Autor: J S

Misa de Acción de Gracias

Terminó la Segunda Generación Maestría en Pastoral Urbana

El pasado miércoles 22 de junio se celebró la misa de Acción de Gracias por el término del año escolar 2011 de la Maestría en Pastoral Urbana. La celebración se realizó en la Parroquia de Sto. Domingo de Guzmán en Mixcoac, DF. Presidió la Celebración el Padre Eloy Díaz Mera, uno de los graduandos.

Reunidos los hermanos sacerdotes y diáconos que conforman este grupo, dimos gracias al Señor por la oportunidad de que terminen tres compañeros la maestría, ellos forman la segunda generación y actualmente están preparándose otras dos generaciones que pronto se insertarán con nuevos elementos teóricos y pastorales al servicio del Pueblo de Dios en sus correspondientes Diócesis y comunidades.

Para todos felicidades.

Material Eclesiología desde Aparecida

Diplomado Actualización Pastoral para la Diócesis de Teotihuacán

Con la participación de 55 sacerdotes (el 90%) de la Diócesis de Teotihuacán, encabezados por su Obispo, Don Francisco Escobar, dió inicio el primer módulo del Diplomado en Actualización Teológico Pastoral que se imparte bajo la coordinación de la Maestría en Pastoral Urbana del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos.

El Diplomado está distribuido en 4 semanas de estudio intensivas dedicadas fundamentalmente a la revisión y discusión de las principales líneas pastorales actuales vinculadas a la construcción de la Iglesia y la lectura de la Sagrada Escritura. Las semanas se distribuyen con una periodicidad semestral.

La participación de los sacerdotes y 1 diácono permanente de la Diócesis fue muy entusiasta, llena de inquietudes y con aportaciones muy positivas para el trabajo pastoral en esta Diócesis del Norte del Estado de México.

Descargar material en formato word Apuntes del módulo 1 Eclesiología

Una eclesiología de la mano de aparecida diapositivas

Diplomado Actualización Pastoral para la Diócesis de Teotihuacán

Criterios para la Conversión Pastoral

 Conferencia del Episcopado Latinoamericano CELAM

Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo

Conversión Pastoral

CRITERIOS PARA LA CONVERSIÓN PASTORAL Y LA RENOVACIÓN MISIONERA DE LA DIÓCESIS Y LA PARROQUIA, A LA LUZ DE APARECIDA

INTRODUCCIÓN

El presente documento es fruto del “Encuentro de Obispos responsables de promover la misión continental y la renovación de la parroquia de las Conferencias Episcopales de América Latina y el Caribe”, realizado del 3 al 6 de mayo de 2010 en Lima Perú.

 El encuentro fue promovido y organizado por la Sección Conferencias Episcopales e Iglesias Particulares y la Sección Parroquias, Pequeñas Comunidades, CEBs del Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo del Consejo Episcopal Latinoamericano (CELAM) . Este encuentro se ubica en continuidad con otros realizados sobre el tema “Parroquia, CEBs y Pequeñas Comunidades” en Montevideo, Uruguay, en octubre de 2007, y en México, del 22 al 24 de abril de 2008 . La reunión tuvo como propósito estimular la reflexión y la acción de los diversos Agentes de Pastoral, especialmente de los señores Obispos y los Presbíteros, en pro de la conversión pastoral y la renovación misionera de nuestras comunidades eclesiales.

El encuentro se desarrolló a partir de los siguientes objetivos:

Objetivo general:Descubrir y proponer criterios para renovar las Comunidades Eclesiales y las estructuras pastorales de la Diócesis y la Parroquia, desde la conversión pastoral, a la luz de Aparecida, a fin de ser una Iglesia en Misión Permanente.

Objetivos específicos :- VER la situación actual –luces y sombras- de la Diócesis y las Parroquias.

– ILUMINAR el proceso de la renovación y la conversión pastoral y estructural de cara al compromiso de la Misión Continental Permanente.

– ELABORAR criterios pastorales operativos que permitan a las Conferencias Episcopales e Iglesias Particulares dinamizar y fortalecer los procesos de renovación de las estructuras pastorales y hacer realidad la Misión Continental y Permanente.

Para el análisis de la situación se realizó una labor previa de reflexión por parte de los participantes, a partir de algunas claves: avances, conflictos, carencias, expectativas, valores, búsquedas, tendencias, desafíos y perspectivas de acción en pro de la renovación misionera de la Diócesis y la parroquia.

 El documento consta de tres partes principales, que corresponden a la metodología seguida en el Encuentro (ver-juzgar-actuar). Cada una de ellas recoge los aportes más relevantes. También se incluye una “Propuesta metológica” para la profundización sobre el tema y unas “Recomendaciones” a diversas instancias eclesiales para la puesta en práctica de este documento.

I. SIGNOS DE RENOVACIÓN

A tres años de celebrar la V Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, en Aparecida, se vislumbran algunas luces de esperanza que expresan un proceso de renovación en marcha; pero también persisten sombras que dificultan la renovación pastoral y desafíos que exigen respuestas audaces, ágiles, e integradas en una planeación y programación diocesana y parroquial.

 Luces:Aparecida pidió que la “decisión misionera debe impregnar todas las estructuras eclesiales y todos los planes pastorales de diócesis, parroquias, comunidades religiosas, movimientos y de cualquier institución de la Iglesia” (DA 365). En respuesta a ese llamado, muchas diócesis y parroquias han elaborado o actualizado sus planes pastorales resaltando, entre otros, los siguientes aspectos: centralidad de la palabra de Dios; prioridad del kerigma; catequesis sistemática; evangelización procesual; promoción y formación de agentes; búsqueda y acogida de los más alejados; formación de CEBs y pequeñas comunidades; planeación pastoral; creación de centros de formación; sectorización; evangelización a partir de la religiosidad popular; impulso a la espiritualidad y el testimonio; mayor participación de los laicos en la Iglesia (en consejos y equipos de trabajo, ministerios, etc.) y en la sociedad. Se perciben también cambios de actitudes en los ministros ordenados (mayor cercanía entre los presbíteros y corresponsabilidad pastoral ante los desafíos) y un creciente despertar del espíritu misionero, en general.

 SombrasLa resistencia al cambio de muchos sacerdotes, con una mentalidad cerrada y clericalista; la lentitud para impulsar procesos de formación profunda del laicado; persistencia de movimientos cerrados en sí mismos; prevalencia de la institución sobre la persona; falta de criterios para evangelizar el mundo urbano; sobrecarga de trabajo debida en buena parte a los pocos agentes de pastoral; falta de una mayor reflexión teológica y de una más profunda espiritualidad misionera, entre otras.

 DesafíosLos desafíos siguen siendo múltiples: recrear y redefinir la identidad de la cada iglesia particular a partir de los nuevos contextos y, dentro de ella, renovar la identidad del Sacerdote, del Consagrado, del Laico; lograr una profunda espiritualidad, que anime todo el proceso; descubrir y atender los “nuevos areópagos”; superar las visiones excluyentes y los enfrentamientos entre grupos eclesiales aún en la misma propuesta metodológica de misión; valorar, potenciar, apoyar y proyectar la misión de los laicos en el mundo; encontrar nuevos cauces para la transmisión de la fe a las nuevas generaciones; animar una adecuada pastoral presbiteral, con mecanismos eficaces para acompañar a los presbíteros, especialmente en los primeros años; establecer procesos formativos más adecuados en los seminarios y casas de formación, en clave discipular misionera; descubrir y vivir la profunda interrelación entre comunión y misión.

II. EL DESAFÍO DE LA CONVERSIÓN PASTORAL

 La conversión pastoral es un tema transversal en el Documento Conclusivo de Aparecida. Ella es una condición indispensable para la Misión Continental. Aquí se sugieren principios teológicos, sobre todo eclesiológicos, y criterios evangelizadores, que pueden iluminar y orientar prioritariamente la renovación misionera de las comunidades eclesiales, en especial las Diócesis y Parroquias para caminar en y hacia un estado de misión permanente en América Latina y el Caribe.

 Principios teológicos

 1. La Trinidad. La Iglesia, convocada y formada por la Santísima Trinidad, es por naturaleza misionera. El misterio de la Trinidad, en la comunión y la misión de las divinas personas, es la fuente, el modelo y el fin de la renovación misionera de la Iglesia.

 2. Cristo y su Reino. Cristo es fundamento absoluto, modelo principal y contenido central de la misión. La Iglesia surge de la misión de Jesús y es enviada por él a evangelizar. Ella

– comunica la Vida en Cristo para que todos los hombres sean congregados en la única Familia de los hijos de Dios,

– prolonga el dinamismo del misterio de la Encarnación,

– sirve al crecimiento del Reino de Dios para que todos los pueblos tengan un proceso de conversión permanente hacia la santidad del amor, asumiendo con fe firme la Cruz, la alegría de la Pascua y la fuerza del Espíritu.

 3. El Espíritu Santo. El Espíritu Santo es el agente principal de la nueva evangelización. El Espíritu impulsa a la Iglesia misionera a un nuevo y permanente Pentecostés.

 4. La Iglesia. La Iglesia es el Pueblo de Dios, que vive la comunión misionera,

– como don y tarea en cuanto participación de la comunión trinitaria,

– como sacramento de la presencia salvífica y amorosa del Padre en Cristo,

– como fraternidad en el Espíritu que se realiza en las iglesias particulares,

 5. La Iglesia particular. La Iglesia particular es totalmente Iglesia pero no es toda la Iglesia. Es:

– el lugar privilegiado de la formación y de la misión para la comunión,

– el centro vital de la nueva evangelización,

– el sujeto de la pastoral orgánica, donde todos son sujetos evangelizadores,

– el rostro concreto de la Iglesia en comunidades socioculturales peculiares,

Criterios evangelizadores

1. Conversión permanente a la luz de la palabra de Dios. Promover la lectura orante de la Palabra de Dios y abrirse con docilidad a la acción del Espíritu para que sostenga un proceso de conversión misionera de las personas y de las comunidades, en sus corazones, mentalidades, criterios, actitudes, conductas, lenguajes, prácticas, métodos, planes y estructuras.

2. Comunión fraterna. Intensificar la vivencia de la Iglesia diocesana y parroquial como una “casa y escuela de comunión”, que se manifiesta

– en la formación y en la vida de las pequeñas comunidades

– en el crecimiento de nuevas cualidades para la acogida, el servicio y la alegría

– en la opción preferencial por los pobres.

 3. Participación laical. Detonar la participación de todos los bautizados, especialmente de laicos y laicas – también de la vida consagrada – en la comunión y la formación discipular,

– respetando los derechos de todos los bautizados,

– promoviendo ministerios diversos al servicio de la misión,

– ayudando a superar el clericalismo en la vida diocesana y parroquial.

4. Pastoral orgánica. Establecer criterios comunes para animar una pastoral orgánica diocesana radicalmente misionera que

– promueva y exprese la corresponsabilidad, la colegialidad y la solidaridad

– fomente una misión centrífuga (ir hacia) y una reunión centrípeta (convocar a),

– sostenga una pastoral de los vínculos y los procesos

5. Itinerario de pastoral kerigmática. Convertirse a una pastoral kerygmática que vive en el encuentro con Cristo por el Kerygma y sigue la pedagogía de Jesús en Emaús para acercarse a los alejados, caminar junto con ellos, preguntarles, escucharlos, acompañarlos y constituir una comunidad de amor que atraiga hacia el Resucitado.

6. Itinerario de conversión formativa. Convertirse a un itinerario de formación que parta del encuentro con Jesucristo y conduzca a una permanente conversión personal, que facilite una apasionada conversión pastoral que ayude a lograr y mantener estructuras pastorales al servicio del discipulado. Es necesario que el hilo conductor debe ser el Kerigma y su meta habitual la Eucaristía.

7. Comunidad misionera de comunidades misioneras. Convertir la parroquia en una comunidad misionera de comunidades misioneras insertas entre las familias y los pueblos mediante procesos permanentes de discernimiento, planeación, descentralización y articulación pastoral.

8. Comunidades al servicio del Reino de la Vida. Convertirse a una misión que sirva al crecimiento del Reino de la Vida plena en Cristo mediante un proceso de iniciación cristiana que forme personas libres y fraternas, y comunidades que transformen las realidades de nuestro pueblo.

9. Nuevos espacios de la misión en el mundo latinoamericano actual. Intensificar la presencia diocesana y parroquial en los nuevos areópagos del mundo de hoy, especialmente en el ámbito de la cultura urbana, para acercarnos a los que no conocen a Cristo, atraer a los que se alejaron de la Iglesia y fortalecer a los que siguen en la Iglesia pero flaquean en su fe.

III. CRITERIOS DE RENOVACIÓN

La expresión “criterios de renovación” indica sugerencias prácticas que pueden servir de impulso a la renovación misionera de la Iglesia particular y la parroquia. Estas propuestas tienen como base y marco de referencia el hecho de que “el reto fundamental de la Iglesia es ser capaz de “promover y formar discípulos misioneros, que respondan a la vocación recibida” (cf. DA, 14), es decir, formar cristianos convertidos, convencidos y comprometidos. Ahora bien, la auténtica conversión sólo podrá darse a través del Encuentro personal con Cristo (Cf. DA 12) y la experiencia comunitaria; en tanto que la convicción vendrá de la experiencia personal del Encuentro con Cristo, fortalecida por la formación. De la conversión y la convicción surgirá el compromiso, como una consecuencia. Por tanto, un criterio fundamental de discernimiento para descubrir la autenticidad de la praxis pastoral y las estructuras eclesiales es su capacidad para contribuir de manera eficaz a la promoción y formación de discípulos misioneros. Las siguientes propuestas que aquí se hacen quieren ser un estímulo a la imaginación creativa.

1. Es necesario redescubrir el sentido y la necesidad de las estructuras. No hay que absolutizarlas ni menospreciarlas, sino precisar qué se entiende por estructuras y cuáles son las estructuras eclesiales que requieren ser transformadas. En el ámbito eclesial, la función primordial de las estructuras es facilitar que fluya la vida del Espíritu e impregne la vida de las personas y las comunidades; pero también garantizar la comunión, la participación y la misión de todos. Las estructuras son medios para la comunicación, el diálogo, el consenso, la corresponsabilidad. Deben caracterizarse por su flexibilidad, funcionalidad y dinamicidad. No cualquier estructura garantiza una renovación espiritual ni la fecundidad misionera. Esto implica también revisar a fondo el ejercicio de la autoridad, así como repensar la naturaleza jerárquica de la Iglesia en el actual contexto, y su función de ser garante de la unidad y la misión.

2. Es absolutamente necesaria una inclusión de los laicos, hombres y mujeres, en las estructuras de la Iglesia. Pues “la renovación de la Iglesia en América no será posible sin la presencia activa de los laicos” (EA 44). Esto implica que se les dé más espacio de participación a los laicos y a sus peculiares carismas seculares en todo el proceso de planeación pastoral: análisis, discernimiento, programación, ejecución y evaluación.

3. Es hora de conocer y poner en marcha algunas tipologías de la Parroquia o de instancias afines, sugeridas en el Código de Derecho Canónico. Entre ellas, la parroquia “in solidum”, la parroquia personal o ambiental, la cuasiparroquia, la rectoría, la capellanía. Esto permitiría una mejor organización y atención pastoral a grupos humanos en contextos específicos.

4. Propiciar el encuentro personal con Cristo y la conversión de los cristianos más alejados como una prioridad pastoral absoluta. Esto implicará institucionalizar el kerigma y emplear los métodos y las estructuras que sean más eficaces y flexibles ante las nuevas y diversas circunstancias.

5. Asegurar la experiencia comunitaria de cada bautizado. Esto implica la exigencia de rescatar e impulsar con gran fuerza y creatividad la creación de CEBs o de Pequeñas Comunidades Eclesiales, que sean auténticos espacios de la experiencia de Dios, de discipulado y de misionariedad. Es necesario que los bautizados “se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión” (DA 172).

6. Diseñar y llevar a cabo itinerarios de formación integral, sistemática, procesual y permanente, en todos los niveles de Iglesia. Ellos deben garantizar la iniciación o reiniciación cristiana a través de la catequesis; la maduración en la fe de cada bautizado; con una adecuada capacitación para vivir su vocación específica y ejercer sus carismas en la Iglesia y/o en el mundo. Puede hacerse a través de Institutos educativos católicos ya presentes o estableciendo nuevos centros de formación básica y diversificada en los diversos niveles de Iglesia, sobre todo en lo parroquial y lo diocesano. Los centros de formación cristiana (formación básica), las escuelas parroquiales de formación para laicos y los institutos diocesanos para la formación bíblica, teológica y pastoral deben ser apoyados con los necesarios recursos, tanto humanos, como pedagógicos, materiales y económicos.

7. Impulsar el compromiso pastoral y misionero. Esto implica revisar y potenciar los ámbitos de participación y de corresponsabilidad que favorezcan la participación integral y efectiva de todos los bautizados; así como el fomento de una adecuada “espiritualidad de comunión misionera” (cf. DA 203, 284). En este campo es extremadamente urgente que el sacerdote diocesano y los que están su proceso de formación inicial para el presbiterado entiendan y asuman la dimensión misionera como parte constitutiva de su identidad.

IV. PROPUESTA METODOLÓGICA Y RECOMENDACIONES

Propuesta medotológicaPara profundizar los contenidos del presente documento desde el contexto de cada Iglesia particular y parroquia, sugerimos generar espacios de reflexión a partir de estas cuestiones:

1. ¿Qué entendemos por estructuras eclesiales y cuáles son las estructuras básicas?

2. ¿Qué elementos caducos existen en la parroquia, como estructura eclesial básica?

3. ¿De las estructuras existentes en el nivel parroquial, ¿cuáles deben ser rescatadas y qué ajustes tendrían qué hacerse en ellas para que funcionen mejor?

4. ¿Qué dinamismos básicos (entiéndase fuerzas propulsoras) podrían fortalecer los procesos de renovación misionera de las parroquias y Diócesis?

5. ¿Qué estructuras nuevas habría que crear para impulsar dicha renovación?

Recomendaciones:

Para el CELAM. Que siga generando espacios para compartir experiencias, reflexionar y dar seguimiento a este proceso ya iniciado de renovación misionera de las Diócesis y las parroquias. Que el ITEPAL fortalezca sus propuestas en este campo específico para seguir configurando creativamente “el rostro latinoamericano y caribeño de nuestra Iglesia” (DA 100h).

Para las Conferencias Episcopales. Que se fomente en el nivel nacional la reflexión y la búsqueda de renovación misionera de las parroquias y diócesis. De manera especial, que se den a conocer y se compartan entre los episcopados y las diócesis aquellas experiencias positivas que puedan servir de referencia, ejemplo y motivación.

Para las Iglesias particulares. Que se le dé una mayor importancia a la cuestión de la vida parroquial, buscando mecanismos que ayuden eficazmente a su renovación misionera. Que se impulse y canalice la conversión pastoral de los miembros y las estructuras de las parroquias.

Para los Centros de Formación. Que en los programas de estudio de las Facultades de Teología, los Institutos teológicos, los Seminarios y las Casas de Formación Sacerdotal se incluya un curso sobre “Teología y pastoral de la parroquia” en la clave de Aparecida.

CONCLUSIÓN

Este documento pretende, modestamente, ser un estímulo para la reflexión y la búsqueda creativa de medios que ayuden a lograr una verdadera renovación misionera de las diócesis y parroquias en América Latina y el Caribe, para hacer realidad la propuesta de Aparecida. Sólo una Iglesia en permanente estado de conversión y de renovación puede ser una comunidad en estado permanente de misión.

Informe del Departamento de Comunión Eclesial y Diálogo

Pentecostés: Praxis de la posibilidad del amor en cuanto entrega

Lic. Alejandro Gabriel Emiliano, alumno de la Maestría en Pastoral Urbana.

La fiesta de pentecostés, en el contexto de la naciente primera comunidad cristiana, refiere una ruptura con la vida cotidiana desde dos aspectos: (1) Desde la vida agrícola. La fiesta era la acción de gracias por las cosechas realizadas y, a partir de ese momento, el ciclo agrícola terminaba; (2) Desde la identidad del pueblo elegido. La fiesta, también llamada de las semanas, hacía referencia a la entrega de la Ley a Moisés por parte de Dios en el Sinaí, entrega que daba identidad a un pueblo que pasó de ser “hebreos sin tierra ni heredad” a “las tribus de Israel, dueños de la Tierra Prometida”. Ambas rupturas capacitan, tanto al individuo como al grupo y la sociedad, para un modo de vida radicalmente distinto. La identidad nueva dada por Dios separa al ser humano que la recibe para vivir de acuerdo a su Ley y no bajo criterios mundanos. El cambio de dinamismo vital separa al ser humano del campo para relacionarse con aquellos que son como él. De modo que Pentecostés tiene un primer significado: el ser humano arrancado de las actividades de la vida cotidiana para relacionarse con aquellos que comparten y hacen explícito su ser desde una moralidad vitalizante.

La solemnidad de Pentecostés en el mundo cristiano retoma dicho significado y lo trasciende (Hch 2, 1-13). La comunidad se hallaba reunida a puerta cerrada; previamente el puesto de Judas Iscariote había sido restaurado y su lugar ocupado por Matías (Hch 1, 12-26). De modo que se pretendía una restauración de las actividades que Jesús hacía durante su ministerio público pero con la centralidad y protagonismo de la etnia judía como heredera de las promesas de Dios, sopesando la universalidad de la salvación. Era, pues, una restauración del pasado, no proyección hacia el futuro. Es entonces que el Espíritu desciende entre estruendos celestes y lenguas de fuego, signos de ruptura, de discontinuidad; los cimientos sobre los cuales se pretende construir la naciente comunidad cristiana son cuestionados, purificados. Ya no podrá haber continuidad entre el proyecto cristiano y el judaizante.

La ruptura plena, no pedida ni deseada pero si dada y exigida,  la realiza la primitiva comunidad trascendida por la presencia del Espíritu que ya no hará lo mismo que Jesús en cuanto a su materialidad sino en cuanto a su sentido profundo de re-creación del ser humano y de las estructuras en que vive y se desarrolla. El pueblo elegido ya no solo será el resto fiel de Israel sino todo aquél que lleve a la praxis de la vida diaria, con convicción, perseverancia y valentía, las palabras de Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.” (Jn 13, 34-35)

Esta escandalosa propuesta de amor de Jesús –en cuanto entrega de sí al ser humano, como individuo y género– hecha desde la cruz (Jn 19, 30) queda explicitada en Pentecostés: La praxis del la posibilidad del amor en cuanto entrega total. No de un individuo sino de una sola persona presente en la Comunidad.

Pentecostés 6. DOMINGO DE PENTECOSTES

Pentecostés (cincuenta, es decir cincuenta días después de la pascua) era, en Israel, la fiesta de la recolección (cf. Ex 23,16; 34,22). De ser una fiesta agraria se convirtió en fiesta histórica: en ella se recordaba la promulgación de la ley sobre el Sinaí. Recibía también el nombre de “fiesta de las semanas”. En este día la ciudad de Jerusalén se llenaba de creyentes judíos venidos a la festividad desde diferentes lugares de la diáspora (dispersión).

Los cristianos conmemoramos en pentecostés la donación del Espíritu Santo, tomando como punto de partida el texto de Hech 2,1- 21, aquí se relata como los discípulos de Jesús, estando reunidos temerosos y sin saber que hacer, al recibir el don del Espíritu que les llevará a proclamar la buena nueva a todos los que estaban en la ciudad. Esto resulta muy significativo hablando de la pastoral urbana que tiene como objetivo: llevar el evangelio a la ciudad, a los diferentes ambientes, a las diferentes culturas y situaciones que la ciudad presenta; y ante toda su problemática, es necesario vivir hoy la fiesta de pentecostés para ir a llevar el mensaje de salvación a todos los hombres y mujeres que necesitan hoy de este ímpetu evangelizador nuevo que ayude al hombre urbano a descubrir la presencia renovadora y transformadora del Espíritu; entendiendo esta presencia como un dinamismo de amor y vida que nos introduce en él a todos los que guardamos la Palabra que Jesús, nos revela y ofrece. A nosotros nos toca aceptarla e incorporarnos a esa fuerza que tiende a expansionarse.

Dios no nos ha creado para reclamarlos luego la vida como tributo y sacrificio. El no absorbe ni disminuye al hombre; lo potencia. Su gloria es que el hombre viva. Por eso, estimar, afirmar y hacer crecer al ser humano, a todo ser humano, a los otros y a nosotros mismos, es darle gloria, ensalzarle por su amor.

Ser cristiano es dejarse guiar por el Espíritu Santo y descubrir cada día la novedad de Dios, la novedad de la Buena Noticia, de la vida nueva, la novedad de amar a tope, hasta el extremo.

Hoy, como siempre, el peligro esta en no creer en el Espíritu Santo, en no aceptar su presencia. En encerrarse y en replegarse, en mirar hacia atrás, en repetir lo de siempre, en pensar que ya tenemos la verdad y que hay que defenderla en vez de hacerla, en creer que ya conocemos a Dios del todo. Hoy también, en la realidad de la ciudad, la consigna es: dejarse conducir, por el Espíritu hacia nuevas maneras de encarnación en un mundo cambiante; hacia nuevos caminos de vivir la fe sin renunciar a ser personas. Es necesario con la fuerza del Espíritu sacar la fe del templo, para vivirla sin miedo a campo abierto.

 

Pbro. Fernando Olascoaga Ayala, Diócesis de Toluca

Alumno Maestría en Pastoral Urbana