Una esperanza desde casi el fin del mundo…

Habemus Papam…!

¡Cuántos sentimientos encontrados! El primer Papa latinoamericano. El primer Papa Jesuita. El primer Papa llamado Francisco…

Foto. News.va

Primeras palabras del Papa Francisco I

¡Hermanos y hermanas, buenas noches!

Ustedes saben que el deber del Cónclave es dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo… pero estamos aquí… Les agradezco la acogida.

La comunidad diocesana de Roma tiene a su Obispo. ¡Gracias!

Y primero que nada, quisiera hacer una oración por nuestro Obispo Emérito, Benedicto XVI. Recemos todos juntos por él, para que el Señor lo bendiga y la Virgen lo custodie. [Con los fieles en San Pedro]Padre Nuestro… Ave María… Gloria…

Y ahora, comenzamos nuestro camino: Obispo y pueblo. Este camino de la Iglesia de Roma que es la que preside en la caridad a todas las Iglesias. Un camino de hermandad, de amor, de confianza entre nosotros. Recemos siempre por nosotros: el uno por el otro. Rezamos por todo el mundo, para que haya una gran hermandad.

Auguro que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el que me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan bella. Y ahora quisiera darles la bendición… pero primero, os pido un favor: antes de que el Obispo bendiga al pueblo, les pido que recen al Señor para que me bendiga. La oración del pueblo que pide la bendición para su Obispo. Hagamos en silencio esta oración de ustedes por mí.

Bendición Urbi et Orbi

Hermanos y hermanas, os dejo. Muchas gracias por la acogida. ¡Recen por mí! Nos vemos pronto: mañana quiero ir a rezar a la Virgen para que custodie a toda Roma. ¡Buenas noches y buen descanso!

¿Renovar a la Iglesia en el mundo a través de signos?

La presentación del Papa Francisco I muestra ya desde su presencia algo distinto…

Apareció con la sotana blanca que ha caracterizado al papado desde hace décadas pero ¡sin la capa roja y sin la estola papal! Eso no es todo… el crucifijo que pende de su cuello no brilla, parece que no es de oro sino que se trata de un pectoral muy sencillo… y ha escogido el nombre de Francisco… hay que tomar en cuenta que en Argentina viajaba en transporte público.

¿Quién es este hombre que se atreve a presentarse con tanta sobriedad en un mundo donde el estatus social se muestra a través de los accesorios de un cuerpo vestido a la moda?

Por si fuera poco, el rostro de Francisco I no muestra el triunfalismo de aquellas personas que han alcanzado un logro personal muy importante sino que mantiene una sonrisa cálida, serena. Sus ojos muestran cierta ternura, aún cansados, detrás de sus anteojos. En algunos breves momentos deja entrever cierto asombro ante la multitud reunida que lo acoge, sabe que cuán grandes son las sandalias del pescador… y trata de respirar sereno.

Después llegan algunos cardenales para acompañarlo en el balcón papal. Los rostros de ellos son inexpresivos hasta que Francisco I menciona que “…el deber del Cónclave es dar un Obispo a Roma. Parece que mis hermanos cardenales han ido a buscarlo casi al fin del mundo…” es entonces que se dibujan en los rostros cardenalicios sonrisas, algunas muy tímidas…

Después de este cálido saludo el Papa electo dice que lo primero que va a hacer es una oración por el “Obispo emérito de Roma: Benedicto XVI para que Dios lo bendiga y la Virgen lo custodie” ¿Con estas palabras define el papel del Papa predecesor? Quizá y más aún si tomamos en cuenta que más adelante menciona “Auguro que este camino de Iglesia, que hoy comenzamos y en el que me ayudará mi Cardenal Vicario, aquí presente, sea fructífero para la evangelización de esta ciudad tan bella…” En adelante la responsabilidad de ser cabeza visible de la Iglesia recae sobre su persona. Entonces su rostro cambia, sabe que requiere de su pueblo y que su pueblo lo necesita… se arriesga confiado y deja entrever sus posibles objetivos: la Iglesia de Roma debe presidir en la caridad a todas las Iglesias, caminar en la hermandad, en el amor y en la confianza mutua, ambos para que la evangelización sea “fructífera” en “esta ciudad tan bella”. ¿Estará hablando de una nueva manera de concebir la evangelización y la ciudad? Tengamos presente el impulso que dio a la Pastoral Urbana en Argentina, no como una pastoral que se hace en la ciudad sino como una pastoral pluricultural que se deja ayudar por el conocimiento profesional de sus fieles.

Y antes de dar “la bendición a la ciudad y al mundo” pide que el pueblo mismo haga oración para que Dios bendiga a su Obispo, para que lo bendiga a él… sus acompañantes parecen incómodos, algunas mandíbulas se aprietan, algunos más dan un paso atrás o agachan la cabeza… pero el pueblo aplaude y grita… después la Plaza de San Pedro queda sumida en un profundo y reverente silencio… Hasta este momento pide la estola papal para realizar la bendición solemne. Al final de la misma se quita la estola para entregarla… se queda en silencio pero no por mucho tiempo, rompe en protocolo. Pide un micrófono. Agradece el recibimiento. Pide que recen por él… e informa lo que hará al día siguiente… “quiero ir a rezar a la Virgen para que custodie a toda Roma

Habemus Papam…!

¡Cuántos sentimientos encontrados! El primer Papa latinoamericano. El primer Papa Jesuita. El primer Papa llamado Francisco… llamado desde casi el fin del mundo.

 

Por: Alejandro Emiliano

Dejar que la ciudad nos evangelice

Cuando se propuso, a principios de 2012, la premisa “dejar que la ciudad nos evangelice” se adoptó un enfoque positivo sobre la ciudad.

Con base en una visión teológica afirmativa de la ciudad se asume que ésta es el lugar que Dios ha escogido para realizar una epifanía ante el hombre y la mujer contemporáneos. Esta interpretación teológica de base, permite discernir lo que las personas en su vida cotidiana realizan encontrándose con Dios de formas diversas y en contextos inesperados, a modo de zarzas ardientes, esquinas, banquetas, restaurantes, centros comerciales o cines, pueden ser espacios sagrados en los que Dios decida manifestarse a determinada persona.

En tal sentido, el cristiano y, particularmente, el evangelizador, no pueden descalificar la posibilidad de que Dios escoja el sitio, al contrario, deben sentirse convocados a ser testigos de la presencia de Dios en tales espacios. Este es un cambio en la concepción que hace el cristiano respecto del espacio secular, para quien, en cierto sentido, se fusionan en una misma dimensión lo sagrado y lo secular.

La secularización es una vocación para el cristiano en tanto que su punto de partida se desprende de un hecho fundacional, señalado por el Evangelio de San Juan 1, 14: el Verbo de Dios se hizo carne y puso su morada entre nosotros. Secularizar es integrarse en el siglo, pasar a ocupar una posición en la historia, que es vista siempre como historia de salvación. La elección libre de Dios de encarnarse en la realidad de los hombres y habitar con ellos, representa básicamente el punto de partida del proceso secularizador cristiano.

Si con frecuencia se habla de la secularización como una amenaza, desde esta óptica, más bien es oportunidad, aquella que hace de este espacio epifanía y de este tiempo kairós. Esta visión va a contrapelo de aquella que estableció Jacques Ellul para quien la ciudad era sinónimo del proyecto de los hombres contrapuesto al de Dios, es decir, el paraíso perdido.

Sin embargo, como revelan diferentes estudios realizados en la Maestría en Pastoral Urbana, la dialéctica que se forma entre el paraíso perdido como condición de vida del habitante de la ciudad que “sufre” los rigores de la misma, se contrapone permanentemente a la aspiración de la recuperación del paraíso, mediante el progreso, la vivienda suburbana, el automóvil, etc. Elementos materiales que se asocian con hacer de la ciudad un lugar más acogedor.

Dejar que la ciudad nos evangelice significa, por una parte dejar que sea el espacio sagrado de la urbe el que sea vivido en esa tensión propia del kairós. Es decir, un momento en el que se ofrece a la persona una oportunidad que puede tomar o no; un riesgo y una promesa.

Por otro lado, como señala el P. Federico Altbach, dejar que la ciudad nos evangelice es saber, previa valoración de la misma, descubrir en ella la presencia actual de muchos de los valores evangélicos impregnados en la cultura y la socialidad. Es decir, asumir que el evangelio no se encuentra de manera meramente teórica en el libro o en el templo, sino que se puede encontrar en la vitalidad de la ciudad, en cada espacio, en cada ambiente creado por sus habitantes, en los diferentes colectivos sociales que movidos por intereses –no explícitamente conectados o incluso aparentemente antagónicos al evangelio- donde es posible encontrar la vivencia de valores evangélicos.

Todavía es posible encontrar una tercera variante, la que es propia de salir al encuentro de Cristo en los hermanos, especialmente los que sufren más. En el Evangelio de San Mateo 25, 31-46, se señala la necesidad de encontrar en la persona que sufre la presencia del Señor. En este sentido, la ciudad está pletórica de Dios, ya que está llena de hombres y mujeres que en diferentes circunstancias están esperando de la solidaridad y de la presencia humana de los hermanos.

Radio Pastoral Urbana Programa 1

El 21 de marzo de 2012 comenzamos a transmitir el programa de radio semanal.Radio Pastoral Urbana todos los miércoles de 5 a 6 pm GMT-6Los temas del día son:- Protección civil: qué toca al fiel cristiano- La próxima llegada a México del Papa Benedicto XVI- Historia de la Pastoral UrbanaSíganos cada miércoles

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