Una comunidad que se digitaliza

Respuesta de la iglesia al hecho de la pandemia 

La presencia es un hecho que debe reflexionarse muy profundamente. Jesús manifestó, en algunas ocasiones, que se requiere fe y no solo la presencia para manifestar la fuerza de Dios.

Una lectura cuidadosa del evangelio según San Lucas (capítulo 7, versículos del 2 al 10) puede aportar elementos para reflexionar sobre la realidad de la iglesia digital:

El centurión no pide la presencia física de Jesús. Sabe que basta que Jesús lo mande para que se realicen las cosas, tanto las del mundo y coma las del espíritu. Es la fe del centurión, su confianza en el poder de Cristo, lo que lo lleva a su presencia, y es esa misma fe y confianza, la que logra que su siervo reciba la salud y la salvación sin requerir de la presencia física de Jesús.

Ante esta situación crítica por la cual pasa la humanidad entera ¿no es momento de hacer un alto y reflexionar el testimonio que estamos dando?

Vemos año con año las bendiciones que el Papa manda a la ciudad y al mundo (Urbi et Orbi) a través de los medios de comunicación masiva. Esa invocación que hace el Papa es para que Dios derrame la salud y gracia sobre todo fiel que la reciba con apertura. Y los medios no la privan ni de su fuerza ni de su santidad… aún desfasada en el tiempo y en espacio físico; por el contrario, usando ese espacio nuevo, iluminado con la palabra de Dios, santifica con la gracia y la bendición que se trasmite por medio de él.

Este espacio nuevo que es el área digital lo debe conquistar y evangelizar la iglesia. El Espíritu Santo nos da los medios y la inteligencia para hacerlo y es él quien también nos impulsa por medio de los signos de los tiempos.

Quizá la iglesia, temerosa y responsable, ha dado este paso para atender la inmediatez de la situación, pero no logra sentir la necesidad de implementar y hacer propio este medio para las situaciones normales. Quizá la comodidad de la posición dentro del templo o la visión de una comunidad reunida físicamente o quizá los apremios económicos para atender la celebración física le impiden ver las realidades que se abren en el uso de este nuevo medio de difusión (uso que no es nuevo, pues varios Papas han usado la radio, la televisión y los medios digitales).

El punto de reflexión no es sobre la validez o no de la presencia digital, sino la licitud de generar la presencia virtual en los espacios parroquiales para que los fieles tengan esa presencia remota en alguna celebración.

Ahora, por la pandemia, se da licitud y se anima a hacerlo; más debemos entender que en muchas situaciones da solución a aquellos enfermos, minusválidos, ancianos y población vulnerable que no pueden acudir al templo.  Da solución a las madres o padres que tienen hijos menores o enfermos.

El reto ahora es acercar el sacramento de la eucaristía y generar la responsabilidad de la cooperación material de todos los fieles con las obras parroquiales; por otra parte, también es un reto buscar que esa presencia digital propicie la identidad y la perseverancia en la comunidad local por medio de un interés en la comunicación con la jerarquía que celebra.

La oferta de transmisiones debe ser un acicate para los pastores. Ellos deben ser un medio para atraer y cuidar más a las ovejas y no solo a las que se han desbalagado. No debe ser un experimento que funcionó solo por la pandemia y se desautorizará cuando ésta sea superada porque solo propiciará desobediencia y rebeldía… no solamente por parte del clero sino también por parte de los fieles.

Ignacio Abarca (Diacono permanente)

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