Conversión Pastoral

¿De dónde surge la necesidad de la conversión pastoral?

De que la Iglesia es un medio y no un fin.

La conversión pastoral aparece en los números 365-372 de Aparecida. El tema se centra en una transformación organizacional.

369.- Paradigma de la renovación comunitaria se encuentra en las primitivas comunidades cristianas:
Ellas buscaron formas para evangelizar las culturas y circunstancias.
Eclesiología de comunión CVII
– Prioridad de la misión. Destinatarios. Urgencia de fijarnos en culturas y circunstancias.
– Descubrir, entender, valorar e insertar el evangelio.

Parroquia como castillo. Al interior sucede todo. Centro de reunión, de estudio, convivencia y celebración. Pero lo grave de vivencia cristiana.
No sabemos o no podemos o no sabes cómo tener presencia fuera del templo.

Aqui la comunión está asegurada. En cambio, al salir, no está asegurada la comunión y ese hecho es invitación, desfío para aprender a usar otros lenguajes que nos permitan entrar en comunicación y crear comun-unión.
Descubrir los núcleos de contacto.

370 y 371 referencia a los planes pastorales. informacion general.
Si hay objetivos que cumplir hay que buscar los medios adecuados.
Pide interdisciplinariedad y el talento de los laicos

El otro documento: CRITERIOS PARA LA CONVERSIÓN PASTORAL Y LA RENOVACIÓN MISIONERA DE LA DIÓCESIS Y LA PARROQUIA, A LA LUZ DE APARECIDA
Trata de la renovación misionera. topa con una mentalidad cerrada y clericalista.
Nueva espiritualidad y nuevos areópagos
unidad de criterios. hay anarquia y capricho
laicos se adaptan y se acomodan en esta situacion

Evitar la autocondescendencia. creencia a priori en la virtud
crear pequenas comunidades: no solo tomarlo como algo territorial

Importancia de la participacion de los laicos incluso en la planeacion
Conocer el perfil de las personas respecto a la funcion que se espera que cumplan.

El gran reto es entender qué se puede esperar de cada uno y qué se debe exigir de cada laico. El P. Benjamin Bravo habla de encontrar granos de oro. invitación abierta, breve encuentro. Y luego aprovechar su talento para insertarse. Y ese ejercicio debe revelar el potencial que puede ofrecer una persona. hay que buscar activamente talentos. Invitar.
Pastoral organica. se refiere a la organicidad de la iglesia, la pu exige trascender lo orgánico ya que no se llega a los espacios vitales de la población. es algo más allá de lo orgánico,
misión centrífuga, ir hacia, y centripeta, convocar a.
Primero hay que salir para después captar.

Anuncio kerigmático y proceso formativo. He visto simplificación. El anuncio de Jesús debe ser explícito, pero no significa que sea inmediato y puntual. Toca la puerta…. El kerigma sigue la pedagogía de Emaus. acercarse, caminar junto, preguntar, escuchar, acompañar y construir una comunidad de amor. Entonces es cosa más compleja.

Formar comunidad lleva a la formación.

7 y 8 se refieren a las comunidades misioneras, comunidad de comunidades, cuyo propósito no sea la mera conservación sino misión. Aqui hay una dialectica. Formarse para la acción hasta qué punto.

9. Nuevos areopagos. Contexto urbano. Va más allá del anuncio evangélico, se refiere al testimonio. Testimonio cultural. Por ejemplo a los maestros.

Tareas
Repensar la organización y las estructuras.
Inclusión de los laicos en las estructuras de la Iglesia. Muy limitada a pesar de que se hable mucho,
Tipología afines a la parroquia. Parroquias in solidum, personales o ambientales.
Un templo a la vez para varias parroquias.
Asegurar la experiencia comunitaria de cada bautizado. CEB, iglesia de casa. No meramente territoriales, sino personales por grupos con afinidades.
Procesos de formación procesual y permanente. En esto es donde más se ha hecho. Esto aparece al final, de los temas anteriores falta apropiación y discernimiento. Una formaciómn que no desemboca en la acción, no cumplió y no se resuelve con agregados de formación, porque en realidad no hay formación, sino información y entretenimiento.

La tragedia humana cotidiana en los trenes que conducen a la urbe

Con nuestra solidaridad y afecto para todas las personas que han sufrido esta tragedia.


El 18 de abril de 2009 chocaron dos trenes de la línea suburbana entre las estaciones San Rafael y Lechería, en las rutas que conectan Cuautitlán con la Ciudad de México. No hubo muertos, pero sí más de cien heridos. Las investigaciones no arrojaron nada significativo, la responsabilidad se diluyó.

Igual que en la tragedia del miércoles de ceniza 22 de febrero de 2012, en el tren de Once, allí se transportaban trabajadores, gente humilde que emplea el transporte público como la opción más económica para llegar a sus centros de trabajo.

Foto PatriaGrande

Las condiciones de vida que impone la megalópolis se resienten de manera directa en la calidad de vida, en los esfuerzos multiplicados que tienen que realizar personas y familias para cumplir con las exigencias de la necesidad de tener un ingreso y un lugar donde vivir que sea accesible para sus bolsillos.

El Estado falla en su deber de asegurar condiciones y oportunidades para una vida de calidad. Empresarios se sienten disculpados de la responsabilidad de promover adecuaciones a los servicios públicos y la infraestructura necesaria para que los nuevos centros habitacionales sean funcionales.

Las duras condiciones de vida son una carga que llevan sobre los hombros mujeres y hombres que viven en las periferias urbanas. ¿De qué manera la voz de Dios y el calor de su amor pueden llegar hasta ellos?

¿De qué manera podemos los cristianos ser sal en la tierra para promover condiciones de vida con justicia?

Uno de los retos consiste en crear comunidad a pesar de la diáspora, a pesar de la dispersión y la atomización de la vida.

Pensemos cómo crear comunidad en este caos …

Teología y Cultura

El Padre Julián López nos ofrece un importante subsidio para el discernimiento pastoral referido a la cultura, especialmente la cultura urbana

El tema de la cultura es relevante en Teología al menos en tres niveles. Por una parte, al interno de la Teología Positiva es necesario destacar el ámbito cultural en el que se lleva a cabo la autocomunicación de Dios al hombre, así como la transmisión de la misma en la vida de la comunidad eclesial. Se trata del ejercicio de la hermenéutica teológica. Por otro lado, la Teología Práctica requiere considerar los contextos culturales contemporáneos en los que la fe cristiana está llamada a hacerse presente. Se trata del ejercicio de la inculturación del Evangelio. Pero además es necesario realizar un análisis teológico de la cultura en cuanto tal y su vínculo con la fe. Esta labor, en buena medida aún por realizarse, es semejante a la que en las últimas décadas se dio al integrar la categoría «historia» en la reflexión teológica, atendiendo al mismo tiempo las advertencias que desde la crítica al modernismo se habían generado.

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Pentecostés: Praxis de la posibilidad del amor en cuanto entrega

Lic. Alejandro Gabriel Emiliano, alumno de la Maestría en Pastoral Urbana.

La fiesta de pentecostés, en el contexto de la naciente primera comunidad cristiana, refiere una ruptura con la vida cotidiana desde dos aspectos: (1) Desde la vida agrícola. La fiesta era la acción de gracias por las cosechas realizadas y, a partir de ese momento, el ciclo agrícola terminaba; (2) Desde la identidad del pueblo elegido. La fiesta, también llamada de las semanas, hacía referencia a la entrega de la Ley a Moisés por parte de Dios en el Sinaí, entrega que daba identidad a un pueblo que pasó de ser “hebreos sin tierra ni heredad” a “las tribus de Israel, dueños de la Tierra Prometida”. Ambas rupturas capacitan, tanto al individuo como al grupo y la sociedad, para un modo de vida radicalmente distinto. La identidad nueva dada por Dios separa al ser humano que la recibe para vivir de acuerdo a su Ley y no bajo criterios mundanos. El cambio de dinamismo vital separa al ser humano del campo para relacionarse con aquellos que son como él. De modo que Pentecostés tiene un primer significado: el ser humano arrancado de las actividades de la vida cotidiana para relacionarse con aquellos que comparten y hacen explícito su ser desde una moralidad vitalizante.

La solemnidad de Pentecostés en el mundo cristiano retoma dicho significado y lo trasciende (Hch 2, 1-13). La comunidad se hallaba reunida a puerta cerrada; previamente el puesto de Judas Iscariote había sido restaurado y su lugar ocupado por Matías (Hch 1, 12-26). De modo que se pretendía una restauración de las actividades que Jesús hacía durante su ministerio público pero con la centralidad y protagonismo de la etnia judía como heredera de las promesas de Dios, sopesando la universalidad de la salvación. Era, pues, una restauración del pasado, no proyección hacia el futuro. Es entonces que el Espíritu desciende entre estruendos celestes y lenguas de fuego, signos de ruptura, de discontinuidad; los cimientos sobre los cuales se pretende construir la naciente comunidad cristiana son cuestionados, purificados. Ya no podrá haber continuidad entre el proyecto cristiano y el judaizante.

La ruptura plena, no pedida ni deseada pero si dada y exigida,  la realiza la primitiva comunidad trascendida por la presencia del Espíritu que ya no hará lo mismo que Jesús en cuanto a su materialidad sino en cuanto a su sentido profundo de re-creación del ser humano y de las estructuras en que vive y se desarrolla. El pueblo elegido ya no solo será el resto fiel de Israel sino todo aquél que lleve a la praxis de la vida diaria, con convicción, perseverancia y valentía, las palabras de Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.” (Jn 13, 34-35)

Esta escandalosa propuesta de amor de Jesús –en cuanto entrega de sí al ser humano, como individuo y género– hecha desde la cruz (Jn 19, 30) queda explicitada en Pentecostés: La praxis del la posibilidad del amor en cuanto entrega total. No de un individuo sino de una sola persona presente en la Comunidad.

Pentecostés 6. DOMINGO DE PENTECOSTES

Pentecostés (cincuenta, es decir cincuenta días después de la pascua) era, en Israel, la fiesta de la recolección (cf. Ex 23,16; 34,22). De ser una fiesta agraria se convirtió en fiesta histórica: en ella se recordaba la promulgación de la ley sobre el Sinaí. Recibía también el nombre de “fiesta de las semanas”. En este día la ciudad de Jerusalén se llenaba de creyentes judíos venidos a la festividad desde diferentes lugares de la diáspora (dispersión).

Los cristianos conmemoramos en pentecostés la donación del Espíritu Santo, tomando como punto de partida el texto de Hech 2,1- 21, aquí se relata como los discípulos de Jesús, estando reunidos temerosos y sin saber que hacer, al recibir el don del Espíritu que les llevará a proclamar la buena nueva a todos los que estaban en la ciudad. Esto resulta muy significativo hablando de la pastoral urbana que tiene como objetivo: llevar el evangelio a la ciudad, a los diferentes ambientes, a las diferentes culturas y situaciones que la ciudad presenta; y ante toda su problemática, es necesario vivir hoy la fiesta de pentecostés para ir a llevar el mensaje de salvación a todos los hombres y mujeres que necesitan hoy de este ímpetu evangelizador nuevo que ayude al hombre urbano a descubrir la presencia renovadora y transformadora del Espíritu; entendiendo esta presencia como un dinamismo de amor y vida que nos introduce en él a todos los que guardamos la Palabra que Jesús, nos revela y ofrece. A nosotros nos toca aceptarla e incorporarnos a esa fuerza que tiende a expansionarse.

Dios no nos ha creado para reclamarlos luego la vida como tributo y sacrificio. El no absorbe ni disminuye al hombre; lo potencia. Su gloria es que el hombre viva. Por eso, estimar, afirmar y hacer crecer al ser humano, a todo ser humano, a los otros y a nosotros mismos, es darle gloria, ensalzarle por su amor.

Ser cristiano es dejarse guiar por el Espíritu Santo y descubrir cada día la novedad de Dios, la novedad de la Buena Noticia, de la vida nueva, la novedad de amar a tope, hasta el extremo.

Hoy, como siempre, el peligro esta en no creer en el Espíritu Santo, en no aceptar su presencia. En encerrarse y en replegarse, en mirar hacia atrás, en repetir lo de siempre, en pensar que ya tenemos la verdad y que hay que defenderla en vez de hacerla, en creer que ya conocemos a Dios del todo. Hoy también, en la realidad de la ciudad, la consigna es: dejarse conducir, por el Espíritu hacia nuevas maneras de encarnación en un mundo cambiante; hacia nuevos caminos de vivir la fe sin renunciar a ser personas. Es necesario con la fuerza del Espíritu sacar la fe del templo, para vivirla sin miedo a campo abierto.

 

Pbro. Fernando Olascoaga Ayala, Diócesis de Toluca

Alumno Maestría en Pastoral Urbana

Pentecostés 5. Pastoral Urbana

Dice San Agustín, a propósito del acontecimiento de Pentecostés: “En efecto, el que aquella minúscula Iglesia hablase las lenguas de todos los hombres, ¿qué significaba sino que esta gran Iglesia habla las lenguas de todos los hombres desde la salida del sol hasta su ocaso?” (San Agustín, sermón 267). Con este comentario, se puede dar pie a la reflexión de cómo este acontecimiento de Pentecostés (Act. 2, 1-11) es un imagen de lo que busca la pastoral urbana, hoy en día; ser un medio o instrumento que permita desde la fe católica, un acercamiento a todas la realidades que conciernen al ser humano y que susciten en él una respuesta como en Pentecostés ( Act. 2, 37c)

Pentecostés es la antítesis de “la torre de Babel” donde había un solo lenguaje, una humanidad, pero el resultado es la dispersión (Gen 11,8). En pentecostés se da la acción contraria, se habla muchas lenguas, pero el kerigma apostólico, propicia la unidad ( Act. 2, 7-11).

En razón de esto, la Iglesia de Cristo está llamada a evangelizar, bajo la acción del Espíritu Santo y buscar llegar a todo hombre y mujer de este mundo y saber entablar comunicación con el mismo o misma. Debe darse a entender al hombre de hoy y suscitar en él el anhelo  de Dios o por lo menos el deseo de trascender.

Parafraseando el texto: “-¿Acaso los que hablan no son todos galileos? ¿cómo es que cada uno los oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas (…) todos los oímos contar, en nuestras lenguas, las maravillas de Dios.” (Cf. Act. 2,7-11)[1]; ¿no podría decirse hoy?: -no son todos esos de la Iglesia Católica, y a pesar de eso, entienden nuestra realidad, habemos ateos, modernos, postmodernos, tecnocráticos, de la new age, y sin embargo, nos sentimos acogidos y entendidos.

Es decir, la Iglesia católica si tiene algo que decir al mundo de hoy, pero también tiene que escuchar y comprender el mundo de hoy. En este contexto la Iglesia tiene el grave deber de iluminar todas las realidades del ser humano de hoy y permitir que desde su realidad, cada uno recibiendo el kerigma apostólico, dé una respuesta libre y con ello descubra que Jesucristo da sentido a toda realidad humana, que en lugar de rechazarla, la toma, la enriquece y la hace trascender.

Pentecostés es la oportunidad de armonizar y unir a la humanidad y generar una verdadera fraternidad en Cristo.

Responsable

Pbro. Samuel Rubio Morales

Pastoral Urbana


[1] Luis Alonso Shökel, La Biblia de nuestro pueblo, Ediciones mensajero, Ed. 2010