Categoría: Temas de Reflexión

Pentecostés: Praxis de la posibilidad del amor en cuanto entrega

Lic. Alejandro Gabriel Emiliano, alumno de la Maestría en Pastoral Urbana.

La fiesta de pentecostés, en el contexto de la naciente primera comunidad cristiana, refiere una ruptura con la vida cotidiana desde dos aspectos: (1) Desde la vida agrícola. La fiesta era la acción de gracias por las cosechas realizadas y, a partir de ese momento, el ciclo agrícola terminaba; (2) Desde la identidad del pueblo elegido. La fiesta, también llamada de las semanas, hacía referencia a la entrega de la Ley a Moisés por parte de Dios en el Sinaí, entrega que daba identidad a un pueblo que pasó de ser “hebreos sin tierra ni heredad” a “las tribus de Israel, dueños de la Tierra Prometida”. Ambas rupturas capacitan, tanto al individuo como al grupo y la sociedad, para un modo de vida radicalmente distinto. La identidad nueva dada por Dios separa al ser humano que la recibe para vivir de acuerdo a su Ley y no bajo criterios mundanos. El cambio de dinamismo vital separa al ser humano del campo para relacionarse con aquellos que son como él. De modo que Pentecostés tiene un primer significado: el ser humano arrancado de las actividades de la vida cotidiana para relacionarse con aquellos que comparten y hacen explícito su ser desde una moralidad vitalizante.

La solemnidad de Pentecostés en el mundo cristiano retoma dicho significado y lo trasciende (Hch 2, 1-13). La comunidad se hallaba reunida a puerta cerrada; previamente el puesto de Judas Iscariote había sido restaurado y su lugar ocupado por Matías (Hch 1, 12-26). De modo que se pretendía una restauración de las actividades que Jesús hacía durante su ministerio público pero con la centralidad y protagonismo de la etnia judía como heredera de las promesas de Dios, sopesando la universalidad de la salvación. Era, pues, una restauración del pasado, no proyección hacia el futuro. Es entonces que el Espíritu desciende entre estruendos celestes y lenguas de fuego, signos de ruptura, de discontinuidad; los cimientos sobre los cuales se pretende construir la naciente comunidad cristiana son cuestionados, purificados. Ya no podrá haber continuidad entre el proyecto cristiano y el judaizante.

La ruptura plena, no pedida ni deseada pero si dada y exigida,  la realiza la primitiva comunidad trascendida por la presencia del Espíritu que ya no hará lo mismo que Jesús en cuanto a su materialidad sino en cuanto a su sentido profundo de re-creación del ser humano y de las estructuras en que vive y se desarrolla. El pueblo elegido ya no solo será el resto fiel de Israel sino todo aquél que lleve a la praxis de la vida diaria, con convicción, perseverancia y valentía, las palabras de Jesús: “Os doy un mandamiento nuevo: que os améis los unos a los otros. Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros.” (Jn 13, 34-35)

Esta escandalosa propuesta de amor de Jesús –en cuanto entrega de sí al ser humano, como individuo y género– hecha desde la cruz (Jn 19, 30) queda explicitada en Pentecostés: La praxis del la posibilidad del amor en cuanto entrega total. No de un individuo sino de una sola persona presente en la Comunidad.

Pentecostés 6. DOMINGO DE PENTECOSTES

Pentecostés (cincuenta, es decir cincuenta días después de la pascua) era, en Israel, la fiesta de la recolección (cf. Ex 23,16; 34,22). De ser una fiesta agraria se convirtió en fiesta histórica: en ella se recordaba la promulgación de la ley sobre el Sinaí. Recibía también el nombre de “fiesta de las semanas”. En este día la ciudad de Jerusalén se llenaba de creyentes judíos venidos a la festividad desde diferentes lugares de la diáspora (dispersión).

Los cristianos conmemoramos en pentecostés la donación del Espíritu Santo, tomando como punto de partida el texto de Hech 2,1- 21, aquí se relata como los discípulos de Jesús, estando reunidos temerosos y sin saber que hacer, al recibir el don del Espíritu que les llevará a proclamar la buena nueva a todos los que estaban en la ciudad. Esto resulta muy significativo hablando de la pastoral urbana que tiene como objetivo: llevar el evangelio a la ciudad, a los diferentes ambientes, a las diferentes culturas y situaciones que la ciudad presenta; y ante toda su problemática, es necesario vivir hoy la fiesta de pentecostés para ir a llevar el mensaje de salvación a todos los hombres y mujeres que necesitan hoy de este ímpetu evangelizador nuevo que ayude al hombre urbano a descubrir la presencia renovadora y transformadora del Espíritu; entendiendo esta presencia como un dinamismo de amor y vida que nos introduce en él a todos los que guardamos la Palabra que Jesús, nos revela y ofrece. A nosotros nos toca aceptarla e incorporarnos a esa fuerza que tiende a expansionarse.

Dios no nos ha creado para reclamarlos luego la vida como tributo y sacrificio. El no absorbe ni disminuye al hombre; lo potencia. Su gloria es que el hombre viva. Por eso, estimar, afirmar y hacer crecer al ser humano, a todo ser humano, a los otros y a nosotros mismos, es darle gloria, ensalzarle por su amor.

Ser cristiano es dejarse guiar por el Espíritu Santo y descubrir cada día la novedad de Dios, la novedad de la Buena Noticia, de la vida nueva, la novedad de amar a tope, hasta el extremo.

Hoy, como siempre, el peligro esta en no creer en el Espíritu Santo, en no aceptar su presencia. En encerrarse y en replegarse, en mirar hacia atrás, en repetir lo de siempre, en pensar que ya tenemos la verdad y que hay que defenderla en vez de hacerla, en creer que ya conocemos a Dios del todo. Hoy también, en la realidad de la ciudad, la consigna es: dejarse conducir, por el Espíritu hacia nuevas maneras de encarnación en un mundo cambiante; hacia nuevos caminos de vivir la fe sin renunciar a ser personas. Es necesario con la fuerza del Espíritu sacar la fe del templo, para vivirla sin miedo a campo abierto.

 

Pbro. Fernando Olascoaga Ayala, Diócesis de Toluca

Alumno Maestría en Pastoral Urbana

Pentecostés 5. Pastoral Urbana

Dice San Agustín, a propósito del acontecimiento de Pentecostés: “En efecto, el que aquella minúscula Iglesia hablase las lenguas de todos los hombres, ¿qué significaba sino que esta gran Iglesia habla las lenguas de todos los hombres desde la salida del sol hasta su ocaso?” (San Agustín, sermón 267). Con este comentario, se puede dar pie a la reflexión de cómo este acontecimiento de Pentecostés (Act. 2, 1-11) es un imagen de lo que busca la pastoral urbana, hoy en día; ser un medio o instrumento que permita desde la fe católica, un acercamiento a todas la realidades que conciernen al ser humano y que susciten en él una respuesta como en Pentecostés ( Act. 2, 37c)

Pentecostés es la antítesis de “la torre de Babel” donde había un solo lenguaje, una humanidad, pero el resultado es la dispersión (Gen 11,8). En pentecostés se da la acción contraria, se habla muchas lenguas, pero el kerigma apostólico, propicia la unidad ( Act. 2, 7-11).

En razón de esto, la Iglesia de Cristo está llamada a evangelizar, bajo la acción del Espíritu Santo y buscar llegar a todo hombre y mujer de este mundo y saber entablar comunicación con el mismo o misma. Debe darse a entender al hombre de hoy y suscitar en él el anhelo  de Dios o por lo menos el deseo de trascender.

Parafraseando el texto: “-¿Acaso los que hablan no son todos galileos? ¿cómo es que cada uno los oímos en nuestra propia lengua nativa? Partos, medos y elamitas (…) todos los oímos contar, en nuestras lenguas, las maravillas de Dios.” (Cf. Act. 2,7-11)[1]; ¿no podría decirse hoy?: -no son todos esos de la Iglesia Católica, y a pesar de eso, entienden nuestra realidad, habemos ateos, modernos, postmodernos, tecnocráticos, de la new age, y sin embargo, nos sentimos acogidos y entendidos.

Es decir, la Iglesia católica si tiene algo que decir al mundo de hoy, pero también tiene que escuchar y comprender el mundo de hoy. En este contexto la Iglesia tiene el grave deber de iluminar todas las realidades del ser humano de hoy y permitir que desde su realidad, cada uno recibiendo el kerigma apostólico, dé una respuesta libre y con ello descubra que Jesucristo da sentido a toda realidad humana, que en lugar de rechazarla, la toma, la enriquece y la hace trascender.

Pentecostés es la oportunidad de armonizar y unir a la humanidad y generar una verdadera fraternidad en Cristo.

Responsable

Pbro. Samuel Rubio Morales

Pastoral Urbana


[1] Luis Alonso Shökel, La Biblia de nuestro pueblo, Ediciones mensajero, Ed. 2010

El origen del concepto «Nueva Evangelización»

El cardenal Paul Josef Cordes fue durante muchos años presidente del Consejo Pontificio para los Laicos, y luego del Consejo Pontificio “Cor Unum”

En un artículo publicado el pasado fin de semana por L’Osservatore Romano nos explica cómo nació el concepto “nueva evangelización” en la mente de Karol Wojtyla, y cómo entendía el papa polaco que debía llevarse a cabo este esfuerzo evangelizador.

Esta “nueva evangelización” debe ser un esfuerzo de todo el cuerpo eclesial en comunión, en el que laicos y sacerdotes sepan responder a las exigencias de su vocación propia sin rivalidades ni superposiciones, y en el que haya una predicación eminentemente cristológica.

Comenzó con la cruz

“Desde la cruz de Nowa Hutaha comenzado la nueva evangelización: la evangelización del segundo milenio”. Estas palabras fueron pronunciadas en 1979, en su histórico viaje a Polonia, por Juan Pablo II, en la “ciudad sin Dios” comunista en la que la resistencia de los obreros cristianos consiguió levantar una gran cruz y una iglesia.

Sin embargo, subraya el cardenal Cordes, los episodios de Nowa Huta no se comprenden si no se sabe que, en realidad, el cardenal Karol Wojtyla había convocado en la provincia eclesiástica de Cracovia un Sínodo, que desde 1972 implicaba a toda la Iglesia local, obispos, sacerdotes y laicos, en la comprensión y actuación del Concilio Vaticano II.

Esta asamblea tenía como objetivo, subraya el cardenal Cordes, reunir al número más grande posible de fieles y sacerdotes, con gran riesgo pues el régimen comunista prohibía las organizaciones laicales católicas.

En el Sínodo, y poco después en sus primeras enseñanzas magisteriales como papa, Juan Pablo II incorporó el término “nueva evangelización” asociado al de “misión de todos los bautizados”, en el que subrayaba el papel de los laicos en ella.

Pero esto, subraya el cardenal Cordes, no significaba disminuir ni ignorar el ministerio ordenado, como algunos han querido ver en la doctrina conciliar.

Evoca su propia experiencia personal, pues en esos años el purpurado viajó mucho a Polonia, y entabló una relación de amistad con el futuro papa.

“Puedo asegurar que los católicos polacos sienten gran estima y respeto por sus propios sacerdotes”, afirmó. “Sería difamar a Karol Wojtyla si, por el énfasis puesto en la participación de todos los bautizados en la evangelización, se le quisieran imputar intenciones protestantizantes”.

Sacerdotes indispensables

En este sentido, quiso recordar la primera carta de Juan Pablo II a los sacerdotes, el Jueves Santo de 1979, en el que expresaba el dolor de las comunidades católicas que se veían privadas de sacerdotes, un dolor que presumiblemente sentían muchos tras el Telón de Acero.

“A veces sucede que se reúnen en un santuario abandonado, y ponen en el altar la estola, aún conservada, y recitan todas las plegarias de la liturgia eucarística; y en el momento que corresponde a la transubstanciación, cae sobre ellos un profundo silencio, a veces interrumpido por el llanto, ¡tan ardientemente desean escuchar las palabras que sólo los labios de un sacerdote pueden pronunciar eficazmente!”, narraba el papa polaco.

Hoy, afirma el cardenal Cordes, “es urgente afirmar la insustituibilidad de los sacerdotes”, y alega que el mayor problema no es la “mancha” a su estima provocada por los escándalos de abusos en los últimos años.

Al contrario, es mucho más grave “la cada vez más extensa indiferenciación de la figura del presbítero”, afirma, poniendo en guardia contra la extensión de la implantación, en varios países de Europa, de “unidades pastorales” en las que muchas veces el sacerdote tiene un papel secundario, y en el que el factor decisivo de la pastoral es “una administración según principios sociológicos, reduciendo las oportunidades de infundir o promover la fe a través de una relación personal, el testimonio y la confianza madurada en el tiempo”.

“El ministerio ordenado está ensombreciéndose lentamente”, advierte, subrayando la necesidad de “poner de relieve el perfil teológico del presbiterado a través de las Escrituras y el magisterio de la Iglesia”.

En este sentido, invita a releer el decreto conciliar Apostolicam actuositatem, sobre la complementación de los sacerdotes y los laicos en el apostolado, así como la Lumen Gentium.

No al clericalismo

Sin embargo, el cardenal Cordes advierte contra una reacción “también extremista” contra esta situación, mediante un clericalismo que se remite “a un concepto de santidad de tipo histórico-religioso, a través de una separación del mundo, sin tener en cuenta que la santidad de Cristo único sacerdote la da su misión en el mundo y el sacrificio de la propia vida”.

“En lugar de razonar bíblicamente, se mira al sacerdote como ‘representante cultual’, hombre de lo sagrado, cuyo lugar no está ante todo en el pueblo de Dios, sino que se pone frente a él como figura distinta”.

Este punto de vista “se interesa sólo a lo que distingue al sacerdote de los laicos, porque estos evidentemente se han convertido en peligrosos adversarios para el papel de los presbíteros”, un punto de vista “equivocado”, según el purpurado alemán.

“¿No son quizás los nuevos movimientos espirituales los que han dado a la Iglesia el mayor número de vocaciones en el pasado reciente, a pesar de que están fundados sobre todo por laicos y a pesar de que las posiciones de mayor responsabilidad en su interior sean llevadas por laicos?”, se pregunta.

En este tema, recuerda un estudio del propio cardenal Wojtyla en 1972 (La renovación en sus fuentes), en el que el futuro papa abordaba la cuestión, afirmando que el Concilio Vaticano II había puesto de manifiesto “la multiplicidad y la diversidad de las vocaciones dentro de la Iglesia”.

La lectura correcta es por tanto, subraya el cardenal Cordes, la de la Iglesia como un único cuerpo en el que la acción de todos sus miembros – cada uno en su estado y con una vocación propia – se complementan hacia el mismo fin.

Qué es evangelizar

Por último, el cardenal Cordes vuelve de nuevo a aquella visita histórica a Polonia en 1979, para rastrear otra de las pistas que Juan Pablo II dejaba a la Iglesia sobre la “nueva evangelilzación”.

El papa polaco “aprovechó el encuentro en Nowy Targ con los habitantes de la meseta para un gesto muy significativo”: algunos jóvenes de Oasis (un movimiento juvenil fundado en Roma en noviembre de1950 al que Juan Pablo II tenía mucho aprecio), llevaron cestos de pan llenos de Biblias.

“Él mismo distribuyó en la distribución de los libros, entonces extremadamente raros, ilustrando con este gesto que el hombre no vive sólo de pan”, recuerda el cardenal Cordes.

La naturaleza humana, reflexiona el purpurado, “tiende a dar preferencia a la realidad social y a cuanto puede ser alcanzado con las propias fuerzas. Incluso dentro de la evangelización, la atención se ha concentrado prevalentemente en elementos mundanos: justicia y paz, salvaguarda de la creación, discusiones sobre valores y derechos humanos”.

Todo esto, afirma, “ciertamente tiene que ver con el Evangelio, pero no se refiere aún a la cuestión de la fe. Incluso puede oscurecer la sustancia del mensaje divino”.

Juan Pablo II, visitando una parroquia romana en 1989, reafirmó que “en la evangelización no es suficiente proclamar los valores cristianos”, sino que “para poder hablar de evangelización, es necesario que ésta se refiera a los contenidos de la fe”, recuerda el cardenal alemán.

Seguidamente, en la encíclica Redemptoris missio de 1990, el papa remarcaba esta puntualización, al afirmar que una evangelización dirigida sólo a la transmisión de los “valores del Reino”, es decir, la paz, la justicia, la libertad y la fraternidad, corría el riesgo de “dejar de lado la persona de Jesucristo”.

Contra esta concepción, concluye el cardenal Cordes, se expresaba Juan Pablo II, recordando que “el reino de Dios no es un concepto, una doctrina, un programa sujeto a libre elaboración, sino que es ante todo una persona, que tiene el rostro y el nombre de Jesús de Nazaret, imagen de Dios invisible”.

Por Inma Álvarez de ZENIT

Pentecostés 4. La Utilización de los Medios de Difusión Social (MDS) en la Pastoral Urbana

Por: Alejandro Javier Ruíz Escalante

Profesor de Comunicación Pastoral de la Maestría en Pastoral Urbana

Desde tiempos remotos la Iglesia ha observado muy de cerca a las diferentes técnicas de difusión. Buscando, con ello, promover en todo momento el uso de estos sistemas de difusión, y hacer conocer a las diferentes audiencias su mensaje. Así, vale la pena citar un texto muy significativo sobre este tema: Evangelii nuntiandi, donde el Papa Paulo VI enfoca su atención para examinar con aguda visión, los instrumentos de divulgación que la sociedad ofrece para integrarlos al servicio de la evangelización del mundo.

Lo primero a destacar en ellos, afirma, es su enorme potencial de enlace simultá­neo entre millones de individuos.  Paulo VI los califica de «casi sin lími­tes”.

Enseguida el Papa hace una declaración que pone en claro la posición y el pensamiento eclesiástico frente a los MDS:

«La Iglesia se sentiría culpable ante Dios si no empleara esos poderosos medios, que la inteligencia humana perfecciona cada vez más.»(EN, 45)

Esto es un claro reconocimiento de la fuerza, potencialidad, recursos y medios que definen a estas técnicas de difusión, y con los cuales la pastoral urbana debe aprovechar para la propagación de la Verdad en su labor y compromiso. Es decir,  con el fin de la profundización en el conocimiento informativo y formativo de la fe.

Para la pastoral urbana no sería adecuado hablar tanto de la culpabilidad de no querer o saber utilizar estos me­dios por parte de la Jerarquía; sino, más bien, como en muchas otras cosas en la nueva evangelización, el sentimiento debe personalizarse por cada uno de los miembros de la Iglesia Católica.

¡Soy YO!, somos cada uno de nosotros quienes debemos sentir esa  preocupación de no querer o no saber utilizar dichos medios como una justa compensación al mal uso que de los mismos se viene haciendo sin reca­to.

Ahondando sobre el tema, Paulo VI señala: «Con ellos la Iglesia pregona sobre los terrados»(Cf. Mt10, 27; LC 12,3) el mensaje del que es depositaria. En ellos encuentra una versión moderna y eficaz del púlpito. Gracias a ellos se puede hablar a las masas»(EN, 45).

Para lograr estos fines de penetración, la evangelización en las grandes urbes, debe cambiar el paradigma y la noción de la comunicación como un simple intercambio de información, y deberá asumirse, en consecuencia, un modelo centrado en la persona que perciba la comunicación como una alternativa de superación y entendimiento humano.

Desde esta perspectiva, comunicar se transforma en una verdadera pastoral profética, en un compromiso orientado a darle sentido a la vida en comunidad y en común unión. Esto permitiría el conocimiento y reconocimiento de sus valores, diferencias, dones y talentos. Evitando las hegemonías ideológicas, étnicas y demás mensajes, actitudes y acciones perjudiciales.

La voz de la comprensión y aceptación mutua, que no la de la tolerancia, debe predominar en la comunicación social en este tipo de pastoral, y dejar fluir toda una serie de mensajes positivos y plenos de justicia, de integración como una extensión de la caridad y la verdadera difusión del amor y la virtud cristiana.  Así como suelen llegar muchos otros mensajes con fines menos nobles, confirmando lo que ya Cristo advertía:»…pues los hijos de este mundo son más astutos para sus cosas que los hijos de la luz»(LC 6,8).

Entonces, la pastoral profética  en la urbe tiene una misión y un método que consiste en enseñar al comunicador católico a estar abierto a horizontes de diálogo y entendimiento, donde se trabaje permanentemente sobre la defensa de los derechos legítimos y la dignidad del hombre.

Por ello la Pastoral Urbana debe puntualizar las condiciones que llenen la transmisión -del mensaje evangélico- a través de los medios masivos.

Lo cual supone de antemano un «desafío», ya que debe llevar una verdadera capacidad para: «penetrar en las conciencias, para posarse en el corazón de cada hombre en particular, con todo lo que éste tiene de singular y personal, y con capacidad para suscitar en favor suyo una adhesión y un compromiso verda­deramente personales»(EN, 45»).

Es decir, el mensaje debe llegar al indi­viduo con el talento suficiente para crear conciencia, reflexión, revisión de vida, conversión y, finalmente, instalación en el corazón. Con permanencia y no como brisa pasajera que no deja más que aromas o sensa­ciones esporádicas y fugaces.

El mensaje deberá llegar con todo su vigor y eficacia para poner al hombre ante sus propias circunstancias, y que como resultado obtenga la respuesta de seguir un nuevo camino: el que lleva a Dios.

 DÍA DE PENTECOSTÉS, 2011

Pentecostés 3. Pentecostés y la Nueva Evangelización

Vivimos una época que nos confronta en varios sentidos. Por una parte, en la escala horizontal de la relación con los hombres y mujeres de nuestro tiempo que vivimos un creciente escepticismo y desesperanza y sus implicaciones prácticas.

Por otra parte, en nuestras relaciones verticales, es decir entre la humanidad y la divinidad, se dan signos ambiguos. Por una parte la vitalidad de la búsqueda de Dios, a veces a tientas (1 Co 13, 12) y torpemente. Allí se encuadran tanto la renovada y tenaz afirmación en la fe de muchos y muchas cristianos comprometidos radicalmente, como la vitalidad de la religiosidad popular, las sectas y también el new age. Tenemos  por otro lado un ruidoso, aunque pequeño número de «escépticos» y «ateos» que dicen haber probado lo que no se puede probar, enconchados en la pírrica confianza en el hombre carente de Dios, refugiados en la seguridad de lo presente por el miedo a lo eterno e inabarcable.

Es tiempo de una nueva evangelización. Es tiempo de una renovada inculturación. Ese es y será el tema de reflexión del próximo sínodo de los Obispos, del cual extraemos un párrafo para nuestra reflexión de Pentecostés.

«Lineamenta para el Sínodo de los obispos sobre la nueva Evangelización»:

No. 23 (conclusión): «Cronológicamente, la primera evangelización comenzó el día de Pentecostés, cuando los Apóstoles, reunidos todos juntos en el mismo lugar en oración con la Madre de Cristo, recibieron el Espíritu Santo. Aquella, que según las palabras del Arcángel, es la llena de gracia, se encuentra así en la vía de la predicación apostólica, y en todos los caminos en los cuales los sucesores de los Apóstoles se ha movido para anunciar el Evangelio.
Nueva evangelización no significa un nuevo Evangelio, porque «Jesucristo es el mismo, ayer, hoy y por los siglos» (Hb 13, 8). Nueva evangelización quiere decir: una respuesta adecuada a los signos de los tiempos, a las necesidades de los hombres y de los pueblos de hoy, a los nuevos escenarios que diseñan la cultura a través de la cual contamos nuestras identidades y buscamos el sentido de nuestras existencias. Nueva evangelización significa, por lo tanto, promover una cultura más profundamente enraizada en el Evangelio; quiere decir descubrir al hombre nuevo que existe en nosotros gracias al Espíritu que nos ha dado Jesucristo y el Padre. El camino de preparación a la próxima Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos y su celebración serán para la Iglesia como un nuevo Cenáculo, en el cual los sucesores de los Apóstoles, reunidos en oración junto a la Madre de Cristo con Aquella que ha sido invocada como Estrella de la Nueva Evangelización[84] preparan los caminos de la nueva evangelización».

Pentecostés 2. Ciberparroquia Extensión de la parroquia en el ciberespacio

La pastoral urbana exige ocupar otros espacios y hacerlos propios para la evangelización y la vida de fe.

Hay que distinguir primero, que la estructura de la Iglesia hasta el presente se basa principalmente en una división territorial en la cual las diócesis y las parroquias son los elementos de la estructura.

Apenas existen servicios de carácter personal, es decir, centrados en las personas. Un ejemplo es la Pastoral castrense que moviliza agentes de pastoral para antender al personal militar y acompañarlo en los sitios en los que les toque servir de manera que no falte a ellos una atención espiritual oportuna e integral.

Los vídeos de Vodpod ya no están disponibles.

La realidad de las parroquias urbanas, como la mayoría en la Ciudad de México y su zona conurbada, es que la mayoría de sus fieles se movilizan por la ciudad, con frecuencia largas distancias y por mucho tiempo, de manera tal que no están presentes en el entorno de su parroquia territorial y por lo tanto se complica mucho recibir una atención por parte de sus responsables pastorales.

Una respuesta a esta realidad es la extensión de las parroquias al ciberespacio. Es decir, mantener una puerta de servicios accesible a toda hora y en todo lugar para que los fieles puedan tener un vínculo con las mismas.

Si hablamos de una «ciberparroquia» no nos referimos a una disolución o relativización de la parroquia, sino a la idea y el compromiso de que la parroquia acompañe a sus fieles y esté presente con ellos. Para lograr ese objetivo valerse como herramienta, como alguna vez lo fue la introducción de los altoparlantes a los templos, ahora las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

El mensaje del amor de Dios no debe tener barreras ni de espacio, ni de distancia, ni de tiempo.

Ver por ejemplo: Parroquia Santo Domingo Savio (Bogotá)  http://www.psantodomingosavio.arquibogota.org.co

Parroquia Sagrado Corazón con Liturgia en vivo (Puerto Rico): http://psagradocorazon.org/ y ver sus archivos en http://www.ustream.tv/user/explorerpr/videos

Rezando Voy. Oración diaria vía pod 

La oración para hoy:

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La ciberparroquia y la pastoral urbana

El proyecto de investigación Retos pastorales de las urbanizaciones cerradas se propone desarrollar recomendaciones y métodos que faciliten la evangelización y la atención espiritual a los habitantes de estas modernas fortalezas. De manera general se buscan «estrategias de ubicuidad», o sea, aquellas consignas que estén orientadas a asegurar la presencia a pesar de las barreras físicas. Las nuevas tecnología de la información y los medios de comunicación fueron creados para asegurar la comunicación -el contacto y relación entre personas-. Una de las propuestas es desarrollar el concepto de «ciberparroquia» como el «alcance que tenga la atención espiritual a los feligreses de una comunidad.

La maestría en pastoral urbana y sus proyectos de investigación buscan dar respuesta a las necesidades de evangelización de nuestro tiempo. Esté pendiente.

Pedagogias Urbanas

Ideas destacadas del libro: Pedagogías urbanas.Borys Bustamante B. y Fernando Aranguren D.(Compiladores).

Editorial: Universidad Distrital Francisco José de Caldas,Facultad de Ciencias y Educación,Alcaldía Mayor de Bogotá D.C.

Si se mira el desarrollo histórico de la humanidad y se le liga a esa mirada la noción de progreso, entendido éste como resultado de los distintos esfuerzos del hombre por hacer cada vez más favorables en las condiciones que se realiza la vida, se encuentra entonces la idea de que en ese movimiento histórico hay una tendencia permanente a cambiar, a evolucionar, a hacer factible la conquista del progreso o la instauración de la civilización.

Nos encontramos entonces con un hecho central en el propósito que orienta ésta reflexión: la ciudad y, concretamente la cuestión urbana, aparecen como elementos constantes del movimiento histórico de la humanidad, y con el correr de los siglos de los siglos se convierten en factores determinantes para la organización estructural de la sociedad y la realización de la praxis humana y los diferentes sectores que ésta abarca para construir el horizonte de lo humano.

Como bien se sabe, el mundo moderno es, en principio, el fruto de una doble revolución: la revolución comercial, que rompe el cerco al que estaba sometida Europa; y la revolución urbana que acompaña a la anterior y que convierte a la ciudad en el punto neurálgico alrededor del cual, y durante los siglos, posteriores, se irá organizando toda la vida social, pasando por la economía y la producción material la institucionalización política y administrativa y el advenimiento de las costumbres y roles características de los ambientes urbanos.

La ciudad es entonces epicentro. Núcleo determinante y dinamizador del conjunto de factores que instituyes las sociedades modernas. Inseparable de la forma de ser y habitar el mundo, la ciudad moderna se convierte en el eje que articula las transformaciones materiales y da lugar a las más variadas formas de producción cultural.

Las ciudades de hoy, también llamadas metrópolis, cyberciudades, tecnópolis, etc… Pueden ser definidas como macroecositemas que integran en su estructura funcional.

Las ciudades son entes vivos , tienen carácter y fisionomía, se presentan con estilos, tamaños, colores, formas, tendencias, gustos y enfermedades como cualquier ser, porque son concebidas, hechas y usadas por seres vivos que la transforman según sus propios deseos y necesidades. Cada una tiene forma y contenido por diferentes segmentos de tamaño variable que el citadino apropia y le da sentido, según su propia cosmovisión, en últimas produce la escala sobre la cual la juzga, construye y participa. 

Las ciudades son también, algo siempre inacabado, en busca de una utópica perfección, porque la ciudad como escenario de vida lo es también de los sueños y de lo irrealizable en un esfuerzo continuo de nunca acabar. Como escenario de análisis y reflexión, son el origen de estudios, teorías y aseveraciones que, en su conjunto, no hacen otra cosa más que mostrar la verdadera imagen del hombre, su cara y su conciencia, pues una parte significativa de la historia universal se ha escrito desde y para las ciudades.

Pero como la ciudad y la urbanización son mucho más que lo señalado. La ciudad es una construcción social construida por sinergias que se producen entre los ciudadanos, las instituciones y los espacios culturales y que brindan la posibilidad de aprehender de la ciudad y, sobre todo, formar ciudadanía y construir sociedad.

Los espacios urbanos se contextualizan de muchas otras formas. En que parte es una realidad material, socialmente construida, que se habita y con la que es una realidad material, socialmente construida, que se habita y con laque se establece una relación sensual y simbólica. La ciudad es una representación imaginaria, una construcción simbólico discursiva, producto de la imaginación, y sobre todo del lenguaje. Se habita la ciudad en la intersección de nuestra experiencia sensual de la ciudad y nuestra ubicación en un mar de “representaciones” de la ciudad que circulan, las cuales conforman un ethos que media la vivencia de la ciudad. La experiencia cotidiana está mediada por tales narraciones las cuales se refuerzan o alteran como resultado de la vida cotidiana.

Las ciudades son un producto en parte involuntario e intencional, que dependen de políticas e intervenciones planificadas, pero son también, y en igual medida, el resultado no intencional o emergente de una infinidad de acciones cotidianas y estrategias   de vida de las poblaciones. Son espacios de encuentro y convergencia, pero son también espacios de anonimato, privacidades y autonomías, por lo menos parciales.

Ya sabemos cómo la ciudad se comunica con nosotros, ahora ¿Cómo nos comunicamos nosotros con la ciudad? Cuando, por ejemplo, conducimos, el respetar las señales permite que el ritmo de la ciudad sea más uniforme. Es decir, en muchas ocasiones, o no prestar atención a los mensajes de la ciudad, rompe la comunicación con ésta y modifica el ritmo con que la ciudad se mueve.

Si pensamos en el proceso de conocimiento el objeto juega un papel activo, y la ciudad en tanto objeto lo juega, y además vemos cómo hay una forma de diálogo con la ciudad, es decir, cómo la comunicación entre los individuos y la ciudad produce resultados que afectan la dinámica propia de cada uno, entonces ya no parece tan descabellado suponer que la ciudad puede ser entendida como un sujeto que interactúa con otro.

La ciudad aparece pues, como un sujeto comunicativo en tanto que, desde este campo, produce efectos sobre nosotros y viceversa. Pero ¿cómo interpretar una relación comunicativa?

En la ciudad se entablan múltiples relaciones y muy complejas como para suponer todas ellas llevan en sí mismas una intención definida. Muchas de las dinámicas comunicativas entre la ciudad-individuo conllevan actos perlocucionarios “no deseables”, por ejemplo el vandalismo, distintas manifestaciones de violencia, etc.

Entonces hablar de procesos educativos en la ciudad (por ejemplo, la cultura ciudadana), entendido por éstos una relación bidireccional donde individuo y ciudad se constituyen recíprocamente a través de formas comunicativas, sería necesario enfatizar que la ciudad propende por una educación integral para alcanzar buenos ciudadanos, no obstante esto pueda implicar formas o manifestaciones de conductas antisociales, o anticiudadanas, lo que no invalida la propuesta, por el contrario, obliga a explotar alternativas capaces de neutralizar esas fuerzas negativas. Y en esto se centra, en alto grado, el objetivo primordial de las prácticas educativas y pedagógicas con las cuales se adelantan las iniciativas de construcción de ciudadanía que actualmente se impulsan en la capital. De esta manera se tratan de superar tanto las deficiencias d cobertura de la matrícula escolar, así como otras inequidades de tipo social en una ciudad en vías de desarrollo.

La vocación educadora de nuestra ciudad requiere un continuo apoyo desde diversos sectores sociales y culturales para poder cristalizar sus políticas públicas de educación en los escenarios urbanos. Como es obvio, una de las instituciones llamadas a jugar un papel preponderante en esta perspectiva es la escuela, entendida como comunidad no sólo académica sino también social, estrechamente vinculada al ámbito local y proyectada hacia la estructura social en el sentido más amplio posible.

Economía urbana en la MPU

La Dra. Mary Williams es profesora de «Economía Urbana» en la Maestría en Pastoral Urbana. Egresada del University College de Londres llegó a México para formarse e integrarse al equipo de Estudios Urbanos de la Universidad Autónoma Metropolitana (Azcapotzalco).

Ha colaborado desde 2007 como docente en la Maestría de Pastoral Urbana. Se ha especializado en los estudios de la informalidad como característica de la economía de sobrevivencia de los habitantes de la ciudad, en ese sentido, ofrece un enfoque antropocéntrico muy importante para entender uno de los factores más influyentes para la vida en la ciudad.

El «Libro Anual del ISEE» publicó en 2008 el artículo The informal sector and us:

A continuación la introducción:

En medio siglo el concepto de desarrollo humano ha llegado a ser conocido en todo el mundo. A veces fue entendido simplemente como sinónimo de pobreza y estrategias de sobreviviencia familiar, pero se usa principalmente este concepto para describir una serie de relaciones y contextos asociados con la inseguridad en el empleo, incertidumbre económica e irregularidades en muchas esferas sociales, políticas y legales.

A diferencia de la mayoría de los conceptos desarrollados por los profesionales de las políticas, el sector informal ha sido adoptado por expertos de la economía y el desarrollo, organismos internacionales, gobiernos, organizaciones políticas, académicos y, lo más important, por el público. Ha sido desarrollado y usado por la Organización Internacional del trabajo casi desde su inicio. Ha sido incorporado al análisis de los procesos de desarrollo particularmente en América Latina. Este amplio rango de usuarios probablemente hace de la «informalidad» uno de los términos más usados comunmente desde su invención. Tal vez ganó un lugar en el «top 100».

Esta fama necesida ser explicada, especialmente con 50 años de investigaciones y críticas de sentido común que han descrito este concepto como algo confuso, contradictorio y sin sentido.

El objetivo de este artículo es describir la polémica que rodea el concepto de sector informal, que necesariamente significa que su delineado ha cambiado a lo largo del tiempo…

Adentrarse en el estudio de los factores reales en los que habitan las personas es una perspectiva indispensable si se quiere mirar como Jesucristo lo hizo, a las personas en sus necesidades. Desde luego, él miraba en la totalidad, nosotros vamos aportando elementos para la comprensión en un ver, para iluminar y comprometer la acción pastoral.

Entre sus trabajos publicados está el capítulo : WILLIAMS, Mary (1997), «Cambios en la estructura y ubicación de las actividades económicas del AMCM, 1970-1988», en: Coulomb, R, y Duhau, E. (coords.); Dinámica Urbana y Procesos Socio-Políticos, OCIM, México, pp. 71-100.