificable que también desde el origen, una y otra vez, las comunidades cristianas se encontraran a sí mismas seducidas por los usos y hábitos de las sociedades en las que tomaron forma. Los primeros cristianos, unas veces venidos de la diáspora judaica que se diseminó por todo el Imperio y otras veces de distintos estratos de las ciudades griegas y romanas, eran lógicamente proclives a reproducir la cultura, la estratificación social, la práctica cultural de sus ciudades y de sus filiaciones originales, mezclándolas con lo cristiano. Los testimonios escritos más antiguos son elocuentes, al reflejar a las primeras comunidades, como la de Corinto o la de Roma fácilmente reasimilada en su práctica a las estructuras sociales de las ciudades cosmopolitas griegas y romanas, de modo que continuamente se escucha reconvenir a los creyentes: “Y no se acomoden al mundo presente, ante bien transfórmense mediante la renovación de sus mentes…” (Rom. 12,2).
La persecución de que fue objeto la iglesia cristiana en el Imperio, entre otras razones, por razón de su negativa a rendirle culto al Emperador permitió que la identidad cristiana se fuera decantando y distinguiendo frente a la sociedad civil romana y frente al helenismo que dominaba la cultura. En un largo proceso de definición doctrinal, moral y organizacional, y en medio de una relativa marginación social, sobre todo por una sucesión de persecuciones, las iglesias cristianas fueron adquiriendo rasgos de una identidad cultural específica y contracultural en medio de las ciudades grecorromanas de Europa, Asia Menor y Africa. El giro constantiniano de mediados del siglo IV, modificó definitivamente el estatuto social y político de la religión cristiana. Desde entonces el cristianismo se convirtió en elemento de unificación del Imperio, y el poder imperial el que proveía a la unidad y fortalecimiento de la iglesia. La iglesia pasó a una situación enteramente novedosa: al martirio siguió el privilegio y el status de iglesia oficial. La marginación social quedó fuera de la iglesia, en los herejes y cismáticos. [2]
Durante las largas centurias medievales y sus resonancias, desde ese siglo IV, hasta que la Modernidad toma forma, iglesia cristiana y sociedad se identificaron crudamente en Occidente. En muchos ámbitos cultura moderna y cristiana tienen un único origen. El individuo moderno, es decir, autónomo, racional, medida de todas las cosas…, se remite como en uno de sus orígenes, al despoblamiento de los dioses del cosmos, que lo cristiano realiza exorcizando a la religión antigua, para encontrar, en última instancia, a Dios sólo en las personas. Único lugar sagrado, más allá de Dios mismo.
Sin embargo, a pesar de sus orígenes comunes, la sociedad moderna deriva sin más dioses que las racionalidades y la autonomía individual, mientras que el cristianismo se pretende como una autonomía relativa y una racionalidad referenciada a Otro mayor. Los indicios sobre la relación contemporánea entre sociedad tardomoderna y cristianismo no son transparentes, ni unánimes. No se dejan interpretar de un solo golpe. Se trata de una relación complicada, compleja y multicontextualizada. No se puede decir sin más, que la sociedad de alta modernidad se ha secularizado irremediablemente, pero tampoco que siga siendo religiosa, y menos cristiana. Sólo se contribuye a la comprensión de esta relación compleja, incierta, de contornos no bien delimitados, a través del análisis de objetos de estudio sociológicamente construidos, con base empírica y en contextos pertinentemente delimitados.
Esta investigación busca acercarse a través de la sociología de la cultura, de las identidades en particular, a un fenómeno sociocultural notablemente restringido y delimitado, donde interseccionan la iglesia católica y la sociedad mexicana, a finales de los años noventa y principios del siglo 21: la identidad de jóvenes que se forman para ser religiosos y sacerdotes hoy en México. Específicamente, se pretende investigar las narrativas en torno a los procesos de configuración de la identidad de individuos en formación dentro de la vida religiosa. Se ha entrevistado a individuos jóvenes actualmente sujetos a procesos de formación para la vida religiosa y el sacerdocio dentro de varias congregaciones religiosas en México. Algunos en una etapa inicial del proceso formativo, otros, en un momento terminal (cinco y cinco); y además, a dos sacerdotes responsables de estos dispositivos formativos. No sobra decir que la perspectiva de la investigación es estrictamente sociológica, sin pretensión alguna de dar validez o de reprobar las representaciones y prácticas, los sentidos y dispositivos que la narración enuncia.
Se trata de comprender la manera en que estos individuos organizan su proceso de identificación: cómo dotan de sentido las diferentes prácticas de esta trayectoria de formación, tales que derivan en la adquisición de esta peculiar identidad. Particularmente se pretende describir y analizar las tensiones y las rupturas que se encuentran inscritas en esta trayectoria identificatoria. Se quiere aclarar cómo el proceso de identificación de estos individuos se confronta constantemente con una serie de referentes biográficos, socioculturales y religiosos, de iglesia y de congregación, y cómo se resuelven estas confrontaciones tan peculiares en una serie de negociaciones identitarias, algunas grupales y otras personales que cristalizan individualmente como elementos resultantes de este particular entrecruzamiento. La investigación pretende hacer una elaboración sociocultural, teórica y analítica, de un dato evidente: estas instituciones de creencia que son las congregaciones de vida religiosa, y particularmente, los jóvenes que se adhieren a ellas, viven constantemente cruzados por las lógicas de dos espacios, no necesariamente compatibles: las lógicas de la modernidad que se despliega incesante y las lógicas de la creencia y sus propios dinamismos. En síntesis, el tema de la investigación refiere a las tensiones, las rupturas, las continuidades, las aporías, o quizás los falsos dilemas, de esta relación, considerada en procesos concretos de identificación.
La metodología de la investigación es el análisis de estas doce entrevistas individuales, semiestructuradas, con metodología cualitativa, bajo el presupuesto de la formulación de teoría fundamentada, que permite aplicar y reconstruir las categorías conceptuales de las que se dispone con los materiales de las entrevistas. Si el tema religioso tiene su público en los estudios culturales; el asunto de la vida religiosa, no sólo no es poco estudiado, sino prácticamente desconocido. El mundo de los sacerdotes y más aún de los religiosos, se conoce poco en la vida cotidiana de esta sociedad, y menos en los ámbitos académicos. Por eso se han destinado los dos primeros capítulos a amplios ejercicios de contextualización.
El capítulo I pretende ubicar el fenómeno en sí mismo. Quiénes son los que ingresan a una congregación u orden en la sociedad mexicana actual, qué supone esa peculiar formación, cuáles son los requerimientos, dificultades básicas y vicisitudes a las que se enfrentan, buscando también reseñar cómo son considerados éstos de cara al conjunto social.
En el Capítulo II, el esfuerzo se centra en hacer una ubicación más sistemática de la iglesia católica, tanto en su dimensión sincrónica, como diacrónica, particularizando, en el fenómeno de la vida religiosa tal como ha devenido en los últimos cuarenta años, tras el muy relevante acontecimiento eclesial de puesta al día, que significó el Concilio Vaticano II. El capítulo se inicia poniendo un piso a la tan prolija discusión de la secularización; asentando cómo ha devenido lo religioso en las sociedades modernas, eligiendo y presentando alguna de las lecturas de la secularización.
La investigación ha requerido un concepto básico, a la vez fuerte y flexible con el cual laborar. Por eso en el capítulo III se formula como insumo teórico y analítico básico, una definición de identidad que permitiera dar cuenta de lo procesual y de lo negociado en la adquisición de ésta. De modo que ha sido mejor hablar de procesos de identificación. Así se podría entender lo que cambia en el trayecto de adquirir una identidad y lo que permanece a través de estos cambios, referidos a:
Las posibilidades y condiciones de una mutación, transformación o “conversión” identitaria tal como es entrar en un seminario, “irse de padre…”.
Explicar la transformación del sentido con que los sujetos dotan a sus prácticas en diferentes momentos de las trayectorias formativas.
Dar cuenta de las negociaciones que se establecen en el proceso identitario entre los dispositivos institucionales y sus requerimientos, y por otro lado, las interpretaciones individuales. Es decir, de la dimensión estratégica y política de este proceso de identificación.
Enlazar lo fuertemente subjetivo de un proceso identitario como este de la vida religiosa, con los marcos societales en los que se inscribe, dentro una sociedad como la mexicana inserta en diversos procesos modernizadores y atravesada por una serie de crisis y deficiencias estructurales. De modo que muchos procesos subjetivos se entiendan bajo la mirada de la crisis.
Los capítulos IV, V y VI contienen el análisis del material empírico, que se busca comprender desde las dimensiones del concepto de identidad y desde el devenir histórico cultural de los procesos de identificación como ocurren en estos recortes peculiares de Modernidad en los que están inscritos los sujetos de estudio; en las coordenadas donde se intersectan con el espacio de creencia que es la vida religiosa.
Así en el capítulo IV el análisis toma por objeto las narrativas, buscando cómo devienen los sentidos que los sujetos confieren a su pertenencia a la vida religiosa, ante la institución, ante la sociedad, y ante sus propias trayectorias. En el capítulo V, se toma por objeto el espacio social, visibilizado en el dispositivo que se implementa en una casa de formación; trazando una relación constante con el habitus peculiar que permite a estos sujetos ser convocados, estar dispuestos a ser formados, pero también, resistirse y ser activos agentes de cambio de las condiciones sociales que los contienen. En el capítulo VI, el análisis tiene por objeto recolectar y contrastar representaciones sociales y prácticas, buscando reconocer la trayectoria de lo social, como es interiorizado y luego hecho discurso por los sujetos, pero también, las discontinuidades de los discursos en referencia a las prácticas en las que efectivamente se comprometen los individuos.
Probablemente esta investigación no haga más que delimitar o remarcar mejor los trazos de una panorámica que ya es conocida, o al menos mirada por sus actores. Por la misma razón, también es probable que en sí carezca de más novedad que la de pensar teórica y analíticamente –se espera que con plausibilidad y coherencia sociológica– algunas de las vicisitudes de constituir un espacio social dentro de otro espacio social. Un espacio centrado en la creencia, dentro de otro plural e híbrido, sin un único centro cultural.
Finalmente, la investigación conmina al aprendiz de cientista social a mantener este apasionante rastreo de lo social en lo cotidiano, en lo subjetivo, en los espacios aparentemente distantes y en los reductos, en los detalles y en los gestos, en las inflexiones de voz y en las cadencias, en lo pequeño, en las creencias y en las elecciones incomprensibles, en las experiencias íntimas, sencillas e inefables; allá, donde aparentemente no sucede nada.
[1] Quasten, Johannes, Patrología I, BAC, España, 1961, pp 239-240.
[2] Kuri Breña, R. de T. Antonio. Ellos tienen la llave. Los Padres de la Iglesia y su tiempo. Ediciones Dabar, México, 1997, pp. 31-47. 125-136.
A partir de la apropiación hecha del Documento de Aparecida (517 f), tanto en la Arquidiócesis de México como en muchas Diócesis de América Latina se ha optado por realizar una “pastoral de ambientes” con un lenguaje, estrategias y respuestas apropiadas para las particularidades que componen una ciudad tan grande, plural y diversa. Una de las realidades del medio urbano actual es la presencia de numerosos sujetos con identidades diferentes, con lenguajes, símbolos, imaginarios y mecanismos de integración y convivencia. Y en esta realidad destaca, dentro de los ambientes, el de los “jóvenes”, que aparecen relativamente al margen de las actividades propias de la parroquia, en la tipología de “alejados” y crecientemente escépticos respecto de todas las instituciones.
Propiamente no existe una juventud, ni tampoco puede existir una pastoral juvenil, sino muchas pastorales apropiadas para las múltiples juventudes urbanas: las tribus poseen sus propios rituales y medios de comunicación y encuentro, muchas de ellas se encuentran cerradas y en antagonismo con otras tribus, por lo anterior no es posible simplificar su realidad reduciéndola a una sola dimensión.
El Curso de Introducción a la pastoral de juventudes urbanas se propone en primer lugar sensibilizar a los agentes de pastoral de la pluralidad cultural e identitaria de las y los jóvenes de la ciudad y proponer experiencias exitosas de trabajo con estos mismos sectores, que entre otras cosas, reclaman no ser encuadrados en “grupos”.
OBJETIVOS: Sistematizar experiencias de vida y aprendizaje en las relaciones con los jóvenes de las grandes ciudades para poder analizar y comprender la realidad compleja a la que ellos se enfrentan en la actualidad. Fomentar la creación de redes entre diversos agentes que participan activamente en la pastoral y establecer un diálogo sobre realidades nuevas en la problemática eclesial.
DIRIGIDO A: Sacerdotes, Agentes de Pastoral, Maestros y todas aquellas personas interesadas en compartir experiencias sobre la vida y acción de las juventudes urbanas.
PERFIL DEL EGRESADO: El egresado del Curso de Introducción a la Pastoral de Juventudes Urbanas podrá:
Detectar las necesidades de los jóvenes en el medio urbano, su interacción con la sociedad y el planteamiento de propuestas de interacción con ellos en una perspectiva multidisciplinaria, tolerante, respetuosa de los derechos de los jóvenes, y promotora de su desarrollo integral como personas. Será capaz de comenzar el análisis y la investigación de diversos fenómenos urbanos en los que viven y conviven los jóvenes desde una perspectiva interdisciplinaria, considerando especialmente factores culturales, socio-económicos y religiosos.
PLAN DE ESTUDIOS / CONTENIDO
Bloque #1. Introducción al estudio de las juventudes urbanas.
Tema Expositor
Introducción a la realidad de las Pastorales Juveniles Urbanas Dr. Jesús Serrano
Panorama Socio-cultural de los jóvenes en la actualidad Mtra. Cecilia Vilchis
Identidades y agregaciones juveniles Dra. Maritza Urteaga
Juventud y familia Mtra. Mónica Araiza
Juventud y sexualidad Mtro. Hernán Quezada SJ
Juventud y violencia Dra. Maritza García Montañez
Bloque #2. Experiencias múltiples, diversas y heterogéneas a las que se enfrentan los jóvenes como sujetos en búsqueda de propuestas
Jóvenes y Parroquia Pbro. Sergio Román del Real
Pastoral Universitaria Mtro. Francisco Galicia
Jóvenes en situación de calle Grupo Guadalupano DA
Pastoral de Adolescentes Pbro. José Ascención Plaza
Pastoral de Juventudes Urbanas Lic. Ana Lilia Zavaleta Rangel
Experiencias y propuestas para la Pastoral de Juventudes Urbanas Pbro. Rubén Ceraci/Dr. Jesús Serrano
El curso tuvo una duración de 48 horas y se llevó a cabo del 22 de Abril al 08 de Julio en la Vª Vicaría, ubicada en Tonalá 414 esq Obrero Munial, colonia Piedad Narvarte, Del Benito Juárez, Ciudad de México.
Conferencia de la Maestra Elizabeth Judd, profesora de la Maestría en Pastoral Urbana del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos impartirá la Conferencia Magistral:Recuperación del Imaginario Guadalupano en la ModernidadJueves 11 de marzo de 2010, 10 horas en la XVIII Semana de Teología de la Universidad Intercontinental, con el tema «Guadalupe: Identidad histórica y Teológica».
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El próximo 24 de marzo visitará el ISEE la Profa. Margit Eckholt, teóloga alemana con quien se coordinará un proyecto latinoamericano de Pastoral Urbana.
Presidenta del curatorio Profesora en Teología Dogmática Philosophisch-Theologische Hochschule der Salesianer Don Boscos Don-Bosco-Str. 1 83671 Benediktbeuern-Alemania
La doctora es coautora del libro «Juventud latinoamericana en los procesos de globalización, La Opción por los jóvenes», EUDEBA-FLACSO
Invitación a la Conferencia Elizabeth Judd, profesora de la Maestría en Pastoral Urbana del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos impartirá la Conferencia Magistral:
Recuperación del Imaginario Guadalupano en la Modernidad
Jueves 11 de marzo de 2010, 10 horas en la XVIII Semana de Teología de la Universidad Intercontinental, con el tema «Guadalupe: Identidad histórica y Teológica». Los días 9, 10 y 11 de marzo, de 9:00 a 14:00 horas en el auditorio Fray Bartolomé de las Casas. Entrada libre.
Participe en esta Semana de Teología, que sólo se celebra una vez al año, y conozca más del Acontecimiento Guadalupano. La Universidad Intercontinental se encuentra en Av. Insurgentes Sur No. 4303 en la colonia Santa Ursula Xitla, en Tlalpan. Estación La Joya del Metrobús. Este es el programa con los temas y los conferencistas:
El Dr. Alfredo Nateras es profesor titular de la Universidad Autónoma Metropolitana y es profesor invitado, experto en el tema de Jóvenes en la Maestría en Pastoral Urbana.
Suicidio y narco, “opciones” de jóvenes por el fracaso educativo
En 2008 al menos 349 mil 987, de entre 12 y 29 años, intentaron quitarse la vida
Karina Avilés/II y última
Periódico La Jornada
Martes 12 de enero de 2010, p. 33
Para muchos jóvenes la educación no tiene sentido, pues no les garantiza acceder a mínimos de bienestar. Siete millones de ellos, conocidos como ninis porque “ni estudian ni trabajan”, son blanco potencial de la ilegalidad. Ante ese panorama, se ha gestado entre la juventud un fenómeno de desesperanza y frustración, pero también de malestar social, que de acuerdo con expertos ya deja sentir sus efectos.
Las muchas opciones que los bautizados tienen en la ciudad de México para acrecentar sus conocimientos sobre la Iglesia Católica producen -hasta cierto punto- una pulverización de comunidades que caminan «cada quien por su lado», lo cual ha generado dispersión y falta de comunión entre agrupaciones católicas en la capital.
Ante este panorama el Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos (ISEE) ha emprendido una estrategia pastoral operativa para poder dar opciones a sacerdotes, religiosos y laicos para formarse filosófica, teológica, litúrgica y catequéticamente en concordancia con el Proyecto Arquidiocesano al que el Cardenal Norberto Rivera Carrera convocó desde el inicio de su misión en la ciudad.
Así, cristianos bautizados, con los pies ya clavados o por clavar en el Proyecto Arquidiocesano de Evangelización, Misión y Formación Permanente, sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos en general tienen la oportunidad de profundizar en sus conocimientos sobre las diferentes áreas de la vida católica: Teología, Filosofía, Liturgia, Catequesis y Pastoral.
Concordancia de proyectos
El P. Federico Altbach Núñez, director del Instituto, aseguró que el plan operativo del ISEE responde a los planteamientos arquidiocesanos principalmente las dos licenciaturas de Filosofía y Teología con la nueva modalidad «semipresencial»; la cual prevé el estudio autodidacta, asesorías vía web y en el instituto mismo; las maestrías en Pastoral Urbana y en Pedagogía Catequética y los diplomados en Pastoral Litúrgica y en Formación Musical. Además de la certificación de Agentes de Pastoral para la ciudad o para otras diócesis en acciones específicas.
El director de la licenciatura en Teología del ISEE, P. José Alberto Hernández Ibáñez explicó esta modernización del instituto por la exigencia misma de los laicos y la vida actual: «La gente está tomando más conciencia de la profesionalización en todos los campos, es muy sabido que muchos laicos se dedican a tomar diferentes cursos; hacen mil cursos, aglutinan títulos, pero en la acción pastoral específica hacen falta más capacidades y habilidades. Además se están dando cuenta que el estudio más profundo de la teología les permite, principalmente, la comprensión eclesial que es una de las intenciones del Cardenal: que haya más gente incorporada a la Iglesia».
«Hay necesidad de profundizar en conocimientos de fe, entre la gente hay un mayor deseo de misterios, se da cuenta de esta realidad social, humana, política, cultural y busca iluminar más su situación desde la fe. Esto se ve reflejado en mucha gente que, contando ya con una carrera, pretende la teología como una segunda carrera. La gente está consciente de muchos deberes civiles sino eclesiales y por eso quiere tener una mayor profundización teológica, eso como una respuesta a esta época», precisó el P. Hernández Ibáñez.
De la ciudad al orbe
Para los directivos del ISEE, la Arquidiócesis de México tiene la oportunidad de compartir sus conocimientos con otras realidades diocesanas urbanas y por ello, desde el 2007, el instituto creó la Maestría en Pastoral Urbana la cual ha tenido una buena recepción entre los sacerdotes de la ciudad y zona metropolitana de México al igual que de otras diócesis enclavadas en megaciudades.
Por ello buscan también aprovechar la certificación oficial de la Secretaría de Educación Pública de sus licenciaturas para vincular y revalidar estudios eclesiásticos a sacerdotes de otros institutos: «esto no es con el fin de intelectualizar la vida del sacerdote sino para poder generar opciones de acción pastoral, por ejemplo en escuelas, apostolados y diferentes espacios donde la validez oficial de sus estudios es de suma importancia», señaló el P. Altbach.
Además, a través de la publicación anual del ISEE, la Arquidiócesis de México hace presencia con sus investigadores en países como Argentina, Alemania, España, Japón, entre otras.
Agentes certificados
En este esfuerzo de la Arquidiócesis por profesionalizar la Misión Permanente y el Proyecto Evangelizador, el ISEE también proporciona el Certificado Arquidiocesano de Agente de Pastoral (CAAP) con el cual pretende que los egresados de estos estudios puedan tener la capacitación básica que les permita trabajar como agentes cualificados de pastoral en la capital o en otras diócesis.
Los laicos que tengan el CAAP también podrán ser reconocidos en diferentes áreas de trabajo para capacitarse en pastorales específica (enfermos, familias, presos, medios de comunicación, etcétera).
EL 10 de noviembre de 2009 nos visitaron los alumnos que terminan el Diplomado en Pastoral Urbana del Espacio de Pastoral Urbana. Conversaron con la Maestra Isaura García Directora del Seminario de Titulación de la Maestría del ISEE.