Autor: J S

Misión Metrópolis: La nueva Evangelización de Europa

La Nueva Evangelización como program apastoral y como tema de reflexión del próximo sínodo de los Obispos tiene un importante preámbulo en la Misión Continental de las grandes ciudades europeas.

Desde América podemos seguir en un clima de oración y solidaridad con nuestras Iglesias hermanas de Europa el proyecto de reencontrar las raíces cristianas en aquel continente, revitalizar la fe y ser testimonio de esperanza para muchos que la pierden con acelerada rapidez.

El Arzobispo de Barcelona Lluís Martínez Sistach explica los alcances de esta iniciativa.
explica en español

Necesidades espirituales soluciones materialistas

El género humano está unido por sus necesidades y aspiraciones. Búsquedas de todo tipo trazan la historia y modelan las sociedades. Siendo en sí mismas legítimas en cuanto necesidades, como por ejemplo el bienestar básico: vivienda, alimentación, salud, educación, trabajo…, muchas de las búsquedas y los medios para cumplir las aspiraciones incurren en excesos,  contradicciones y terminan por producir lo contrario que se proponen. Muchos optan en nuestro tiempo por la supuesta vía rápida de la delincuencia y la corrupción.

Muchos carecen de lo indispensable, viven marginados y excluidos no sólo del bienestar actual, sino de la esperanza en un futuro mejor, a ellos se suman nuevos marginados que proceden de las clases medias que han despertado de un sueño de prosperidad “fácil” a una dura realidad producto de patrones de desarrollo que se basaban en la desigualdad y la concentración de la riqueza, una gran “pirámide”en la que los últimos en llegar resultan los que asumen las pérdidas.

Empero, las necesidades más importantes y determinantes no están en la esfera de lo material, sino en el ámbito moral y espiritual. El sentido de humanidad y de sabernos hijos amados de Dios, reconocernos hermanos y estar dispuestos a la solidaridad en virtud del mismo amor de Dios son aspectos centrales de la evangelización, tanto como de las aspiraciones humanas más auténticas. Empero, son estas necesidades las que una sociedad arrogante, consumista y centrada en el dinero y el poder material, se esfuerza por ocultar y soslayar.

Evidentemente, el mundo materialista no puede ofrecer satisfacción a las profundas necesidades humanas en el orden espiritual, tampoco lo hace en el terreno de los afectos. Pero tampoco ha podido cumplir con la promesa de prosperidad material, desposeído el mundo entonces de respuestas eficaces, para muchos la única alternativa es la contestación y la desesperanza, las opciones antisistema, el nihilismo y expresiones diversas de muerte

 ¿Qué obstáculos se atraviesan frente a nosotros y nos impiden dar este paso?  

La acción pastoral responde de muy diversas formas y mediante actividades y programas de muy distintos órdenes a todos estos retos. El evangelizador requiere tener una mística clara y –como dice Evangelii Nuntiandi, comenzar la evangelización evangelizándose a sí mismo (E.N.  13) .

 

 

Teología Urbana

Benjamín Bravo, en el libro «La Urbe reta a la Iglesia», habla de la necesidad de encontrar un lugar para evangelizar, la urbe no es tema fácil para la evangelización, la macrourbe moderna constituye una realidad compleja, sorpresiva y hasta cierto punto inédita. Es, sin embargo,   un espacio vital lleno de contradicciones, expectativas y frustraciones. Sus habitantes, a la vez testigos y protagonistas le convierten en un hábitat indeseable y amable. Es un desafío y una tarea.

La pastoral urbana tendría que ser mucho más que un lugar común en el estudio de todos los agentes, de búsqueda y de intercambio de diversos niveles, desde el gobierno pastoral hasta el de los grupos más sencillos. Este congreso y otros espacios semejantes, pueden propiciarlo. La pastoral de ambientes específicos está todavía en una fase inicial.

La ciudad, que no permite descubrir tan fácilmente los imaginarios, los mantiene vivos en múltiples símbolos, concentrados casi siempre en ritos, no sólo religiosos sino seculares. Los imaginarios siempre han estado en los grupos y ciudades y, a su vez, cada grupo social, desde su situación concreta, los recrea, haciendo nuevos los viejos mitos; son, además, sentido de los sin-senidos y germen de sentido en los mismos sin-sentidos.

Así, la ciudad tiene significaciones, gracias tanto a los que excluye. El citadino. Desde su exclusión, o inclusión social, económica, cultural, política, crea imaginarios a su medida. Aunque no los conceptualice, vive, de ellos. Gracias a ellos, el citadino da significado y comprende el mundo concreto que vive. El entorno hostil e imprevisible.

La urbe en sí es un mito. Y esto no sólo en cuanto es una ilusión, sino en cuanto da cohesión a anhelos profundos que la persona humana ha intuido por siglos y ya encuentra realizados en la urbe, aunque todavía no como él quisiera. La urbe es respuesta a su propia realización plena y también anhelo nunca alcanzable, pues siempre seguirá soñando en una forma de vivir que llene aspiraciones no logradas en otro espacio.

Los hombres y las sociedades necesitan un sentido para vivir y subsistir. Sin él, naufragan en el caos. Cada sociedad ha ido generando unas matices de sentido por las que las diversas vicisitudes de la vida personal y social son encajadas y llenadas de significado. Las tradiciones vivientes son un gran acervo de significados. Se ponen en movimiento continuamente para integrar significativamente las novedades y las experiencias que, saliéndose de lo ordinario, amenazan con el sin sentido a la persona y a la sociedad.

 

Estrategias pastorales

Una ciudad será más urbe en la medida en que satisfaga estas tres características. Sin embargo, aunque la ciudad cuenta con estas respuestas, evidencia una doble dinámica: al mismo tiempo que necesita de la sujeción de todos sus habitantes para este funcionamiento, excluye a la mayoría de ellos de la posibilidad de conseguir esta triple realización.

La persona, al no sentir que la ciudad le responde, no la entiende y la experimenta como «caos».

La inclusión/exclusión y la experiencia del «caos» llevan a la persona a buscar asirse de otro tipo de espacios o momentos (lugares, personas, grupos) que le permitan o ayuden a reordenar su caos y a transformarlo en «cosmos». Así:

A nivel familiar, amplía el concepto de familia, desdoblándola, ampliándola: tía, abuela, hija mayor.

A nivel social, amplía las «relaciones primarias»: la red de «seguridad social»: multiplicación de compadres/comadres, la fiesta, el «chupe» semanal con los cuates, la «gorra»

A nivel económico, en torno al deterioro de la vida, por el que la gente «gana» más y come peor, el hambre impele a la tanda, a la vaquita, ala que presta, al Monte de Piedad.

A nivel territorial, o sea, en la «entidad social» don-de uno realiza lo vital de su vida cotidiana: la satisfacción de los servicios básicos, el parquecito, la tiendita, la lechería

A nivel religioso, el santito milagrero, la aparición, la manda, la peregrinación.

A nivel recreativo, la cascarita en la calle, la gorra semanal, la esquina de la calle, el billar, el salón de baile…

Reto 1: Descubrir los espacios (personas, lugares) en donde el citadino reordena su experiencia de «caos».

Reto 2: Generar o potenciar estos espacios alternativos en los que el citadino excluido entiende (está entendiendo) el por qué de su «caos» y en donde encuentra (está encontrando) respuestas alternativas para satisfacer distintos niveles vitales alimentación, salud, dinero, vivienda, transporte, comunicación.

La Iglesia de la ciudad generalmente no ayuda al citadino en esta alternatividad: el Evangelio no le suena a «buena noticia para los pobres» y no espera que las estructuras eclesiales respondan a su necesidad vital. De ahí que intente otras búsquedas.

Si es recién llegado a la ciudad, regresa periódica-mente a su pueblo de origen a revitalizarse con motivo de la fiesta patronal o de los muertos; si es hijo de migrante, se adhiere a grupos religiosos sectas que le ayudan efectivamente a sobrellevar el caos y, en diferentes formas religiosas, se lo convierten en «cosmos»; reinventa nuevos ritos urbanos religiosos y seculares que le permitan ser alguien identificarse a sí mismo en medio de una ciudad que lo tiene en el nivel de nada y nadie: XV y 3 años, fin de cursos, aniversarios de bodas, graduación de kinder o primaria, ermitas callejeras, mañanitas a la Virgen, bautizar, primera comunión; y seculares: tener video, TV a colores, compact, burlas de los políticos, rito funerario, responde al caos con violencia.

Reto 3: La Iglesia debe tomar más en cuenta los ritos religiosos populares, tanto los agrarios como los urbanos, a fin de generar desde ahí un anuncio más liberador.

Reto 4: La Iglesia debe descubrir los ritos seculares que dan identidad a la persona, a fin de discernir su cercanía a los valores del Reino y, en consecuencia, unirse a ellos para potenciarlos.

La ciudad, interlocutora

La ciudad que «habla»

La ciudad habla más simbólica que verbalmente. Es un hablar absoluto y dominante. Impone una manera de pensar y actuar a través de los medios masivos dominados por unos cuantos, no sólo dentro de la propia ciudad, sino a nivel nacional y a veces mundial. La ciudad será más urbe en la medida en que tenga este impacto cultural. En nuestro caso concreto, la cultura dominante es el american way of life. Los valores de esta cultura se imponen como valores dominantes que, al ser aceptados por la mayoría, se transforman en ambiente. Otros valores culturales, vividos por ciertos sectores o minorías, son descartados como ideales, y así, se convierten en ambientes secundarios.

Sin embargo, la ciudad sigue siendo heterogénea. Esto produce los estratos, en donde «los de arriba», que personalizan la forma urbana de vivir, necesitan y excluyen a los de abajo, como si su rebajamiento infrahumano fuese necesario para que exista su «mundo feliz», para ser «gente bonita». La ciudad necesita de desechos humanos, de la «hecificación» de alguna gente.

Notas sobre religiosidad popular

Según explica el Padre  Benjamín Bravo en su ponencia “Experiencias Pastorales”, primero que nada hay que entender qué es una urbe. Para él, una urbe es un texto donde existen varios plurales lenguajes culturales, de tal manera que para abordar la religiosidad popular tenemos que tener en cuenta qué es un lenguaje cultural religioso. Donde existe ya una cultura y hay un ciclo integral, el intervenir es en cierto modo lesionarlos. Lo mismo que si intervinieran en mi círculo religioso oficial, sería totalmente de mi desagrado el que me dijeran cómo tengo que hacer las cosas.

Tenemos que creer que en la urbe hay plurales lenguajes culturales, no se ven a la primera, necesita uno empezar a observar lo más visible de esos lenguajes que son sus rituales, casi siempre tienen calendarios donde celebran ritos.

Todo ritual comprende cinco tipos de ritos: ritos de bienvenida, ritos de sensibilización, ritos de éxtasis, rito de reposo y rito de dar por sentido misionero.

Esto hace que este lenguaje el de la religiosidad popular sea un lenguaje mítico simbólico. La verdad de los lenguajes míticos simbólicos esta en el pasado, entonces en el pasado esta la verdad y tiene que sostenerlo a toda costa y como un lenguaje cultural es a base de signos, de cosas, de instituciones, de colores, de movimientos, de calendarios.

Lo primero que uno encuentra es que el lenguaje que tiene el cristianismo es un lenguaje generalmente racional, verbal, lógico, deductivo, donde lo principal son las palabras, y al encontrarse con otro lenguaje que es el mítico simbólico donde todo se expresa con objetos o cosas, el ritual le da a una cosa sentido, significado, el día mas bello es cuando es la fiesta, donde se expresa el significado de los objetos que maneja, el resto del año tienen descanso los objetos y no les dan significado, pero en esas fechas sí les dan un autentico significado.

Por lo mismo los «sacerdotes» de este lenguaje religioso popular son generalmente tres, el mayor es la mayordomía, la rezandera y los que cuidan imágenes o altares en distintas calles. Quien es de más fácil relación es la rezandera, no es que sea la más importante. Entonces uno tiene que empezar a entrar en su mundo y es entonces cuando entra una relación de meterse en su terreno, meterse en su cultura y tratar desde mi cultura a aportar algo, con cierta simpatía, a ver si les parece o no, pero lo importante es callarse uno la boca, convivir y meterse a celebrar con ellos, hasta donde es posible.

Encuentro ISEE – Adveniat

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El martes 11 de octubre de 2011 en la sede del Instituto Superior de Estudios Eclesiásticos se realizó un constructivo encuentro con representantes de Adveniat que visitaron México y que se interesaron por conocer el trabajo que realiza el ISEE mediante la Maestría en Pastoral Urbana.

La delagación estuvo encabezada por Mons Franz-Josep Bode, obispo de Osnabruk (Alemania) y presidente de la Comisión Episcopal para la Pastoral (Conferencia Episcopal Alemana), estuvo presente el director de proyectos de Adveniat Thomas Wieland y Hohannes Nibbe y Dieter Tewes. Por parte del ISEE participaron el P. Valenti Salmerón, Secretario General, P. Dr. Miguel Angel Urbán Director de Teología, Mtro. Jesús An. Serrano Coordinador de Maestría y Prof. Alejandro G.. Emiliano.

Se expuso de manera general las características de la Maestría, sus orientaciones prioritarias, sus dificultades y logros. Se habló especialmente de los dos proyectos de investigación vigentes y sobre algunas percepciones acerca de las iglesias de casa, la sectorización parroquial, la religiosidad popular, la ciberparroquia y la formación de los seminaristas.

El encuentro fue enriquecedor para ambas partes y se acordó continuar en comunicación y aportar las experiencias y conocimientos que se generan en el ISEE poniéndolos a disposición de otras comunidades pastorales.